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De las promesas populistas a la realidad de gobernar

Tras su rotunda victoria electoral del pasado martes, Donald Trump debe desprenderse del traje de canidato y ponerse el de presidente de la nación más poderosa del planeta

Trump mira a Barack Obama durante la reunión que mantuvieron este jueves en la Casa Blanca - AFP
MANUEL TRILLO - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Se acabaron las propuestas y llega la hora de la verdad. Tras su rotunda victoria electoral del pasado martes, Donald Trump debe desprenderse del traje de candidato y ponerse el de presidente de la nación más poderosa del planeta. Sus planteamientos populistas se deberán someter a partir del 20 de enero, cuando tome posesión frente al Capitolio, al test de la realidad. Los republicanos ya han empezado a cuestionar la viabilidad del muro que Trump pretendía levantar en la frontera con México y están planteando un plan alternativo para reforzar la seguridad frente a la inmigración ilegal. En la web de su campaña ha desaparecido de forma súbita la prohibición a los musulmanes para entrar en el país. Otras medidas, como su ambicioso plan militar o la revocación de acuerdos internacionales, tampoco están exentas de dificultades.

El muro, en el alero

Si hay una propuesta que marcó la controvertida campaña de Donald Trump, esa fue la construcción de un muro en la frontera sur de Estados Unidos para frenar la inmigración ilegal procedente del país y que además se encargaría de pagar México, según aseguró el entonces candidato.

Pocas horas después del triunfo electoral del magnate, la faraónica obra prometida recibió ya las primeras pegas provenientes de las propias filas republicanas. Miembros conservadores de la Cámara de Representantes están planteando una alternativa al muro, que consideran no solo excesivamente costoso, sino también poco práctico.

Estos congresistas republicanos quieren reunirse con los asesores de Trump para sugerirle la ampliación de la valla existente en la actualidad en partes del límite con México, así como reforzar el personal encargado de la vigilancia fronteriza.

El muro que propone el presidente electo, sostienen, obstaculizaría la visión a los agentes, además de tener que levantarse sobre un terreno accidentado y atravesar masas de agua y propiedades privadas a cuyos propietarios habría que indemnizar, lo que complicaría aún más su financiación aunque esta corriera a cargo de México.

A ello se suma la resistencia del gobierno mexicano a financiarlo. El presidente del país azteca, Enrique Peña Nieto, ni siquiera hizo referencia al muro en su mensaje público para felicitar a Trump por su victoria.

Amenaza a la libertad comercial y empresarial

Posiblemente, las promesas de medidas proteccionistas hayan sido las más rentables para Donald Trump en las elecciones. A lo largo de su campaña, el candidato republicano explotó la desesperación de millones de personas que han visto cómo se cierran empresas o se reducen los salarios como consecuencia del traslado de centros de producción a otros países.

Trump se mostró radicalmente en contra de los tratados de libre comercio, como el que EE.UU. suscribió con Canadá y México (Nafta) o con los países ribereños del Pacífico (TPP). También estaría en peligro el que se estaba abordando con la Unión Europea.

Liquidar de la noche a la mañana estos acuerdos, en los que se emplearon años de negociaciones, no será fácil y supondría una importante alteración de la tendencia global a la libertad en los intercambios comerciales.

Por otra parte, Trump pretende obligar a las empresas nacionales a producir dentro de los límites territoriales del país, una fórmula con la que asegura que protegerá los empleos de los estadounidenses. De hecho, prometió que forzaría a Apple a fabricar sus dispositivos en suelo norteamericano. Que logre obligar a este tipo de compañías globales a limitarse a las fronteras de EE.UU. es una incógnita.

La prohibición a los musulmanes, eliminada

La respuesta de Donald Trump al devastador tiroteo de San Bernardino (California), en el que una pareja de jóvenes vinculados a Daesh acabaron con la vida de 14 personas, no fue pedir un mayor control de las armas de fuego, sino proponer la prohibición de la entrada de musulmanes en EE.UU. El millonario neoyorquino refrescó esta iniciativa con ocasión del más mortífero ataque en una discoteca gay de Orlando (Florida), en el que un joven que también profesaba el islam y que era hijo de inmigrantes afganos, masacró a 49 personas.

La propuesta se encontró con la firme oposición tanto de demócratas como de republicanos que consideraban que cerrar el paso a personas en función de la religión estaba fuera de los principios sobre los que se erigieron los Estados Unidos de América. Además, consideraban que esa propuesta no habría evitado las matanzas de California y Florida, protagonizadas por ciudadanos americanos.

