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La amenaza de Trump a la democracia norteamericana

El magnate quiere introducir cambios radicales, pero el sistema tiene también poderosos medios para defenderse

Donald Trump, durante un mitin en Florida este sábado - REUTERS
PEDRO RODRÍGUEZ Madrid - Actualizado: Guardado en: Actualidad

La posibilidad de que Trump se convierta en el próximo presidente de EE.UU no es precisamente remota. Su populismo revanchista, su estrategia de antihéroe y una rival como Hillary, que genera casi tanta desconfianza como él, han terminado por colocar a este magnate del autobombo a las puertas de la Casa Blanca. Su candidatura, inicialmente percibida como una broma, ha logrado cimentar la narrativa del outsider que desesperadamente quiere ser tomado en serio por los insiders. Una narrativa asumida también por millones de votantes que han encontrado en Trump una oportunidad perfecta para canalizar resentimientos, incertidumbres y nostalgias.

[Sique en directo la jornada electoral en EE.UU.]

Política del instinto: Y la posibilidad del «impeachment»

Si Trump gana la presidencia de Estados Unidos, el documento más consultado para anticipar lo que pueda ocurrir durante los próximos cuatro años será la Constitución de 1787. Unas reglas del juego democrático formuladas hacen más de dos siglos por los «Founding Fathers» con la obsesión de evitar la acumulación de poder y organizar una estricta separación de poderes. Dentro de ese sistema de controles y equilibrios, los resultados óptimos únicamente son posibles con el concurso de las partes. De ahí los vaticinios de otro «impeachment», juicio político inevitable si Trump aspira a transformar en agenda de gobierno lo que hasta ahora ha sido una campaña basada en instintos muy básicos.

«You're fired»: El espectáculo como lema

La cuna política de Trump ha sido un reality show de gran éxito durante 14 temporadas titulado «El Aprendiz». La frase acuñada por el magnate durante su ascendencia televisiva fue «You’re fired» (estás despedido). El gran problema de Trump es que con esa mentalidad, que puede resultar entretenida en la cultura de masas, no tiene ningún recorrido en la cultura política de EE.UU. El ocupante de la Casa Blanca no puede «despedir» a ninguna de las otras piezas de un sistema político que va más allá de la separación de poderes y responde más bien a la idea de diferentes instituciones compartiendo un mismo poder. Como argumenta Richard Neustadt, el poder del ocupante de la Casa Blanca se basa fundamentalmente en persuadir, negociar y liderar.

Cobardía y oportunismo: Una opa sobre el partido republicano

Si Trump gana la presidencia, es muy posible que se encuentre con un nuevo Congreso donde el Partido Republicano sea la fuerza mayoritaria, aunque no lo suficiente para garantizar a la Casa Blanca un cheque en blanco. Los conservadores tendrán que plantearse ejercer su obligación constitucional de contrabalance. El problema es que hasta ahora los republicanos han reaccionado con una mezcla de cobardía y oportunismo hacia la opa hostil de Trump contra su partido.

Un mundo infeliz: Cuestionamiento de la política internacional

Durante la campaña, Trump ha renegado de una serie de principios básicos que han dominado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En materia de seguridad colectiva, Trump insistirá en que EE.UU. no debe asumir un coste desproporcionado en alianzas como la OTAN. Se ha declarado incluso partidario de fomentar la proliferación nuclear para limitar las responsabilidades de EE.UU. Con respecto al libre comercio, Trump ha prometido cuestionar toda una serie de acuerdos existentes y en proceso de negociación que a su juicio son una estafa.

Aislacionismo: Muro frente a México y el resto del mundo

Sin equipo, experiencia, nociones básicas de los grandes problemas que acechan el mundo o respaldo significativo por parte de la élite del Partido Republicano, el argumento central de Trump es que EE.UU. se encuentra en declive y es engañado sistemáticamente tanto por sus aliados como sus enemigos. Su objetivo pasa por restaurar toda esa grandeza perdida (Make America Great Again) mirando bastante más hacia dentro que hacia fuera. Posición aislacionista que incluye un muro con México y renegar de entendimientos alcanzados por Obama con Irán y Cuba. En este sentido, el trumpismo resultará especialmente apreciado por toda clase de regímenes autoritarios.

Seguridad nacional: Y dudosa legalidad

En materia de seguridad nacional, Trump quiere volver al indiscriminado espionaje electrónico y resucitar el uso de técnicas agresivas de interrogatorio, como waterboarding o simulación de ahogamientos. Ha prometido extremas limitaciones a la entrada a EE.UU. de musulmanes, ya sea como refugiados o inmigrantes legales. Frente a los intentos de la Administración Obama para desmantelar la prisión extrajudicial creada tras el 11-S, se ha comprometido a mantener el limbo de Guantánamo. Dice saber más que los generales del Pentágono y disponer de un plan secreto para acabar con el «califato» de Daesh.

Money, money: Camino de la bancarrota

Con cuatro bancarrotas y unas pérdidas declaradas de más de 900 millones de dólares en un año fiscal, la política económica de Trump es la de un especulador. Su tentadora promesa es multiplicar la riqueza de EE.UU. bajando impuestos, desregularizando y poniendo trabas a la globalización. Cree que el cambio climático es una patraña inventada por los chinos para dañar la economía americana. Ha prometido casi todo en materia de gasto público: multiplicar la inversión en defensa e infraestructura, austeridad y recortes, pero sin tocar las principales partidas de gasto social (pensiones y cobertura sanitaria de jubilados). Según algunas estimaciones, Trump añadirá 5,3 billones de dólares a la deuda nacional durante la próxima década.

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