Elecciones

Íñigo Urkullu, la calma que llegó tras Ibarretxe

El candidato del PNV, que se enfrenta a su reelección como lendakari, es un político pragmático, dialogante y gris

Vídeo: Urkullu: «El 25S no queremos reproducir el desaguisado del Estado español» - ATLAS

Un hombre de la casa para calmar las aguas del nacionalismo vasco, revueltas tras el plan de Juan José Ibarretxe. Íñigo Urkullu tomó las riendas del partido alfa del País Vasco en 2008, dos años después del fracaso del proyecto soberanista de Ibarretxe, y con él volvió el PNV más moderado, el autonomista de José Antonio Ardanza.

Nacido en Alonsotegui (Vizcaya) el 18 de septiembre de 1961, Urkullu se enfrenta a la reelección como lendakari, cargo que ocupa desde diciembre de 2013, después del primer gobierno vasco no nacionalista. Ahora, es el favorito en las encuestas para imponerse como vencedor el 25 de septiembre, pero con una novedad marcada por los tiempos políticos que corren: el PNV tendrá que pactar.

Forjado en la cantera del partido (lleva en el PNV desde los 16 años), ha llegado desde abajo: fue el máximo representante de las juventudes del PNV, parlamentario vasco, presidente del Euskadi Buru Batzar, y finalmente, presidente del Gobierno vasco. Político dialogante y pragmático: no se aferra a sus ideales si la realidad se impone, aunque no deja de ser un ferviente nacionalista vasco.

Carlos Barrera, profesor de medios de comunicación y política de la España reciente de la Universidad de Navarra, apunta dos razones que explican ese carácter pragmático, un rasgo que todo el mundo atribuye al político vasco. Lo justifica por el contraste con su predecesor, Ibarretxe, mucho más desafiante y batallador; y por la legislatura revuelta que hemos dejado atrás. «Se ha adaptado a la situación económica de España, no ha querido echar más leña al fuego y ha puesto el foco en la economía y no en las cuestiones identitarias», resume por teléfono el profesor de la UNAV.

Mantiene esa actitud. Así se ha pronunciado recientemente en una entrevista en Radio Nacional, en la que afirmó que no cree en la «vía unilateral» hacia la independencia como la hoja de ruta catalana. Apostó por un acuerdo vasco «entre diferentes».

Urkullu, en un acto electoral del PNV
Urkullu, en un acto electoral del PNV- EFE

Un reverso del pragmatismo. Un rival político le describe como un conversador opaco: «No sabes muy bien en qué has quedado con él». «Después de media hora explicándote por qué no, te ibas sin saber la razón», comenta. Carrera profundiza en esa idea: «No es capaz o no quiere translucir fácilmente cuáles son sus sentimientos o posiciones». «Eso puede ser una virtud o un defecto».

Varias personas mencionan la palabra «gris» cuando tratan de definirle. El profesor de la Universidad de Navarra razona que Urkullu no tiene «una personalidad arrolladora, un carisma fuerte». Sin embargo, Carrera considera que ese «liderazgo gris» ha sido el adecuado para los tiempos revueltos que le han tocado protagonizar.

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