Don Juan de Borbón cede sus derechos dinásticos en favor del Rey Don Juan Carlos I
Don Juan de Borbón cede sus derechos dinásticos en favor del Rey Don Juan Carlos I - ABC

40 años de la renuncia de Don Juan. El mayor gesto de generosidad tras una vida en el exilio

El Conde de Barcelona esperó a que se convocaran las primeras elecciones democráticas para renunciar a sus derechos

MadridActualizado:

A las dos menos veinte de esta tarde se cumplen cuarenta años de uno de los grandes gestos de generosidad de la historia reciente de España. El jefe de la Casa Real durante 36 años, Don Juan de Borbón, que había pasado más de cuatro décadas de su vida en el exilio, regresaba a España para renunciar a los derechos dinásticos que había heredado de su padre, Alfonso XIII, en favor de su hijo, Don Juan Carlos.

Tras hacer una profunda inclinación de cabeza, acompañada de un sonoro y marcial taconazo, el Conde de Barcelonaterminaba su discurso de renuncia con estas palabras entrecortadas por la emoción: «Majestad, por España, todo por España ¡Viva España! ¡Viva el Rey!»

Don Juan había ensayado los cuatro folios de su discurso una y otra vez ante el conde de los Gaitanes y su familia, pero no pudo evitar que le temblara la voz cuando llegó la hora de la verdad. A pesar de la enorme trascendencia histórica de su renuncia, que aportaba la necesaria legitimidad dinástica al reinado de Don Juan Carlos, el acto apenas duró quince minutos y se celebró en una sencilla ceremonia íntima en el Palacio de La Zarzuela en la que el ministro de Justicia, Landelino Lavilla, intervino como Notario Mayor del Reino para levantar acta formal de la decisión.

El momento elegido

Cuando Don Juan renunció, hacía año y medio que la Monarquía había sido restaurada en España, tras la muerte de Francisco Franco, pero él quiso esperar hasta ese momento para ceder a su hijo sus derechos históricos. Fue entonces cuando consideró que la Monarquía estaba consolidada en la persona de su heredero y que el país había entrado en la senda de la democracia, condición que él siempre creyó indispensable para la vuelta de la Dinastía tras el franquismo.

De hecho, dos meses antes, el 18 de marzo, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, había convocado las primeras elecciones generales de una democracia que estaba a punto de nacer. Y un mes antes, el 9 de abril, se había legalizado el Partido Comunista. En aquel momento, España afrontaba con una mezcla de esperanza y temor su primera cita con las urnas, que se celebraría el 15 de junio.

Un niño de nueve años

A la ceremonia, casi familiar, asistieron la Condesa de Barcelona, Doña María de las Mercedes; sus tres hijos, Don Juan Carlos, Doña Pilar y Doña Margarita, con sus cónyuges, y sus nietos. Entre ellos, un niño de nueve años que con el tiempo se convertiría en el Rey de España y valoraría el gesto de su abuelo. «Fue una renuncia y un sacrificio muy de agradecer», comentó Don Felipe años después, cuando fue consciente de la trascendencia de aquella decisión. «Don Juan se hizo cargo de la situación y de lo que era más conveniente para los intereses de España. Estoy seguro de que aquella decisión magnánima nos ha marcado a todos en la familia», agregó.

Don Juan y Doña María habían viajado esa misma mañana en avión desde Lisboa al aeropuerto de Barajas, donde les esperaban Don Juan Carlos y Doña Sofía, y los cuatro tomaron un helicóptero hasta el Palacio de La Zarzuela. Todo estaba listo para que diera comienzo la ceremonia.

Cuando Don Juan tomó la palabra, recordó cómo su padre le inculcó desde niño «el amor inmenso a España» y rememoró el día que Alfonso XIII abdicó en su favor, mes y medio antes de morir, y el último mandato que recibió de él justo antes de expirar el 28 de febrero de 1941: «Majestad, sobre todo, España». También relató cómo durante 36 años se había mantenido fiel a los principios de una Monarquía en la que el Rey tenía «que serlo para todos los españoles» y terminó con la presentación formal de su renuncia: «Ofrezco a mi patria la renuncia de los derechos históricos de la Monarquía española, sus títulos, privilegios y la jefatura de la familia y Casa Real de España, que recibí de mi padre, el Rey Alfonso XIII, deseando conservar para mí, y usar como hasta ahora, el título de Conde de Barcelona. En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre, el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero, el Rey Don Juan Carlos I».

Mandato cumplido

Tras el saludo, el taconazo marcial, los vivas y el abrazo entrañable entre padre e hijo, Don Juan Carlos respondió, también emocionado, a la renuncia de Don Juan. «Señor, el mandato de Su Majestad el Rey Alfonso XIII, "sobre todo, España", creo que ha sido cumplido», le dijo.

Don Juan Carlos también quiso recordar en ese momento los sacrificios que padre e hijo habían tenido que asumir para restaurar la Monarquía en España en unas circunstancias especialmente complicadas, en las que hubo que saltar un eslabón de la cadena dinástica: «El pueblo español, con su fina sensibilidad, ha percibido claramente los grandes sacrificios que hemos tenido que afrontar», dijo Don Juan Carlos y agregó: «Siento la íntima satisfacción de pertenecer a nuestra dinastía».

Después, el Rey terminó sus palabras con un homenaje de gratitud a su padre: «En estos momentos de indudable trascendencia para España y para nuestra familia y al recibir de tus manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial unido al respeto profundo que siempre te he profesado, al comprender desde niño que, sobre todo y por encima de todo, tú no has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español».

En aquella sencilla ceremonia de apenas quince minutos de duración, estuvieron presentes las tres grandes renuncias de los tres últimos jefes de la Dinastía: la renuncia de Alfonso XIII, que abandonó España rumbo al exilio en un intento desesperado por evitar un enfrentamiento civil. La de Don Juan, que pasó más de la mitad de su vida en el destierro tratando de mantener viva la llama de la reconciliación de los españoles, aunque esa labor le dificultara cada vez más la posibilidad de regresar a España, gobernada en aquellos años por Francisco Franco. Y la renuncia de Don Juan Carlos, sometido desde niño a sacrificios, presiones y soledad con la meta de restaurar la Monarquía. Cada uno a su manera había dado cumplimiento al mandato de la Dinastía: «Por España, todo por España».

Legitimidad dinástica

La renuncia de Don Juan fue valorada positivamente desde todos los sectores políticos en aquel momento, pero con el paso del tiempo fue adquiriendo grandeza y, cuarenta años después, se valora como la gran aportación del Conde de Barcelona a la Transición, un proceso que sólo fue posible gracias a la suma de muchos gestos de generosidad, como éste. En aquellos momentos, aún no estaba aprobada la Constitución de 1978 y aquella renuncia otorgó al Reinado de Don Juan Carlos la legitimidad histórica, como heredero de la Dinastía. De hecho, cuando Don Juan Carlos anunció su deseo de abdicar en junio de 2014, aludió a este momento: «Fiel al anhelo político de mi padre, el Conde de Barcelona, de quien heredé el legado histórico de la Monarquía española, he querido ser Rey de todos los españoles».