Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una reunión en el Congreso en junio del pasado año
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una reunión en el Congreso en junio del pasado año - JAIME GARCÍA

El CIS apunta a que la batalla por la izquierda no está cerrada

Podemos y PSOE eligen a Ciudadanos como adversario en su carrera por liderar la izquierda

MadridActualizado:

Pedro Sánchez retornó a Ferraz con una estrategia muy clara: lo primero era dar la vuelta a la hemorragia de votos hacia Podemos. Muy pronto, tras las primeras encuestas tras su reelección, el PSOE dio por cumplida esa misión. A día de hoy lo siguen manteniendo, pero los datos son tozudos. La distancia entre ambos se vuelve a estrechar. Y el auge de Albert Rivera les ha obligado a cambiar el foco.

La izquierda ha entrado en una suerte de batalla infinita, pero en el que ambos han encontrado en Ciudadanos un enemigo común al que combatir. Algo en lo que esperan encontrar mayor rédito que golpeándose entre ellos.

Ayer mismo, el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, insistía en ese argumento de que los socialistas son la única alternativa ante una derecha, representada por PP y Ciudadanos, a la que reconocen muy movilizada. El propio Sánchez dejaba clara su posición siguiendo este patrón: «Frente a una derecha fraccionada, el PSOE es la única alternativa que puede activar el voto progresista para ganar al bloque conservador».

En su valoración del CIS Ábalos habló de un triple empate entre PP, Ciudadanos y PSOE porque «los tres partidos estamos dentro del margen de error de la encuesta», llegando a apuntar que «solo a partir de una diferencia de tres puntos se puede hablar de distanciamiento». Pero ese argumento de los socialistas para quitar dramatismo a verse superados por PP y Ciudadanos, se vuelve en su contra en su intento de presentar que la batalla de la izquierda está superada, con Podemos en posición gregaria respecto de los socialistas.

Lo cierto es que la distancia entre las dos fuerzas de izquierda se ha reducido por debajo de esos niveles que el propio partido considera suficientes para hablar de distanciamiento. En el barómetro del mes de abril la distancia entre ambos se reduce a 2,4 puntos, cuando en enero era de 4,1 puntos. En octubre esa ventaja era de 5,7 puntos. Una realidad que los socialistas se vieron obligados a reconocer parcialmente. Ábalos reconoció que Podemos «aguanta» en esa posición, y lo que resultó sumamente llamativo, asegurando que al PSOE «no le interesa combatir» esa posición. El rival es otro.

En el PSOE han entendido desde hace tiempo que la gran batalla es con Ciudadanos y con la abstención. Y están convencidos de que si erosionan a Rivera movilizan gran parte de ese electorado que todavía no tiene clara su papeleta y eso le distanciará definitivamente de Podemos a la vez que cortará el ascenso de Albert Rivera. Lo cierto es que atendiendo a las variables de transferencia de voto, Ciudadanos sigue siendo una amenaza para ambos. De quienes declaran haber votado al PSOE en 2016 un 7,5% dicen que optarán ahora por Ciudadanos y un 18,2% declara que no sabe todavía qué hará. En cambio, la pérdida de voto hacia Unidos Podemos se ha limitado al 1,9%.

Tras la reelección de Pedro Sánchez en Ferraz, Unidos Podemos empezó a perder voto hacia el PSOE. Esa dinámica se mantiene, aunque tiende a la baja. Su gran muro sigue siendo la abstención. Un 21,9% de los que votaron en 2016 no saben todavía qué hacer. Hacia Ciudadanos, pese a la distancia ideológica, la formación de Iglesias estaría perdiendo voto: un 3,7% de los que votaron a Unidos Podemos, un 1,6% de los que votaron a En Comù Podem, un 4,2% de los que lo hicieron por Compromís y un 12,5% de los que lo hicieron por En Marea.

Vuelta al eje «bipartidismo-nueva política»

Los de Iglesias también se han visto obligados a reformular su estrategia y a cambiar el foco de sus ataques. Tras el desplome que Podemos experimentó en las encuestas a finales del pasado año –con la crisis catalana monopolizando la actividad y el discurso políticos– la formación ha ido remontando, poco a poco, en los barómetros de enero y de abril, acercándose de esta manera al PSOE. La relación con los socialistas pasó de la mano tendida al sanchismo tras su victoria en las primarias socialistas al ataque más frontal por su posición de apoyo al Gobierno respecto al tema catalán. Si en el verano del pasado año consideraban a Sánchez un socio en potencia, en octubre formaba parte de una «triple alianza» junto al PP y Ciudadanos por apoyar «la estrategia del porrazo».

Sin embargo, toda vez pasada la tormenta catalana, Podemos recuperó parte de esa «mano tendida» hacia el PSOE, aunque sin bajar las espadas y cargando sobre Sánchez la permanencia de Rajoy en el Gobierno por no apoyar una moción de censura. Ahora el discurso es otro. Si el PSOE ha optado por negar una batalla en la izquierda porque la consideran ganada, en Podemos han vuelto a un eje bipartidismo-nueva política que le permite atacar a los socialistas por representar «lo viejo» a la par que cargan contra Ciudadanos desde un eje más ideológico, conscientes de que necesitan recuperar el voto de ambas partes.

Preguntada por la caída del PSOE en el último barómetro, la portavoz de la formación en el Congreso, Irene Montero, achacó la situación a una «crisis del bipartidismo consolidada y que ya no tiene marcha atrás». En este contexto, Montero explicó que solo hay dos alternativas: el modelo de Podemos –«defensa de los derechos y de los cuidados»– o el de Ciudadanos –«sálvese quien pueda»–. De esta manera, situaba a los socialistas –como ya hiciera Pablo Iglesias en los orígenes de Podemos– en el mismo eje que el PP (bipartidismo), a la par que dibujaba un marco en el que su principal adversario ideológico –por sus diferencias de proyecto político– es Ciudadanos.