Pablo MuñozSeguir

Apariencias Pablo Muñoz

Las mejores investigaciones son las que se hacen sin apriorismos, aquellas en las que sus responsables no se fían de las apariencias y esperan a atar cabos antes de decantarse por alguna hipótesis. Es lo que ha sucedido con la del cuádruple crimen de Pioz. Mientras muchos medios y todo tipo de expertos lanzaban hipótesis tenebrosas sobre supuestos sicarios sanguinarios, actuaciones de mafias crueles ligadas al narcotráfico, torturas o no se sabe bien qué tipo de siniestro aviso a navegantes, los encargados del caso -Policía Judicial de la Comandancia de Guadalajara, Criminalística de la Guardia Civil y Unidad Central Operativa de este Cuerpo- avanzaban rápido en la resolución del suceso por líneas de trabajo absolutamente ajenas a las anteriores.

Entre medias, sin embargo, se había jugado con el honor y buen nombre de las víctimas, a las que se ligó sin pudor ni comprobación alguna con bandas de crimen organizado. Poco importó que desde las primeras horas se supiera que no tenían antecedentes de ningún tipo, que el cabeza de familia había viajado a España simplemente a ganarse la vida o que nadie los involucrara en actividades ilícitas de ningún tipo. Hasta se puso en cuestión que el asesino hubiese actuado en el chalé...

No es la primera vez que tras los casos más terribles se esconden los móviles más simples. Ojalá que sea la última en que se eche a volar la imaginación sin base cierta.

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