LA GALICIA DE HOY | DEMOGRAFÍA (I) Menos habitantes y más envejecidos, la losa que Galicia tiene que levantar

La pérdida de población es el mayor problema a medio y largo plazo. El reto pasa por potenciar la natalidad

La esperanza de vida se dispara más allá de los 82 años, 85 en las mujeres

En diez años, Galicia podría bajar de la frontera de los 2,6 millones de habitantes
En diez años, Galicia podría bajar de la frontera de los 2,6 millones de habitantes - M. M
PATRICIA ABET - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en:

En Galicia muere cada año más gente de la que nace. Esta cruda realidad es la base del mayor problema al que la Comunidad gallega debe hacer frente a medio y largo plazo, la falta de un relevo generacional que garantice una sociedad trabajadora y próspera. La tendencia se remonta a los últimos 25 años, cuando la pirámide poblacional empezó a mutar perdiendo habitantes en su base y engrosando los tramos de edad que van de los 55 años en adelante. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística revelan una fotografía nada halagüeña, con una población total de 2.717.749 habitantes.

Si a finales del año 2009 el número de nacimientos era de 22.537 y el de defunciones de 30.180, a estas alturas de la película la distancia es aún mayor. Así, al término de 2015 Galicia registró 19.412 alumbramientos y anotó 31.680 fallecimientos. De ahí que a día de hoy el 25 por ciento de los gallegos superen los 65 años y solo un 15 por ciento estén por debajo de los 20 años.

Con estos mimbres y ante un incierto futuro que apunta a que en la siguiente década Galicia podría rebajar la barrera de los 2,6 millones de habitantes, las políticas sociales pasan por impulsar el número de hijos por mujer, que se sitúa en el 1,1. Campañas de promoción de la natalidad y planes para favorecer la conciliación familiar asientan una estrategia a largo plazo que pasa por adaptarse a un nuevo tipo de familia y de sociedad. Con el fantasma de la crisis económica ya alejándose, la prioridad ahora es facilitar que las parejas jóvenes tengan hijos poniendo a su disposición más plazas de guarderías, casas nido, cuidadores a tiempo parcial y ayudas económicas directas para, por ejemplo, la compra de pañales o alimentación infantil. La batalla contra la sangría demográfica, apuntan los expertos, es «dura y larga», pero estas bases son fundamentales para remontar una tendencia que amenaza el futuro de una Comunidad que ya es la segunda más envejecida de toda España, solo adelantada por Asturias.

Más arrugados

Detrás de esta fotografía de la Galicia actual, más arrugada y canosa, se esconde una tecnología médica que ha permitido elevar la esperanza media de vida hasta situarla en los 82,92 años. Una cifra que, en el caso de las mujeres, sube aún más hasta los 85,6 años. Esta información conecta directamente con el plantel de centenarios y supercentenarios con los que cuenta la Comunidad. Se trata de un selecto club (el de los nacidos a principios del siglo pasado), en el que militan más de un millar de personas. Y la perspectiva es que esta cifra vaya en aumento en los próximos tiempos.

De la mano de los veteranos gallegos va el incremento de las conocidas como «aldeas fantasma». Esas poblaciones, en su mayoría ubicadas en el interior de la Comunidad, que el paso del tiempo y el trasvase de la población hacia entornos urbanos ha condenado al abandono. Solo en Orense, y atendiendo a los últimos datos del INE, se cuentan más de 300 aldeas en las que no vive nadie. Las que tienen un único morador son algo más de 200.

El fenómeno migratorio

Otro fenómeno a tener en cuenta en el análisis demográfico gallego son las migraciones, tanto dentro de la propia región como al exterior. En este sentido las estadísticas de finales del 2015 hablan de que se produjo un movimiento migratorio a otras comunidades españolas de 1.882 residentes más de los que llegaron a la Comunidad gallega. Con todo, el saldo migratorio con el extranjero es positivo, ya que vinieron 163 personas más de las que se fueron a otros países. En detalle, en 2015 se produjeron 9.989 emigraciones a otros países desde Galicia, pero hubo 10.152 inmigraciones desde el extranjero a la Comunidad gallega, lo que explicaría a fin de cuentas ese saldo positivo de 163 personas. En lo tocante a la migración interior, en 2015 hubo 14.946 personas residentes en Galicia que se marcharon a otras autonomías, frente a las 13.063 personas que llegaron a territorio gallego procedentes de otras regiones. Esos 14.946 migrantes a otras comunidades desde Galicia en 2015 son 221 más que los 14.725 de 2014 (+1,5 por ciento). Asimismo, las 13.063 personas que vinieron a la Comunidad gallega desde otras autonomías son 289 más que en 2014 (+2,3 por ciento).

En lo tocante a la conocida como emigración interna, es decir, las mudanzas entre concellos de la misma comunidad, el análisis de la realidad gallega ofrece datos significativos. La marcha del campo a áreas urbanas suponen ya el doble que en 1995. En los últimos años, los estudios señalan que el número de personas que hicieron la maletas para mudarse del rural a las ciudades es de unas 60.000 al año. Sobre el mapa, estos movimientos no dejan lugar a dudas.

Concellos emergentes

La franja atlántica que conecta urbes como La Coruña, Santiago o Vigo gana vecinos en detrimento de las provincias de Lugo y Orense, las más afectadas por la sangría poblacional y por el envejecimiento de la población. La mayoría de estos desplazados eligen para asentarse nuevas localidades cercanas a las ciudades, lo que explica que las nueve primeras urbes de Galicia hayan perdido población según los datos de 2015 de sus correspondientes padrones. Los principales beneficiados de esta situación son concellos limítrofes como Ames (anexo a Santiago), Moaña (Vigo) o Culleredo, Cambre y Oleiros (La Coruña). Estos municipios que de una década a esta parte han visto dispararse su censo ofrecen viviendas de buenas calidades a precios mucho más asequibles que las ciudades, buenas comunicaciones tanto de transporte público como en lo tocante a viales y todo tipo de servicios. Una oferta contra la que es difícil luchar y que explica que, por ejemplo, Ames haya rebasado ya la barrera de los 40.000 habitantes cuando hace una década rozaba los 20.000.

Con todos estos datos sobre la mesa los expertos inciden en que para garantizar el relevo generacional en Galicia es preciso un índice de 2,2 hijos por mujer, muy alejado del 1,1 actual. Del remonte de la natalidad y de medidas para favorecerlo dependerá que las expectativas no se cumplan y la Comunidad no se deje por el camino 150.000 habitantes en la próxima década.

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