Armada Española

Una noche en Elcano, el buque escuela de la Armada

La actividad no cesa nunca y, tras el ocaso, se continúa trabajando y montando guardia

Verónica Sánchez / A. Vázquez

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A la lavandería del Juan Sebastián de Elcano se accede por un par de empinadas escaleras que bajan a las entrañas del buque. En dos pequeños habitáculos, ocho lavadoras, otras tantas secadoras y el material para lavar, suavizante, lejía, quitamanchas y detergente, del que se embarcaron antes de salir de Cádiz más de 1.000 kilos.

 

“Lavamos y secamos la ropa de los guardiamarinas y toda la dotación”, explica la marinero Tania Romero, una de las dos personas que se encargan de este importante servicio. Junto a su compañero Marcos Benegas, en dos turnos de 12 horas, lavan y secan las 24 horas del día, en total, 150 kilos de ropa por jornada. Además, como Tania realiza el turno de día (de 8.00 a 20.00 horas), cuenta con un soldado músico que le ayuda. Y es que, “todo el mundo lava una vez a la semana mínimo”, cuenta.

 

Entre 8.00 y 8.45 horas los reposteros (miembros de la dotación que se encargan del mantenimiento y servicios de las zonas de habitabilidad) de guardiamarinas, oficiales y, a veces también los de suboficiales (aunque cuentan con lavadora propia), recogen los sacos de ropa y la llevan a lavandería. Tania y Marcos se encargan de dividirla por colores antes de lavarla y secarla. Son las 20.00 horas y están realizando el cambio de turno. Comienza la noche para el marinero Benegas.

 

Panadería, lavandería y vigilancia son algunas de las labores nocturnas que se realizan en Elcano

Panadería, lavandería y vigilancia son algunas de las labores nocturnas que se realizan en Elcano / Autor: Antonio Vázquez

Un pan delicioso en Elcano

Son las 21.30 horas y el marinero Alejandro Román entra por la puerta de la cocina del Juan Sebastián de Elcano. Comienza su jornada laboral que, si todo va bien, terminará sobre las 5.00 horas. Es el panadero de este barco y de sus brazos salen cada día 20 teleras rústicas y entre 60 y 90 barras de pan. Y la dedicación que pone en su trabajo se refleja en ellas. Porque el marinero Román, en ello coincide toda la dotación, hace “un pan delicioso”.

 

Es su segundo crucero de instrucción y el primero como panadero, puesto que ocupó tras pedir el anterior encargado licencia de estudios. “Mis jefes consideraron que, por mi forma de ser, activa, era el adecuado para el turno de noche, me lo ofrecieron y acepté”, cuenta mientras comienza a amasar las primeras teleras del día. Para formarse, estuvo seis meses en la Escuela de Hostelería de la Armada en Ferrol, allí le enseñaron a amasar el pan con harina, pero él lo hace con aceite, como su antecesor en el puesto. “La harina cumple la función de que el pan no se pegue, al igual que el aceite, y éste es mucho más higiénico y fácil de limpiar”, explica.

 

De sus manos no solo sale el pan que se comerá en el Elcano durante el día, también ricos preñaditos (masa de pan rellena de queso, embutido y orégano) y paninis muy valorados por el personal de guardia. Un marinero de refuerzo es el encargado de repartir el tentempié de 23.30 a 00.30 horas y de 3.30 a 4.30 horas en las cámaras de oficiales, suboficiales y marinería, “para que la gente que está de noche tome algo caliente”, cuenta Alejandro. Además, los viernes hace bizcocho para la dotación, por lo que ese día la jornada se prolonga un poco más, hasta las 7.00 horas.

 

Hombre al agua

Al final del barco, en la parte más a popa, aguantando el frío de la noche y permanentemente alerta se encuentra el guindola. Un puesto tan exigente que el relevo se produce cada media hora. Su labor es vigilar por si alguien cayese por la borda del bergantín-goleta. Si eso ocurriese, primero debería dar la voz de alarma al puente de mando, con el que está permanentemente conectado por una línea segura de teléfono que funciona con la voz, sin necesidad de electricidad y, seguidamente, lanzar por la popa una balsa especial que tiene en su puesto.

 

Ante ‘hombre al agua’ el Juan Sebastián de Elcano sigue un procedimiento completo, ya que al navegar a vela no cuenta con capacidad de giro y, para frenar, necesitaría cargar (recoger) velas, lo que supondría una maniobra larga. Además de la actuación del guindola, la dotación lanzaría cualquier rosco (flotador) que tiene el barco y siempre, de los botes a babor y estribor, cuelgan cabos para que la persona que caiga pueda agarrarse a ellos.

 

Viene borrasca
Son las 6.00 horas y en el puente de mando, mediante la caña (timón) se corrige a mano el abatimiento (desviación del rumbo) del buque escuela. El viento es de componente oeste y vamos amurados a babor, lo que hace que el barco se desvíe de la trayectoria establecida, algo que se intenta corregir con la caña para cumplir tanto con la derrota (lugar por el que se ha determinado que debe ir el barco de un punto a otro) como con el tiempo de navegación. Ello exige que el personal de guardia en este lugar del barco realice una vigilancia intensiva. Al frente de ellos está el teniente de navío Alberto Hernández que, además, es el meteorólogo del barco. “Cuidamos no modificar mucho la velocidad relativa porque si lo hacemos habría que cambiar velas y eso exigiría despertar a la dotación”, explica.

 

Además, algo inquieta a este marino que lleva destinado en el Elcano desde agosto y antes realizó la 21 Campaña Antártica a bordo del buque hidrográfico ‘Hespérides’. A su salida de Las Palmas, la próxima semana, se encontrarán con una borrasca. Por ello, tras estudiar el frente, presentará al comandante un informe con las opciones que tienen para superarlo. No obstante, el teniente de navío Hernández advierte, antes de 72 horas las previsiones meteorológicas (que realizan a través de las predicciones de Aemet y la observación llevada a cabo en el barco) no son del todo fiables para tomar decisiones.

 

Por ello, cuando le preguntamos por el cruce del cabo de Hornos que, como ha señalado el comandante del Elcano, solo se realizará si las condiciones meteorológicas son favorables, advierte, “es una zona muy cambiante, en la que hay cinco depresiones que están dando vueltas. Se trata de dar un salto a la comba y entrar entre la que se va y la que llega. Por ello, afrontaremos la decisión en las últimas 72 horas”.

 

El teniente de navío Hernández se sabe al dedillo las características de las nueve zonas climatológicas que abarca el 90 crucero de instrucción del Elcano. No en vano, realizó el estudio de las mismas antes de Navidad.

 

Despunta el alba. A las 7.00 horas tocan diana. Dentro de 60 minutos acaba su turno de guardia, pero no su jornada, a las 8.00 horas tiene el primer ‘briefing’ de meteorología del día con el comandante, el segundo comandante, el tercer comandante, el ayudante de derrota y el jefe de maniobra. En él verán cómo afronta el Juan Sebastián de Elcano el día. Y a las 19.00 horas, se lleva a cabo el segundo ‘briefing’ para preparar el barco para la noche. La actividad sigue, nunca para en esta pequeña ciudad a vela.

Panadería, lavandería y vigilancia son algunas de las labores nocturnas que se realizan en Elcano