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El «efecto Trump» amenaza a Clinton en los estados industriales

El magnate refuerza sus opciones en los decisivos Ohio, Pensilvania y Michigan e intenta asaltar bastiones tradicionalmente demócratas

Los Obama se unen hoy a los Clinton en el último empujón de la campaña demócrata

 Vídeo: Así es Donald Trump - ABC

El fenómeno Trump desmonta tópicos y revienta esquemas. Gane o pierda el martes el magnate la elección presidencial, el vendaval que trae consigo el movimiento de los enfadados (y no sólo) supondrá un corrimiento de tierras, una súbita modificación del mapa electoral. Antes del 8 de noviembre, su efecto ya eleva hasta una quincena el número de estados abiertos, sin favoritos, prolegómeno del nacimiento de nuevos swing (oscilantes, que cambian con facilidad su apoyo a demócratas o republicanos). Que la lucha por los estados decisivos sea tan cerrada no es incompatible con que Hillary Clinton se mantenga en cabeza a nivel nacional con al menos dos puntos de ventaja. La explicación es que el candidato menos republicano y más transversal en décadas se muestra menos sólido en los feudos tradicionalmente conservadores (Texas, Utah…) a cambio de poder asaltar bastiones demócratas no expugnados desde los años 80. Un trasvase de votos digno de estudio demoscópico y sociológico cuando concluya la elección.

[Sique en directo la jornada electoral en EE.UU.]

Los candidatos apuran sus últimas horas de campaña en un repentino movimiento hacia el noreste de Estados Unidos, y en particular hacia Michigan, que cortejarán entre el domingo y el lunes Clinton y Trump en diversos mítines. Si el protagonismo anterior lo habían tenido Florida, Nevada y Arizona, estados con peso hispano, el penúltimo capítulo del proceso se centra en el estado de los lagos. Es el nuevo muro de contención que construyen Obama y Hillary Clinton frente al intento de asalto del magnate.

El candidato republicano protagoniza un maratón final con una quincena de actos en tres días

Tras la última apuesta, llegará este lunes por la noche el cierre de campaña, que la demócrata llevará a cabo, junto con su marido Bill y el matrimonio Obama, en Filadelfia (Pensilvania). El candidato republicano tiene previsto echar el telón en Michigan, después de un maratón final de hasta quince actos electorales: siete el sábado, cinco ayer y tres en la última jornada.

La fácil conexión de Trump con la clase media-baja trabajadora blanca, la de los llamados «blue collar», amenaza la hegemonía demócrata en los estados del «rust belt» (cinturón industrial), donde el impacto de la crisis ha hecho más mella. Es un fenómeno ya conocido en Europa. Su transversalidad, basada en un heterodoxo mensaje de empresario de éxito con tintes populistas, en el que hay cabida para prometer una reaganiana bajada de impuestos para crear empleo y un incremento de los salarios, ha enganchado a un ejército de descreídos, tradicionales votantes demócratas, cuyo poder adquisitivo ha menguado en estos años de decadencia industrial. A los ejemplos palpables de Ohio y Pensilvania, donde las encuestas no pueden estar más apretadas, se acaba de sumar Michigan. Trump se ha acercado peligrosamente a su rival en un estado con el que no contaba inicialmente, que le abre ahora nuevos caminos para alcanzar los 270 delegados que darían la victoria. Difícil, pero no imposible.

El anuncio del presidente Obama de cambiar su agenda para unirse este lunes a su exsecretaria de Estado responde a la inquietud hacia otra de las reservas de voto demócrata. Con su gran ciudad Detroit como símbolo del auge y caída de la América del automóvil, la urbe industrial que intenta renacer de sus cenizas, Michigan se suma a los estados en abierta liza. Son nada menos que 16 los delegados en juego, con este aliciente: desde George H. W. Bush (Bush padre) en 1988, ningún republicano ha vencido en este estado. Aunque la media de RealClearPolitics mantiene cuatro puntos de ventaja en favor de Clinton, alguna de las publicadas este domingo arrojaba un empate técnico. Es el sino de los últimos días de esta inédita campaña. Tendencia al alza de Trump y debilitamiento de su contrincante demócrata.

Ohio, clave y de Trump

Situado también en la región de los grandes lagos, Ohio, que con sus 18 delegados está considerado uno de los termómetros de la elección estadounidense, pues generalmente el candidato vencedor lo es también en la elección presidencial, parece decantarse por Trump. La media de 2,8% de RealClearPolitics no le garantiza la victoria, pero la posibilidad del vuelco se consolida a medida que transcurren los últimos días de campaña. La victoria del magnate tendría más mérito aún, contando con que el carismático gobernador, John Kasich, que fuera rival de Trump en las primarias republicanas, se ha mantenido sin darle su apoyo como candidato a la presidencia.

Pensilvania, otro de los estados emblemáticos de los demócratas, donde Bill Clinton y Barack Obama han logrado victorias sonoras y donde también el último republicano victorioso fue Bush padre, se decanta hoy por Hillary Clinton por poco más de dos puntos. Los expertos creen que, junto con Florida, Carolina del Norte y los dos estados citados, decidirá el martes la elección.

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