CINCO AÑOS DE LA DERROTA DE LA BANDA TERRORISTA

ETA agoniza aislada socialmente y con apenas una veintena de terroristas y unos 80 huidos

No se espera un anuncio de disolución porque sería admitir su fracaso, pero su final es irreversible

Los etarras, anuncian el final del terrorismo sin condiciones - EFE

«ETA cabe en un microbús». La frase del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz describe bien la actual situación de la banda, solo cinco años después de su derrota reconocida implícitamente en el comunicado de «cese definitivo de la violencia» del 20 de octubre de 2011. Con apenas una veintena de terroristas activos, unos 80 huídos con causas pendientes que además caen poco a poco en manos de las Fuerzas de Seguridad y más aislada socialmente que nunca, la organización agoniza de forma irreversible, sin ni siquiera poder jugar el papel de «actor político» que reivindicaba.

No se espera un comunicado de disolución de ETA, porque sería admitir su fracaso total; pero tampoco es algo que preocupe especialmente a los responsables de la lucha antiterrorista, que saben que morirá de inanición y por los golpes policiales como el de esta semana, en la que la Guardia Civil y la DGSI francesa localizaron un zulo estratégico con 145 armas procedentes del robo de Vauvert, el mayor decomiso de este tipo de la última década. La banda está condenada al basurero de la historia. Un recorrido por estos cinco años así lo demuestra.

La caída de la cúpula

El 22 de septiembre de 2015el Servicio de Información de la Guardia Civil y la DGSI francesa detenían en un chalé de Saint-Étienne-de-Baigorry, cerca de Navarra, a David Pla e Iratxe Sorzábal, los dos máximos dirigentes de la banda. Habían acudido a la casa a preparar su la estrategia de cara a las elecciones generales de diciembre. Les acompañaba Ramón Sagarzazu, «Ramontxu», un veterano terrorista que participó en la preparación de planes para negociar con el Gobierno. El golpe fue de tal magnitud que la Benemérita bautizó la operación como «Pardines», el guardia civil asesinado por la banda el 7 de junio de 1968. Era prácticamente el certificado de defunción de la organización. «Fue decisivo porque se rompía la continuidad del mando y se sabía que ETA iba a tener muchas dificultades en encontrar un sucesor, que en ningún caso tendría su mismo ascendiente y le sería complicado hacerse con el control de todo el entramado», explican las fuentes antiterroristas consultadas por ABC. Así fue, porque quien parece haber asumido el mando –ABC adelantó en su momento que era Mikel Irastorza–, no tiene, ni de lejos, su prestigio. Este individuo fue en su día portavoz del Foro de Debate Nacional impulsado por Eusko Alkartasuna y Batasuna, lo que le da en el mundo proetarra un cierto barniz de preparación. Pero no tiene experiencia terrorista ni, en consecuencia, respeto de los duros. «La de ahora es un dirección muy pequeña, tienen mucha menos gente y se han visto obligados a unificar distintas áreas por los golpes recibidos».

La logística, en mínimos

La primera gran operación de esta etapa al entonces «aparato logístico-militar» fue la detención, el 28 de octubre de 2012, deIzascun Lesaca, su jefa, y de su lugarteniente Joseba Iturbide a 70 kilómetros de Lyon. Es una «dura» y desde entonces ese aparato, estratégico para ETA, comenzó un declive imparable. «Es como el caso de Pla y Sorzábal; se rompió la continuidad del mando y el relevo era inexperto y cometió fallos», dicen las fuentes. Prueba de ello son los tres últimos golpes recibidos, esta vez por la llamada estruuctura «técnico-logística», de cuya existencia informó la banda el 20 de julio de 2014. Su misión, el sellado de los depósitos de armas y el reforzamiento de su aparato político. Pues bien, el 28 de mayo de 2015 se intervinieron en un chalé de Biarritz 26 armas cortas, munición y material explosivo, entre otros efectos, además de detenerse a dos «legales» que custodiaban el arsenal. El sucesor de Lesaca, Xabier Goyenechea, cayó el 7 de julio de 2015 junto a Joseba Iñaki Reta de Frutos. Goyenechea participó en un robo en Francia en el que murió un policía galo. Y el tercer golpe mortal fue el del pasado miércoles, cuando tras delicada investigación, aún abierta, se detectó el zulo estratégico con las 145 pistolas y revólveres procedentes de Vauvert. «Es difícil saber qué les queda, pero es muy posible que el explosivo que tengan esté ya deteriorado», dicen las fuentes. Lo importante es que de nuevo se ha quitado a ETA una de sus últimas bazas en su sueño im,posible de negociar una entrega de armas por mejoras para sus presos, como el final de la dispersión, la libertad de quienes estén en la fase final de su condena y los enfermos, y que los huídos puedan volver sin tener que enfrentarse a la Justicia. Hay otro efecto, también notable: la desaparición de la escena de los «verificadores o mediadores internacionales», ya sin papel alguno que jugar.

Financiación

La financiación de la banda es hoy un misterio. «Aunque sean muy pocos, y tengan algún dinero de la época anterior, por fuerza tienen que necesitar una vía de financiación», dicen las fuentes consultadas. «Es verdad que puede haber quien, a título particular, los ayude, y puedan salir del paso, pero puede haber canales que no se han detectado. Es una de las incógnitas que quedan por desvelar».

El frente penitenciario

Los presos siempre han sido uno de los quebraderos de cabeza de ETA, que necesitan de su unidad para poder aparentar firmeza. Sin embargo, poco a poco el colectivo se va fracturando, especialmente por aquellos que pensaban que el final del terrorismo anunciado el 20 de octubre de 2011 se iba a traducir, tarde o temprano, en mejoras de su situación. El Gobierno se ha mantenido firme. Para eso suceda solo hay dos caminos; o el recluso, de forma particular, renuncia a su pertenencia a la banda, pide perdón por el daño causado y colabora con la Justicia para resolver los crímenes no resueltos, o la organización hace pública su disolución, entrega las armas y aquellos que tengan delitos pendientes asumen las consecuencias en los tribunales. Todavía hay un grupo, no menor, de irreductibles, algunos de ellos con claro perfil psicopático. Pero en el resto se nota el hartazgo, aumentado por líderes batasunos como Pernando Barrena, que en abril de este año animaba a los internos a «aceptar la legalidad penitenciaria». Para aquellos que llevan muchos años entre rejas, el mensaje fue demoledor.

Lucha contra la banda

Las Fuerzas de Seguridad se centran en tres direcciones: detener a todos los etarras aún el libertad, recuperar todas las armas si la banda no las entrega y resolver todos los atentados que aún están impunes. «Es nuestra obligación legal, pero también moral para con las más de 800 víctimas de ETA», dicen las fuentes consultadas. En los tres vectores hay avances importantes. Desde 2011, entre el Servicio de Información de la Guardia Civil y la Comisaría General de Información de la Policía se ha detenido a 163 etarras en España y otros países. Y en cuanto a atentados resueltos, policialmente superan la veintena y ya hay varias condenas judiciales.

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