Elecciones

Alberto Núñez Feijóo, el barón gallego que gana fuerza como posible sucesor de Rajoy

Convirtió su nombre en el cartel de un partido castigado por la corrupción, y ganó

Alberto Núñez Feijóo celebra este domingo su nueva mayoría absoluta
Alberto Núñez Feijóo celebra este domingo su nueva mayoría absoluta - AFP
J. L. Jiménez Santiago - Actualizado: Guardado en:

Hasta el momento, Alberto Núñez Feijóo (Os Peares, 1961) presume de haber cumplido siempre con su palabra. Aseguró que agotaría esta segunda legislatura y que lo haría como presidente de Galicia, sin atender a los cantos de sirena que, desde que ganó la Xunta por primera vez en 2009, le sitúan insistentemente en Madrid. La última oferta firme fue en el verano de 2015, cuando Mariano Rajoy remodeló por última vez su gabinete. Entonces, Feijóo ni siquiera entró a escuchar posibles destinos porque anteponía Galicia a cualquier otra opción. Rajoy aceptó de muy buen grado: era el mejor candidato para conseguir la reelección en un feudo de singular relevancia. No se equivocó.

Feijóo ha conseguido con esta tercera mayoría absoluta un resultado único en España. Su estrategia en esta campaña electoral –ya empleada en 2012– ha sido situar su figura como reclamo electoral, dejando a un lado las siglas de un PP desgastado por los casos de corrupción. Además, ha lanzando un mensaje dirigido al votante moderado de PSOE y C’s, alertando contra la inestabilidad de un tripartito entre populistas, socialistas y nacionalistas. Él era el garante de la estabilidad. Su estrategia le ha funcionado.

Ahora, no obstante, se abre un escenario lleno de incógnitas para el presidente de la Xunta. Su compromiso –repetido insistentemente durante esta campaña– es permanecer en Galicia hasta 2020, cuando remata la legislatura. Es consciente de que, además, deberá abrir en el PP gallego una hoja de ruta para su futuro relevo, ya que no es su intención optar a un cuarto mandato. No hay ningún nombre en capilla, pero la conformación de su próximo Ejecutivo dará pistas seguras.

Si las autonómicas de mayo de 2015 segaron las opciones de muchos dirigentes populares para la posible sucesión de Mariano Rajoy, la tercera absoluta de Núñez Feijóo le situará en una excelente posición en todas las quinielas. No obstante, el presidente gallego hace gala de su lealtad a Rajoy y no participará de ningún movimiento interno llamado a desbancar al inquilino de La Moncloa. Cuestión distinta es que este dé un paso atrás, algo que, por el momento, no parece probable. Lo único claro es que Feijóo se presentará a esa hipotética sucesión con el aval de un poder territorial incuestionado. Su buena sintonía con Cristina Cifuentes, Juan Vicente Herrera o Javier Arenas le garantizaría el apoyo de sus respectivas baronías. Si quisiera dar el paso de sustituir a Rajoy, tendría cartas más que sobradas para ganar.

Diez años de éxito

Alberto Núñez Feijóo cumplió el pasado enero diez años al frente del PP gallego. En aquel momento, muchos lo veían como un paracaidista de Madrid avalado por Mariano Rajoy. Ganó las primarias del invierno de 2005 frente a otros tres aspirantes -el propio Cuiña, José Manuel Barreiro y Enrique López Veiga-, gracias al apoyo de José Manuel Romay en La Coruña, Rafael Louzán en Pontevedra y la neutralidad en Orense del barón provincial José Luis Baltar, propiciada tras una negociación con Rajoy. Pactó con el lucense Barreiro y comenzó la reconstrucción de un partido que, en la última época de Fraga, daba visibles muestras de agotamiento.

Afrontó una renovación de cargos, rostros y políticas desde la siempre fría oposición. No le vinieron bien dadas ni en las municipales de 2007 ni las generales de 2008. El «efecto Zapatero» parecía catapultar al PSdeG de Emilio Pérez Touriño. Este se negó a adelantar las autonómicas al verano de 2008, y cuando llamó a las urnas en marzo de 2009 le explotaron en las manos la llegada de la crisis económica y la política de despilfarro en la Xunta, de la que el PP hizo punta de lanza contra el bipartito. Contra todo pronóstico, Feijóo ganó las elecciones a la primera y, de paso, lanzaba un salvavidas a Rajoy, cuestionado por el ala política y mediática del «aguirrismo».

Su primera legislatura estuvo marcada principalmente por las políticas de austeridad, con un presupuesto autonómico que se redujo en casi un 40%. Año a año había menos que gastar. Su fama de gestor quedó acreditada. A pesar del desgaste de una política de tijera, revalidó en 2012 la mayoría absoluta, aunque con un resultado engañoso: subió tres escaños y bajó en votos y porcentaje.

A comienzos de 2013 capeó el trago más difícil desde que es presidente: la publicación de unas fotos de los noventa en las que compartía vacaciones con un grupo de amigos entre los que estaba el narco Marcial Dorado. Lo afrontó dando explicaciones desde el primer día: ignoraba a qué se dedicaba y rompió todo contacto tan pronto tuvo conocimiento. Hay quien señala este escándalo como el obstáculo que le impidió dar el salto a Madrid antes. Ahora, con la tercera absoluta en el bolsillo, ni siquiera el inoportuno pasado parece que le podrá frenar. Y, por si fuera poco, en febrero será padre por primera vez.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios