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Los diez errores de Hillary Clinton

Tras su carrera política, el partido demócrata tenía una deuda con ella, pero no el votante

Hillary Clinton reconoció su derrota durante un mensaje a sus votantes, este miércoles en Nueva York - AFP

Muchos de los votantes de Donald Trump y Hillary Clinton tenían algo en común: reconocían, durante los meses de campaña, que apoyaban al menos malo de dos candidatos, que no les gustaban. Lo que no esperaba nadie es que la peor de las dos opciones para la mayoría de los estadounidenses fuera la de Clinton. Un repaso a su candidatura y a sus decisiones de campaña explican, a toro pasado, por qué sus compatriotas prefirieron a un deslenguado que hasta hace año y medio solo era una estrella de la televisión.

Candidata única

Desde el principio, Clinton lidió con una paradoja: tenía todo el partido detrás, pero no al electorado. Clinton nunca ha disfrutado de índices altos de aprobación y, tras un cuarto de siglo en las esferas más altas de la política, no era una opción ni cercana ni ilusionante para mucha gente. El partido, sin embargo, no pudo negarle su apoyo en bloque: no había nadie con su experiencia ni con una hoja de servicios al partido como la suya. Tragó con los escándalos sexuales de su marido en la Casa Blanca para no perjudicar una presidencia demócrata y se puso detrás de Obama tras perder en las primarias de 2008. El partido, que tampoco se preocupó por buscar un relevo para Obama que no fuera ella, le debía otro intento. Pero el votante, no.

Una mochila cargada de problemas

Que Clinton podría no ser la candidata ideal quedó demostrado antes de que presentara su candidatura. A comienzos de 2015 ya se sabía que la presumible candidata había utilizado un servidor de email privado durante su época como secretaria de Estado, en el primer mandato de Barack Obama, y las repercusiones que podía tener sobre uso incorrecto de material clasificado. También se sabía de su relación cercana con Wall Street y los cuantiosos ingresos que percibía por dar discursos en empresas.

Sus asesores subestimaron a Trump

En uno de los email publicados por WikiLeaks, la asistente del director de campaña, Robby Mook, informaba al presidente de la campaña, John Podesta, de una estrategia demócrata: los candidatos republicanos preferidos para el enfrentamiento final, a los que creían que podrían derrotar con mayor facilidad eran Ted Cruz, Ben Carson y Donald Trump.

Primarias

El tercer protagonista de las elecciones es Bernie Sanders, el líder izquierdista que puso contra la pared a Clinton en las primarias. Ese procesó mostró las costuras de la candidatura de Clinton, su desconexión con los jóvenes y la clase trabajadora, que el martes le castigaron en las urnas.

Jugar a ser Obama sin serlo

Barack Obama arrasó en las elecciones de 2008 con un mensaje de cambio y esperanza que movilizó al electorado con título universitario, a las minorías, a los jóvenes y a buena parte de la clase media. Cuatro años después, conservó la Casa Blanca con esa misma coalición, pero con mayor desapego de la clase media. Clinton apostó a lo mismo, creyendo que la tendencia demográfica con los hispanos y negros le beneficiaría.

No hacer caso a la clase media blanca

En su discurso de la victoria, Trump habló de rescatar a los «olvidados» de EE.UU., en referencia a la clase media y baja blanca. Clinton nunca apostó por ellos. Su esfuerzo estuvo en otros grupos que creía más favorables, como las minorías y las mujeres en zonas suburbanas. Su marido, Bill Clinton, trató de hacer cambiar el rumbo de la campaña, pero los estrategas no le dieron la razón. Una de las consecuencias de esta actitud de la campaña de Clinton es dar por ganados estados con fuerte presencia de la clase trabajadora blanca como Wisconsin o Michigan, a pesar de que había cosechado derrotas ante Sanders en las primarias.

La «cesta de los deplorables»

Hay errores que pueden llegar a costar varios puntos porcentuales en unas elecciones. El de Clinton fue decir que la mitad de los seguidores eran parte de una «cesta de deplorables». Aunque trató de desdecirse, el comentario espoleó a las bases de Trump, que convirtieron el insulto en eslogan, y no sirvió para acercarse a los indecisos.

Ser mujer no es suficiente

Una de las sorpresas de los resultados es que las mujeres no votaron en masa a favor de Clinton, que consiguió el 54% del voto femenino (42% para Trump), pero solo el 34% entre mujeres blancas (62% para Trump). Parte de ello tiene que ver con la decisión de Clinton de no hacer una campaña basada en su género.

Sin mensaje

Clinton nunca encontró un mensaje central. Hasta 84 eslóganes probó su campaña y acabó con «Stronger Together» (Juntos más fuertes), que no comunicaba un mensaje central y nunca prendió en el electorado.

Desconfianza

Si la percepción de deshonestidad era uno de las principales cargas con las que Hillary Clinton se presentaba a la campaña presidencial, no hizo mucho por sacudírsela. Tardó más de año y medio -en uno de los debates- en reconocer que el uso de un servidor privado de email fue un error y se negó a divulgar sus discursos en Wall Street. El capítulo de su neumonía -que ocultó y tardó horas en reconocer después de haberse desmayado en público- fue una muestra más de una falta de transparencia casi paranoica.

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