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Los «vicepresidentes» convierten su debate en otro Hillary-Trump

Los candidatos Tim Kaine y Mike Pence replicaron casi todos los argumentos de ataque y defensa de los aspirantes a la presidencia

El republicano Pence fue mejor en las formas, más reposado que el demócrata Kaine, que interrumpió demasiado

El candidato demócrata a la vicepresidencia, Tim Kaine, y el republicano Mike Pence
El candidato demócrata a la vicepresidencia, Tim Kaine, y el republicano Mike Pence - AFP

Segundo debate, segunda decepción. El cara a cara entre los candidatos a la vicepresidencia de Estados Unidos, el demócrata Tim Kaine y el republicano Mike Pence, terminó siendo en gran medida una réplica de los manidos argumentos que se han venido echando en cara Hillary Clinton y Donald Trump. Salvo en contadas ocasiones, su labor consistió en comenzar o rematar sus intervenciones con un aguijón al aspirante a la presidencia rival o con una defensa a ultranza del propio. Kaine no se salió del guión: repaso de todos los insultos, descalificaciones y licencias de Trump. Pence, que también arremetió contra Hillary Clinton en sus argumentaciones, llevó a cabo un cierre de filas con el magnate tan hermético que su contrincante terminó el debate afirmando: «Pence está pidiendo a la gente que vote a alguien a quien no puede defender».

Si en el contenido las escasas novedades contribuyeron a dar la impresión de un empate sin brillo, en las formas fue mejor el republicano. El gobernador de Indiana, mucho más reposado que Kaine, dio una imagen más positiva en televisión. Frente a las continuas interrupciones del demócrata, Pence se mostró como el antiTrump, con un discurso pausado, sólido y ordenado, que contrasta con el caótico argumentar del millonario neoyorquino. No es fácil valorar todavía la repercusión que puede tener el único debate entre aspirantes a la vicepresidencia, pero si hubiera que hablar de un ganador, sería Mike Pence, aunque fuera por poco margen.

Pese a una apariencia no tan eficaz por sus formas, el exgobernador de Virginia, que se puede decir que jugaba en casa, al celebrarse el debate en la Universidad Longwood, del mismo estado, martilleó una y otra vez los clavos que formaban parte de su guión. Por ejemplo, afeó a Pence que su líder se niegue a hacer públicas sus declaraciones de la renta. Algo que consideró «una de las grandes diferencias con Hillary Clinton». La defensa del republicano, no fue brillante, pero sí a ultranza, al exculpar al millonario por no ser un político, sino «un hombre de negocios, que está en fase de construcción del suyo propio».

También tuvo que salir al paso Pence de la acusación de simpatizar con Putin que lanzó su contrincante al magnate neoyorquino, de quien, dijo, «confunde liderazgo con dictadura». El contraargumento de Pence resaltó la «extrema debilidad» de la Administración Obama, y antes de Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado, frente a Rusia. En uno de los pocos momentos que el candidato republicano a la vicepresidencia se desmarcó de Trump, se refirió al presidente ruso con términos mucho más despectivos, cuando le llamó «pequeño acosador». Y remató asegurando que «cuando Donald Trump sea presidente, restablecerá el liderazgo de Estados Unidos en la zona», para lo que planteó «la necesidad de desplegar soldados en Siria y hacer frente al dictador Al Assad».

En ocasiones, el debate resultó ser un diálogo de sordos. También para ignorar a la moderadora, la hispana Elaine Quijano, de la cadena televisiva CBS, quien tuvo que emplearse a fondo más de una vez para reconducir el intercambio de golpes de los candidatos. Tanto Kaine como Pence huyeron de las respuestas más comprometidas. En el caso del demócrata, ni una respuesta sobre la Fundación Clinton, y menos sobre el escándalo de los e-mails, la gran sombra de sospecha sobre la exsecretaria de Estado. El gobernador de Indiana, negando por activa y por pasiva los insultos de Trump, con una frase muy práctica como evasiva, que le sirvió para comprometer a Clinton: «Todo lo que se dice de él (Trump) no es nada en comparación con los insultos de Hillary Clinton a sus seguidores, cuando les llamó deplorables». Resulta paradójico que un argumento tan favorable, por reprochable para Hillary Clinton, no fuera utilizado por el candidato republicano en su primer cara a cara con la demócrata.

La conclusión del debate de Mike Pence dejó buen sabor de boca, cuando llevó a cabo un llamamiento a la «unidad en Washington», una apelación mucho más difícil de escuchar en su líder, Donald Trump. No en vano, el millonario eligió a Pence por su capacidad para hacerle de puente con el establishment republicano.

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