Diario de abordo

Cuando el dios Neptuno visitó el Juan Sebastián de Elcano

La dotación del buque escuela celebró con una tradicional ceremonia su cruce de Ecuador

Verónica Sánchez

Compartir

El pasado 12 de marzo a las 12.41 horas (horario peninsular, dos horas menos en el huso horario del buque) el Juan Sebastián de Elcano cruzaba el Ecuador, en su tránsito hacia la ciudad brasileña de Río de Janeiro. Pasaba así del hemisferio Norte al Sur y de invierno a verano. Y, como es costumbre, la dotación y los guardiamarinas del bergantín-goleta lo celebraron al día siguiente, el martes 13 de marzo, con una tradicional ceremonia que explican a la perfección en el ‘vida a bordo’ con el que se puede seguir el día a día del buque en la página web de la Armada Española.

 

Como cuentan desde el Elcano, el dios Neptunovisita todos los barcos de la Armada la primera vez que cruzan el Ecuador en una campaña”, como marca el Ceremonial Marítimo (documento que complementa a los reglamentos y en el que se explican aspectos como la conducta personal a bordo, el saludo naval, las ceremonias cotidianas o los acontecimientos extraordinarios, dentro de los que se encuentra el paso del Ecuador). Que dice así: “El momento de cruzar la línea se marca con un repique de la campana, pero el resto de la fiesta admite cierta latitud para que pueda celebrarse por la mañana. No es propiamente una ceremonia sino la parodia humorística de una ceremonia que realiza la marinería de un barco al cruzar el ecuador por primera vez en una campaña”. No obstante, “es un acontecimiento que, lamentablemente en los tiempos que corren, pocos barcos tienen la ocasión de celebrar, por lo que debemos limitarnos a describir someramente la que todos los años se hace en el Juan Sebastián de Elcano”.

 

El dios Neptuno ha visitado el Elcano 58 veces, aunque el barco ha cruzado el Ecuador en 121 ocasiones. ¿Y en qué consiste esta visita? Pues uno de los cabos veteranos se disfraza del rey Neptuno e interpreta su papel, tomando el mando del barco y llevando a cabo una “desorden” que sustituye a la orden diaria y que, en la práctica conlleva, por ejemplo, intercambio de galones: el contramaestre se convierte en gaviero o un alférez de navío en cocinero.

 

Bautizos, juegos y vuelta a la normalidad

La dotación se prepara para la llegada del ‘rey de los mares’ disfrazándose y también se produce, como cuentan en el ‘vida a bordo’, “el tradicional intercambio de palas entre oficiales, guardiamarinas, suboficiales y marineros”. A las 10 horas llegó el dios Neptuno, acompañado de su verdugo y de dos ninfas, dirigiéndose “en procesión al puente de gobierno donde el comandante le ‘cedió’ el mando del Juan Sebastián de Elcano”.

 

Así, se procedió a la presentación al dios Neptuno de los ‘neófitos’ (personal que ha cruzado el Ecuador por primera vez) y a su bautizo en unas aguas ‘sospechosamente turbias’. Además, les gasta bromas y les exige tributos (parte de su cabello o barba).

 

A medio día, terminados los bautizos, se realizó el campeonato de ‘tira soga’, “después de una ardua batalla, el equipo de la brigada de Maniobra venció a los ‘veteranos’ (el equipo de los suboficiales) erigiéndose como justos ganadores de la competición”, explican desde el barco. Para después celebrar una comida en cubierta con toda la dotación.

 

Por la tarde, el dios Neptuno junto con el comandante del Juan Sebastián de Elcano entregaron los premios a los ganadores de los juegos (ya el lunes por la tarde tuvieron lugar algunas competiciones como la carrera de huevo con cuchara), así como los diplomas a los bautizados.

 

Tras ello, el rey Neptuno devolvió el mando al comandante del Elcano, el capitán de navío Ignacio Paz y “de repente el barco volvió a la normalidad”, explican. Un “día para el recuerdo”, cumpliendo tradiciones marinas, que el Juan Sebastián de Elcano ha vivido un mes después de zarpar de Cádiz para realizar su 90 crucero de instrucción. Por delante, Río de Janeiro, la vuelta a Suramérica, la participación en la regata ‘Velas Latinoamérica’, el hito de cruzar el cabo de Hornos y, sobre todo, cumplir la misión, siendo la embajada flotante de España en los puertos a los que llegue y contribuyendo a la formación integral de los guardiamarinas. Y es que, quedan muchas singladuras en el horizonte del buque escuela de la Armada.