Elecciones en Galicia 2016 Iglesias llega como la estrella de la campaña de En Marea

El candidato del rupturismo dice que sus otros asesores son «para construir país»

Villares, Iglesias y Beiras, durante un acto electoral ayer en Vigo
Villares, Iglesias y Beiras, durante un acto electoral ayer en Vigo - EFE/SALVADOR SAS
MARIO NESPEREIRA - @abcengalicia La Coruña - Actualizado: Guardado en:

«Sí, se puede», atronaron ayer las paredes de la Maestranza de La Coruña. Los cuellos girados y las miradas entornadas hacia la puerta para verlo a él. A Pablo Iglesias. Entró, con ese gesto tan suyo, de apretar los labios y aplaudir para sí con parsimonia. Llegó con un público propio de un mitin: ya convencido de casa. Como una estrella del rock dispuesta a agitar el cóctel electoral de En Marea.

Y vaya si lo hizo. Tanto meneó el tarro de las esencias de Podemos y el rupturismo que acabó dilatando un poco más la brecha que le separa de Íñigo Errejón. «Gracias Pablo por hacernos creer que era posible, que no luchamos por siglas sin bandera, sino por la vida de la gente», comenzó la candidata coruñesa Luca Chao. Todas las miradas para él, mientras escribía notas en un cuaderno color negro. Allí debió anotar una de las frases: «Nosotros no somos como ellos, ese es el mensaje fundamental del 15-M. Porque para él, «la mayor honra de quien haga política para la gente es que los poderosos te señalen con el dedo».

Antes, tanto Antón Sánchez como Xulio Ferreiro le dejaron el pabellón arriba. El viceportavoz de AGE contestó las críticas de Rajoy, sobre si eran «una pandilla que se había juntado hace cinco minutos». «Vosotros sois la mafia de siempre», le espetó. El alcalde de la ciudad atlántica hizo un repaso por los momentos que le habían emocionado durante el cargo y anunció el siguiente, cuando los rupturistas avancen la renta social municipal. Todo quedó preparado para PabloIglesias.

Su tono, apagado, como sin fuerza. «Parece que la política se ha convertido en un problema de tono. No es lo mismo decir que recordabas mucha nieve con o sin buen tono», fue de las pocas referencias que hizo en clave gallega. Iglesias cree que Galicia, aunque lo haya refrendado con dos mayorías absolutas, «no se merece a Feijóo». Planteó la dicotomía entre elegir a un mandatario del PP y a otro, por Luis Villares, «de los gallegos». El exmagistrado alertó que «la troika está pendiente de Galicia« y que En Marea tienen la encomienda de «darles una lección desde aquí». Casi al cierre de su discurso, contestó a ABC por la información de sus asesores:«Tenemos asesores internos y externos porque todas las manos nos hacen falta para construir este país».

Las semanas anteriores mostraron que el proceso de fundación de En Marea no fue camino de rosas ni un escenario ajeno al divismo. El secretario general de Podemos reconoció que «no fue fácil la unidad ni convencer a algunos de que juntos llegaremos más lejos». Se mostró «orgulloso» de unirse con«compañeros de Izquierda Unida en el Estado» o de formar la amalgama gallega con Anova, Cerna, las mareas municipales y la propia federación gallega de IU.

Sobre la situación política en España, subrayó que «el problema no era la ausencia de gobierno», sino las tasas de paro o la emigración juvenil. Si Errejón se mostró optimista el pasado domingo en Pontevedra al afirmar que «queda tiempo» para explorar el llamado «gobierno del cambio», Iglesias parece empeñado en cerrar todas las vías, por ínfimas que sean, y fijar el horizonte de la tercera repetición electoral. Por eso exclamó que «¡cómo iban a pactar con la marca filial del PP!». Un recado a la atención de Ciudadanos y Albert Rivera, la opción que Sánchez maneja para llegar a la presidencia del Gobierno.

Al fin y al cabo, el dirigente morado no va ahora a desdecirse de sus encendidas palabras sobre la identidad de sus correligionarios —«no somos como ellos»—. Separarse al máximo de cualquier responsabilidad sobre el fracaso de las negociaciones de investidura es su objetivo. Tiene todo el sentido si su estrategia pasa por no dejar «de dar miedo a los poderosos». Entonces, dijo, «no tendrán sentido como fuerza política».

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