ARMADA ESPAÑOLA

Un poema para la guardiamarina del Elcano

Tras visitar el buque escuela en Río de Janeiro, un escritor brasileño ha querido dedicarle unos versos a la alumna de la Escuela Naval Militar

Verónica Sánchez

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El primer puerto suramericano que tocó el Juan Sebastián de Elcano durante su 90 crucero de instrucción, que está realizando actualmente, fue Río de Janeiro. Lo hizo del 25 de marzo al 1 de abril y allí, durante las jornadas de puertas abiertas que realizó el bergantín goleta español, junto a los otros buques escuela de Armadas latinoamericanas participantes en la regata ‘Velas Latinoamérica 2018’, recibió la visita de más de 7.500 brasileños.

Entre estos ciudadanos que quisieron conocer la ’embajada flotante’ española estaba el escritor brasileño Cláudio Alves, más conocido por su pseudónimo, Lasana Lukata. Tras su visita y después de haber conocido a Carmen Názara, la única mujer guardiamarina de los 61 alumnos de la Escuela Naval Militar que realizan el 90 crucero de instrucción del Elcano, el poeta brasileño ha escrito un poema dedicado a ella. “La vida en el mar es muy difícil y me gustaría darle esta alegría”, explica Lasana Lukata a LA VOZ. Cuando visitó el barco, el poeta entregó a la guardiamarina uno de sus libros, “lo recibió para dejarlo en la biblioteca”, lo que a Lukata le causó “gran alegría”, cuenta.

A continuación, reproducimos el poema, que Lasana Lukata ha remitido a este periódico, tanto en portugués, “con el fin de no perder el estrato fónico de la poesía y rimas y otros sonidos”, como señala el poeta, como traducido al español.

El flechazo

I
vai poema com as garças pelos mares
(a garça clareia-se abismo)
vai por mãos de duas guardas-marinhas
de México e Espanha.
quantos livros me chegaram de navio…
nada foi por avião.
sim, eu tenho a paciência dos navios.
poeta pobre à espera dos navios.
não, não falo de improviso,
as palavras catequizo.
vai poema na velocidade de 10 nós,
vai com cisne, pelicano, albatroz,
vai ao vento, vai à vela, a palo seco,
mulher, me deixa apenas beijar orquídeas
dos teus becos;
vai com as asas da coruja de Minerva,
sempre verde, sobrevoa, sobremodo,
sobretudo, sobrevive,
vai fazer viagens que não pude,
fui marujo de açude, mareado verso rude,
não passei pelo batismo do equador,
não detenho este líquido diploma,
há no céu pesadas nuvens ressentidas
com esta linha que divide em hemisférios.

II
dentro da Armada Española
busquei por ti Amada Española
com um porquê irrespondível e sem cura,
este lirismo que me mata,
pisando a pata numa rima
enlouquece todo o verso;
por ti seis meses mapeei o oceano;
por ti seis vezes visitei o Elcano,
buscando pano para o poema;
por ti seis vezes revistaram minha bolsa,
só havia o teu retrato no castelo de proa tão infanta,
e os ventos entusiasmavam teus cabelos
como espias desfiadas, assediadas pelo mar.
encabritavam-se os navios esporeados pelas ondas,
pelo tridente de Netuno,
sim, Elcano, teus mastros tocam astros
quando em ondas de ternuras,
as velas dos veleiros são os papiros das aves
e uma ave o nome dela, a cada voo, em cada vela,
escandalosa, escreve nas alturas
com água, goma arábica e fuligem…

quando Netuno embarca no poema,
não tem sujeito, objeto,
quem comanda é o verbo,
tudo é delírio, fluidez…
não, não quero o mundo,
sou farol abandonado onde garças fazem ninho,
sou sempre o fora do tempo e do espaço,
do sextante e do compasso,
basta circunfuso rodear-me de teus olhos,
naufragar é desejar profundamente,
o búzio ainda canta o som do teu sorriso,
tuas mãos de areia ainda sinto o teu aperto,
o Princípio da Solidariedade, a coletividade do mar,
nesta tarde de outono, a bordo do Elcano,
antigo como um buque ofereço-te um buquê,
girassóis ensolarados,
continuando o mês de março sobre a terra
e que não seja coberto pelas águas.
rasas como este rio estão as almas.
e quando tudo fragmenta,
desencadernadas pelos ares,
disperso-me nas garças.

El flechazo

I
Va el poema con las garzas por los mares
(la garza se aclaró al abismo)
va en las manos de dos guardiamarinas
de México y España.
Cuántos libros me llegaron del barco…
nada fue por avión.
Sí, tengo la paciencia de los barcos.
Poeta pobre a la espera de los barcos
no, no hablo de improviso,
las palabras catequizo.
Va el poema a la velociedad de diez nudos,
va con el ciste, el pelícano, el albatros,
va al viento, a vela, a palo seco,
mujer, me deja solo besar orquídeas
de tus callejones;
va con las alas del búho de Minerva,
siempre verde, sobrevuela, ante todo,
sobre todo, sobrevive,
y no hay que olvidar,
fui marinero de estanque, mariado verso rudo,
no pasé por el bautismo del Ecuador,
no poseo ese líquido diploma,
hay en el cielo pesadas nubes resentidas
con esta línea que divide en hemisferios.

II
Dentro de la Armada Española
busqué por ti Amada Española
con un porqué irresponsable y sin cura,
Este lirismo que me mata
pisando la pata en una rima
enloquece todo el verso;
por ti seis meses mapeé el océano;
por ti seis veces visité el Elcano,
buscando paño para el poema;
por ti seis veces revisaron mi bolsa,
solo había tu retrato en el castillo de proa, tan infanta,
y los vientos movían tus cabellos
como espías deshilachadas, asediadas por el mar.
Se encabritaban los barcos movidos por la olas,
por el tidente de Neptuno,
sí, Elcano, tus mástiles tocan astros
cuando en ondas de ternuras,
las velas de los veleros son los papiros de las aves
y un ave el nombre de ella, a cada vuelo, en cada vela,
escandalosa, escribe en las alturas
con agua, goma arábiga y hollín…
Cuando Neptuno se embarca en el poema,
no tiene sujeto, objeto,
el que comanda es el verbo,
todo es delirio, fluidez…
No, no quiero el mundo
soy un faro abandonado donde las garzas hacen su nido,
estoy siempre fuera del tiempo y del espacio,
del sextante y del compás,
basta con rodearme de tus ojos,
naufragar es desear profundamente,
la caracola todavía emite el sonido de tu sonrisa,
todavía siento el apretón de tus manos de arena,
el principio de la solidaridad, la colectividad del mar,
en esta tarde de otoño, a bordo del Elcano,
antiguo como un buque te ofrezco un buque,
girasoles soleados,
continuando el mes de marzo sobre la tierra,
y que no esté cubierto por las aguas.
Rasas como este río están las almas,
y cuando todo explota,
deshechas por los aires,
me disperso en las garzas.