Trump fue modulando la propuesta, que acabó centrada en prohibir la inmigración desde países donde operan y se entrenan terroristas. En todo caso, es posible que se haya empezado a replantearla, ya que ha desaparecido de su página web, sin que su equipo haya explicado los motivos.

Un plan viable en defensa

El desorbitado coste cuestiona la viabilidad del ambicioso plan de seguridad y defensa que el candidato republicano, elegido ya como próximo inquilino de la Casa Blanca, planteó si ganaba el pulso a Hillary Clinton. Harían falta decenas de miles de millones de dólares para incorporar a las fuerzas armadas 36 batallones y 50.000 soldados, que se sumarían a los 490.000 actuales, así como la adquisición de 350 barcos y submarinos, 1.200 aviones de combate y el refuerzo de los sistemas defensivos de misiles.

En la actualidad, Estados Unidos gasta ya 600.000 millones de dólares al año en Defensa, el presupuesto más alto del mundo en este concepto, y su elevada deuda no da margen para excesivas alegrías en el presupuesto.

Por otra parte, Donald Trump viene quejándose de que su país paga de más en sus relaciones defensivas con los aliados de la OTAN, de manera que quiere que países como Alemania, Japón, Corea del Sur y Arabia Saudí, aporten más dinero. Se trata de países que gozan de una situación fiscal más saneada que los propios Estados Unidos. Trump aseguró durante la campaña que para que puedan seguir contando con «el enorme esfuerzo que hace Estados Unidos por su seguridad», estos países deberían rascarse el bolsillo.

Habrá que ver hasta qué punto los socios de la Alianza Atlántica están dispuestos a apoquinar más, dado que también los norteamericanos se benefician de la cooperación con ellos.

Rechazo al Acuerdo de París, que firmó Obama

La negación del efecto de la acción humana sobre el cambio climático en el mundo cuenta con gran arraigo entre los conservadores de EE.UU., y en este caso Donald Trump no es una excepción. El ahora presidente electo, que considera que esa idea es una invención de los chinos para erosionar la competitividad norteamericana, se mostró dispuesto durante la campaña a revocar la firma por Barack Obama del Acuerdo de París contra el Cambio Climático y cancelar los pagos destinados a combatir el calentamiento global. Para ello sería necesario que denunciara el tratado que suscribió su antecesor tras negociar el contenido con China.

Obamacare: en el aire la asistencia a 20 millones de personas

Según prometido, Trump derogará la Ley de Protección a Pacientes y Cuidados de Salud Asequibles, el primer día de su mandato. El Obamacare, como se la conoce popularmente, ha permitido a 20 millones de personas acceder a asistencia sanitaria y es uno de los grandes logros del presidente saliente. Es también una de las bestias negras de los republicanos, que lo consideran costoso para las arcas públicas e ineficaz. Si acaba con el modelo de Obama, la incógnita es cuál sería la alternativa de Trump para un país donde se desconoce el concepto de sanidad pública a la europea y donde buena parte de la población carece de seguro médico por no poder pagarlo.

Reducciones fiscales no cuantificadas

El empresario neoyorquino ha asegurado que reduciría los impuestos para todos y garantizó que los ricos pagarían su parte justa, pero no tanto como para destruir empleos o minar la competitividad de EE.UU. También aseguró que suprimiría las costes que impiden desarrollarse a las pequeñas empresas. Además, en sus propuestas fiscales incluía la reducción del coste para las familias del cuidado infantil, permitiendo que se lo dedujeran de los impuestos. Queda por cuantificarse la reducción fiscal. Ahora llega la hora de la verdad para Trump, que tendrá que enfrentase con los que rechazan reducir la carga tributaria a los más poderosos.

Bodas gais: contra el Supremo

Durante la campaña, Trump planteó que la legalidad del matrimonio gay fuera decisión de los estados. Para ello tendría que revertir la decisión del Tribunal Supremo, que el pasado año lo legalizó en todo el país. En la Convención Republicano, no obstante, Trump dijo que protegería a la comunidad LGBTQ.

Armas: leyes estatales

El magnate es defensor a ultranza de la Segunda Enmienda de la Constitución de EE.UU., que ampara el derecho a poseer armas y recibió el respaldo de la poderosa Asociación Nacional del Rifle. Trump defiende que se puedan portar armas de fuego, aunque las leyes que regulan esta cuestión dependen de los estados.

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