La alternativa a Clinton es Bernie Sanders, el «Trump» de los demócratas

Su discurso populista tiene mucho en común con el del presidente electo de EE.UU.

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Wisconsin y Michigan fueron dos estados clave en la elección del martes. Obama consiguió grandes apoyos en 2008 y 2012 y, contra pronóstico, se le escaparon de las manos a Clinton. Forman parte del llamado "Rust Belt", el cinturón industrial en declive por la globalización y que es el caldo de cultivo del apoyo de la clase media trabajadora a Trump. Pero en estos estados precisamente –y también en New Hampshire, otro estado clave que cayó para Trump– había un demócrata con muchas mejores credenciales que Clinton. Bernie Sanders, el socialista que tuvo a la candidata demócrata contra la pared, se impuso en estos tres estados durante las primarias. El discurso populista de Sanders tiene mucho en común con el de Trump: la desafección con las elites, la oposición a los tratados de comercio, la inversión en infraestructuras…

Ayer muchos se preguntaban si Sanders habría ganado las elecciones a Trump. Los sondeos siempre le daban mejores números que Clinton en un hipotético enfrentamiento con Trump, y esa fue una de las bazas de su campaña. Pero más importante que eso es saber si esa es la línea que va a seguir el Partido Demócrata, ahora desconcertado y sin rumbo ante el fracaso no previsto de Clinton.

Sanders y otros pesos pesados izquierdistas –como la senadora Elizabeth Warren– tienen a su favor la capacidad de volver a recuperar parte del voto de la clase media blanca, en la que ya mostraron su fortaleza en las primarias. Y, sobre todo, cuentan con el respaldo de los "millenials". Sanders organizó un verdadero movimiento de activistas jóvenes desencantados con el establishment demócrata. Muchos de ellos se quedaron en casa el martes. Donde tendría más dificultades es en convencer a las minorías negra e hispana, cuyo peso demográfico cada vez cuenta más en las elecciones, y que le dieron la espalda en las primarias.

Vacío de poder

El ala izquierdista también podría aprovecharse del vacío de poder aparente en el partido. Las últimas presidentas de la formación se han visto salpicadas por escándalos durante la campaña: Debbie Wasserman Schultz tuvo que dimitir antes de la convención tras la publicación de emails que dejaban claro el trato de favor del partido hacia Clinton; otros emails han mostrado cómo su sucesora, Donna Brazile, movió hilos para pasarle a Clinton las preguntas de un debate durante las primarias y ponerle en ventaja frente a Sanders.