LA GALICIA DE HOY | AGRICULTURA Y PESCA (III)

El sector primario resiste el envite de la crisis y busca un futuro en la innovación

Las capturas y el valor de los productos en lonja tiran de un sector que vivió la recesión. El lácteo, conflicto a resolver

Actividades como la acuicultura deben ser desarrolladas en años venideros

Las tractoradas bloquearon las principales ciudades gallegas durante el pasado verano
Las tractoradas bloquearon las principales ciudades gallegas durante el pasado verano - M. MUÑIZ
DARÍO DOMÍNGUEZ - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en:

El sector primario ha formado parte históricamente de la sociedad gallega de un modo casi identitario debido a su importancia en el desarrollo de las zonas rurales y la contribución a las economías familiares de estos entornos, ya fuera como sustento principal de los hogares e como complemento a la actividad para llenar las despensas y conseguir una vía de ingresos extra. Con el paso de las décadas, hasta hoy, el peso de ganadería, agricultura, pesca y silvicultura sobre el PIB se colocó en Galicia sobre la media de los países del entorno, siempre por encima del 4%.

Los efectos de una crisis devastadora también hicieron mella en unos polos de actividad en los que todavía pesaban los métodos tradicionales y unos índices de competitividad manifiestamente mejorables. Así, la producción y el valor de la misma también se contrajo durante los años más profundos de la recesión, para comenzar a ver la luz en los últimos ejercicios y que en actualidad ronda el 4,1%. Por su parte, el sector secundario relacionado con estas actividades (industria agroalimentaria, principalmente) representa un 2% de la economía regional, y si a ambos sectores se le agrega la industria forestal (que supone un 0,7%), el porcentaje total del medio rural y el mar roza el 7% del PIB autonómico.

El repunte de los sectores productivos relacionados con el medio marino y agrícola se ha observado notoriamente en las lonjas de la Comunidad. Después de que el volumen de capturas descendiese nada menos que 20 millones de kilogramos desde 2009 a 2012, los desembarcos en los puertos gallegos se han recuperado hasta volver a superar los 180 millones de kilos al cierre del año pasado. Lo que crece imparable es el valor de las capturas, que en 2015 sumaron en la primera venta (la que se efectúa en el mismo muelle) los 458 millones de euros, una facturación casi un 6% más a la que se había conseguido en 2014. Más llamativos son todavía los guarismos de lo que representa el marisqueo, donde el incremento del valor de venta en el último año fue de un 14%, unos datos que hablan en positivo de la calidad de los productos que marineros y mariscadores colocan en el mercado, y sobre la buena disposición con la que este los absorbe.

También en el mar Galicia ha mostrado su pujanza, uno de los ámbitos hacia los que parece encaminarse el futuro de las actividades marítimas. Entre los «brotes verdes» de los últimos años ha destacado la producción acuícola en la Comunidad, que ha dado un salto cuantitativo y cualitativo desde 2012, tanto en volumen como en valor de la producción. Si entre 2009 y 2012 el crecimiento había sido sostenido pero ciertamente modesto, en los siguientes tres años las cifras han experimentado un impulso notable, con un crecimiento que ronda las 30.000 toneladas y los 15 millones de euros al año. La Xunta quiso aprovechar el tirón y dotar a la actividad de un marco legislativo que le aportase estabilidad normativa y le abriese las puertas del mercado y las ayudas europeas. La rápida respuesta de la oposición, más ágil en la contestación de lo que estuvo el Ejecutivo en la explicación de las ventajas de la norma, provocó que se generase una polémica acerca del anteproyecto de texto. La Consellería, con Rosa Quintana a la cabeza, decidió aparcar la iniciativa hasta que se alcanzase un amplio consenso entre todos los actores implicados.

Las dos crisis

Dos de las situaciones más delicadas que ha vivido la administración Feijóo en el tramo final de su mandato han tenido que ver con el ámbito de la agricultura y la pesca. En el verano de 2015, trabajadores del cerco y del lácteo se manifestaron de modo masivo en varios puntos de la geografía gallega. Especialmente llamativas fueron las concentraciones que tuvieron como escenario el barrio compostelano de San Caetano, en el que se encuentra la sede del Gobierno gallego. A las tractoradas estivales que bloquearon la ciudad y rodearon los edificios autonómicos se le sumó un «campamento» de los marineros que se prolongó más de dos meses frente a estos despachos.

Las dos crisis quedaron en cierto modo mitigadas con la mediación del Ejecutivo. La situación del lácteo se resolvió mediante la firma del acuerdo en la sede del Ministerio, aunque no dejase completamente satisfechos a los productores debido al corsé de la legislación europea que no permite fijar precios mínimos o atender a otras reclamaciones. En el caso del cerco, la conselleira de Mar, Rosa Quintana, se sentó con las diferentes organizaciones para pactar un sistema de reparto que consiga un equilibrio asumible según los diferentes criterios, y así poder trasladar una posición unida del sector ante el resto de España y la Unión Europea.

Retos de futuro

Los desafíos que enfrenta el sector primario gallego no son esencialmente diferentes a los de otros ámbitos de la economía de la Comunidad. La necesidad de aumentar la competitividad de las empresas mediante la innovación y modernización; así como abrirlas hacia el exterior para entrar en los mercados internacionales, es una constante, y ha sido una prioridad en la acción de Gobierno de la administración Feijóo durante sus dos legislaturas.

Además, paliar la complicada situación que atraviesa el sector lácteo en los últimos meses debido al contexto internacional denominado como «tormenta perfecta» —sobreproducción mundial, unida al escenario de fin de cuotas—, obliga a apostar por proyectos que añadan valor a una producción excesivamente dependiente de la venta en crudo. En este sentido, la Comunidad recibió la semana pasada una buena noticia con el desembarco de Goodleit S.L en la localidad coruñesa de Curtis. La empresa pondrá en marcha una factoría capaz de procesar 400.000 toneladas de leche al año, una cifra que supondrá el 17% de la producción total de los agricultores gallegos. La inversión, de 70 millones de euros, creará también 130 nuevos puestos de trabajo y colocará en Galicia una industria centrada en la exportación con un importante componente de innovación y desarrollo. Sin lugar a dudas, un claro en el horizonte de un sector que ya se estaba acostumbrando a no ver más que nubes negras.

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