Actualidad

Las claves del debate Clinton-Trump

Muchos factores influyeron en el cara a cara televisado entre los candidatos a la Casa Blanca, desde el color de las ropas de ambos hasta el papel del moderador

Los dos candidatos, durante el debate
Los dos candidatos, durante el debate - REUTERS

No hablan de otra cosa este martes los medios de comunicación estadounidenses que de el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. El primer duelo televisado entre los dos aspirantes a la Casa Blanca dejó, según las encuestas, peor parado al candidato republicano. Pero las claves fueron muchas.

El tono (no solo de los colores), a la inversa

Nadie tardó un minuto en darse cuenta de que los candidatos vestían los colores inversos a sus partidos. Hillary Clinton, con el rojo republicano en un traje pantalón. Donald Trump, con el azul demócrata en su corbata. También el tono de los aspirantes pareció el inverso al habitual, con Clinton más eficaz en los ataques que Trump, que se mostró inoperante en algunas fases.

El moderador, sin apenas trabajo

Lester Holt fue encargado de moderar el debate y apenas tuvo que llamar la atención a los candidatos. En alguna ocasión, trató de evitar que Trump dejara preguntas sin contestar, como en el caso de la campaña sobre el certificado de nacimiento de Obama. En una ocasión tuvo que reprender los aplausos o abucheos del público, que no se permiten en los debates presidenciales. Los sectores republicanos echaron de menos algunas preguntas sobre asuntos escabrosos a Clinton, como las relaciones de la Fundación Clinton durante su etapa como secretaria de Estado.

La voz de Trump

No estuvo cómodo Donald Trump en el debate. Se le notó hasta en la voz, que le salía pastosa, y pedía un vaso de agua cada pocas frases. También se sorbía la nariz cada poco, algo que provocó una riada de comentarios en las redes sociales. Después de tantas especulaciones sobre la salud de Clinton y su desmayo en el aniversario del 11 de septiembre, ayer el que parecía más endeble era el republicano.

Declaración de impuestos vs escándalo de emails

La declaración fiscal de Trump sigue siendo uno de los asuntos a los que le cuesta hacer frente. Cuando el tema salió a la palestra, Trump dobló la apuesta con el mayor escándalo de Clinton: «Presentaré mi declaración de impuestos, aunque se oponga mi abogado, si ella entrega los 33.000 emails», retó en referencia al uso de un servidor privado de email cuando Clinton era secretaria de Estado. Lo que pareció una jugada maestra en un principio, se confirmó como un error: ahí se acabó la discusión sobre el asunto, uno de los que pone en mayores dificultades a Clinton.

Trump, a la Casa Blanca sí o sí

Una de las frases más sorprendentes de Trump en el debate se produjo cuando hablaba de sus negocios. El multimillonario recordó que acaba de abrir un nuevo hotel en Washington, el Old Post Office, la antigua y magnífica sede de correos de la capital de EE.UU. «Está en la Avenida Pensilvania, al lado de la Casa Blanca, Si no llego de una manera, llegaré de otra», dijo con arrogancia sobre sus posibilidades de llegar a la residencia presidencial.

Ni Lewinsky, ni salud: sin guerra sucia

Los que esperaban un debate agrio y dominado por el juego sucio se fueron a la cama decepcionados. No hubo insultos, ni los motes que acostumbra a usar Trump —«deshonesta Hillary»—, ni temas escabrosos: ni una referencia a los escándalos sexuales de Bill Clinton, ni la exigencia del historial médico, ni revelaciones novedosas sobre la Fundación Clinton.

El certificado de Obama y la guerra de Irak, lo peor de Trump

La campaña de Clinton insistía tras el debate en que Trump no lo preparó bien. Quedó patente sobre todo en dos momentos, dos preguntas que todo el mundo sabía que le iban a hacer, pero para las que el candidato no tuvo respuestas convincentes: su campaña sobre el certificado de nacimiento de Barack Obama y su apoyo a la guerra de Irak y a la intervención en Libia. Clinton despachó su tema más peliagudo —el escándalo de los emails— con una sola frase: «Fue un error», reconoció.

El talón de Aquiles de Hillary: la economía

Dicen los expertos que lo más importante de un debate son los primeros treinta minutos. Si fuera así, el ganador ayer hubiera sido Trump. El arranque del debate por el lado económico trajo lo mejor de él, sobre todo cuando atacó con efectividad a Clinton por su cambio de postura sobre el Acuerdo Transpacífico. A Clinton le costó defenderse, pero después Trump no supo seguir esa línea.

Ataques de laboratorio

Los candidatos acuden a estos debates con balas preparadas. Hillary demostró haber cargado más y mejor su cartuchera. «Me puedes criticar por prepararme para este debate. También me estoy preparando para ser presidenta, es algo bueno», dijo ante la presumible crítica de Trump sobre su desaparición de la campaña en los últimos días. Era una trampa en la que cayó el republicano. «Es verdad que tiene experiencia», dijo Trump cuando Clinton presumió de su amplio currículo como senadora y como secretaria de Estado, «pero mala experiencia». Sonó efectista y sin gancho.

«Miss Cerdita», el remate final

Hillary Clinton tenía un ataque preparado sobre Trump y las mujeres. Pasaban los minutos y no tenía manera de colocarlo. Pero en el último suspiro, lo metió con calzador. Trump había respondido a una pregunta sobre si se reafirmaba en que Clinton no tenía «la imagen» para ser presidenta. «No tiene el vigor», respondió Trump, en la única mención difusa a la salud de la candidata. La discusión se iba por otros derroteros cuando Hillary la devolvió a donde ella quería. «Ahora cambia de la imagen al vigor, pero este es un hombre que ha llamado cerdas, guarras y perras a las mujeres», criticó y pasó a contar la historia, bien ensayada, de la participante de un concurso de belleza a la que llamó «Miss Cerdita». «Su nombre es Alicia Machado, ahora es una ciudadana estadounidense y sabéis bien a quién va a votar en Noviembre», dijo. Trump, otra vez, no tenía preparado nada ante eso.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios