España

40 años de la Ley para la Reforma Política: el día que el franquismo votó por la reconciliación nacional

El 85% de los procuradores votaron «sí» a la demolición del franquismo

Adolfo Suárez junto a TOrcuato Fernández-Miranda
Adolfo Suárez junto a TOrcuato Fernández-Miranda - ABC

De los múltiples aplausos que resonaron en el hemiciclo de las Cortes al anochecer del 18 de noviembre de 1976 hay uno especialmente simbólico. No es el que la inmensa mayoría de los procuradores dedican al Gobierno, ni el que todos los ministros sin excepción devuelve a los procuradores. Es el aplauso que el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, dedica al presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda, segundos después de pronunciar la frase que llevaba muchos meses esperando:

-El proyecto de ley ha sido aprobado. Se levanta la sesión.

Todas las miradas se centran en el presidente del Gobierno, también las cámaras de Televisión Española. Trece millones de españoles le ven cerrar los ojos y reclinarse sobre el escaño azul en gesto de alivio: la reforma política ha salido adelante. Tras ese primer gesto, Suárez se levanta y se suma al aplauso. Entretanto, el presidente de las Cortes, se pone de pie y recoge sus papeles, no sin que se le escape una leve sonrisa. En ese instante, Adolfo Suárez se gira y dedica un efusivo aplauso al presidente de la Cámara, mientras asiente reptidamente con la cabeza. En los últimos meses ambos han trabajado en perfecta coordinación para sacar adelante un proceso político

El triángulo formado por el Rey, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez acaba de superar el hito más importante en el camino hacia la democracia, la eliminación de facto y legalmente de todo el andamiaje jurídico del franquismo y la convocatoria de elecciones libres. Y lo más importante: lo ha hecho con el voto afirmativo del 85 por ciento de los procuradores de las Cortes de Franco. Casi cuatro décadas después del final de la Guerra Civil, España se dispone a afrontar la reconciliación nacional.

El Pleno de la Reforma duró tres días y no estuvo exento de dificultades. El presidente de las Cortes había seleccionado cuidadosamente al equipo encargado de defenderla: primero, nadie que haya hecho la Guerra; segundo, una señora, Belén Landaburu; tercero, un grande de España, Miguel Primo de Rivera; cuarto, un sindicalista, Noel Zapico; quinto, un representante insular, Lorenzo Olarte; y, por último, alguien de su más absoluta confianza: Fernando Suárez. Dicho de otro modo, la grandeza, junto con la familia, el sindicato y el municipio, los tres caminos de representacion diseñados por Franco. Todo está pensando para facilitar la inmensa labor de persuasión que supone convencer a los procuradores. En los meses previos, el equipo de Fernández-Miranda en las Cortes y el de Suárez en el Gobierno han hablado con todos los procuradores, un total de 540.

No obstante, cuando empieza la primera sesión del pleno nadie tiene la garantía de que el proyecto vaya a recibir el respaldo necesario: 3/5 de la Cámara, lo que supone el voto afirmativo de 332 de los 497 procuradores presentes en la Cámara.

El debate comienza fuerte, pues dos enmiendas a la totalidad pretenden frenarla en seco: Blas Piñar, que califica el proyecto de «ruptura», y José María Fernández de la Vega, que arremete contra la otra España al calificarla de «misérrima oposición». Es Fernando Suárez quien responde:

-Hemos pensado siempre, y no desde hace unos meses, que los orígenes dramáticos del actual estado estaban abocados desde sus momentos germinales a alumbrar una situación definitiva de concordia nacional, una situación en la que no vuelvan a dividirnos las interpretaciones de nuestro pasado, en la que no sea posible que un español llame misérrima oposición a quienes no piensan como él.

Superadas las enmiendas a la totalidad, el Pleno afronta el repaso al articulado. Todo transcurre con normalidad hasta que Cruz Martínez Esteruelas, representante de la Alianza Popular de Manuel Fraga (que no es procurador), anuncia que su grupo no lo apoyará con el actual planteamiento de ley electoral. AP quiere un sistema mayoritario, frente al proporcional previsto en el proyecto de ley.

- O queremos pocos, pero fuertes grupos políticos, o queremos muchos y débiles partidos impotentes para hacer marchar la nación hacia delante.

Hay que negociar

El duelo planteado por Esteruelas obliga a negociar. Nadie sabe con exactitud cuántos procuradores conforman AP, pero su fortaleza pone en riesgo la votación. Tras una dura negociación se llega a un punto intermedio: el sistema seguirá siendo proporcional, pero se establecerán mecanismos correctores. Sin embargo, eso no lo resuelve todo, pues más allá de las Cortes, hay una oposición fuera que debe aceptar la nueva redacción de la ley.

El presidente de las Cortes, el del Gobierno, tres ministros y los cinco ponentes están reunidos en el despacho del primero:

-¿Y cómo conseguimos que lo acepte la oposición? -pregunta Suárez.

-Yo creo -responde Torcuato dirigiéndose al ministro Alfonso Osorio-, que debes contactar con los socialistas.

Acto seguido, Osorio telefonea a Carlos Ollero, autor de un documento firmado por los partidos de la oposición democrática con sus condiciones para apoyar la reforma política. Osorio le lee el nuevo artículo varias veces y Ollero le da el visto bueno.

-Pero hombre, consúltalo con Felipe…(González ) -responde Osorio.

-No, si no lo necesito, ¡si está aquí!

El acuerdo, pues, se plasma con el consentimiento de la oposición democrática, que además revela excelentes intenciones para el pacto y para la reforma democrática.

El resultado de la votación es abrumador a favor de la reforma. El equipo formado por los presidentes de las Cortes y del Gobierno ha funcionado como un reloj. Cuando Don Juan Carlos aún no ha cumplido un año como Rey, España y los españoles se disponen a transitar el camino de la libertad.

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