Agricultura

«Nuestro aceite aúna el sabor del olivar tradicional con las ventajas del cultivo en seto»

Entrevista al consejero delegado de la finca Cortijo El Puerto

Enrique de la Torre se propone dar un salto de calidad en el olivar de almazara
Enrique de la Torre se propone dar un salto de calidad en el olivar de almazara - J. M. SERRANO
INMA LOPERA Sevilla - Actualizado: Guardado en:

La «reinvención» de la familia De la Torre Liébana, con fuerte arraigo en el olivar tradicional de Jaén, se llama Cortijo El Puerto, la finca sevillana que consolida un nuevo concepto de olivicultura, en el que tradición y vanguardia se dan la mano. Tras este proyecto se encuentra Enrique de la Torre, quien tras adquirir la finca situada en Lora del Río en el año 2012 se propone dar un salto de calidad en el sector del olivar de almazara, apostando por el cultivo superintensivo y por el sistema de producción ecológico, pero sin renunciar a la cualidades oleícolas que confieren las variedades de aceitunas más clásicas.

Así, apoyándose en los pilares de la ecología y la agricultura de precisión, ha logrado adaptar al cultivo en seto y a la recolección mecanizada variedades como la hojiblanca, picual, cornicabra y picudo, produciendo aceites muy estables y a un menor coste que están triunfando en los concursos internacionales. Junto al olivar conviven almendros, siendo Cortijo El Puerto la primera finca de Andalucía en producir almendras bajo el cultivo en línea.

—El éxito que están cosechando los aceites de Cortijo El Puerto tienen su origen en el olivar. ¿Qué peso tienen dentro de la finca?

—La finca tiene unas 120 hectáreas y aproximadamente el 80% son de distintas variedades de olivar en superintensivo. Apostamos plenamente por el cultivo en seto, por la utilización de las nuevas tecnologías y por la ecología, pues todas las producciones de la finca son ecológicas. El segundo cultivo en importancia es el almendro. Lo primero que hicimos fue optimizar el espacio al máximo, plantando todos los árboles con GPS, para hacer calles perfectamente trazadas que faciliten la recolección mecanizada.

La finca sevillana innova adaptando variedades clásicas como hojiblanca al sistema superintensivo

—¿El olivar ecológico se adapta bien al sistema en superintensivo?

—Sí, aunque no es muy común. Para cumplir con la normativa de la agricultura ecológica sólo hay que hacer algunos ajustes, como abrir un poco más las calles con objeto de poder implantar cubiertas vegetales, que en nuestro caso son de semillas autóctonas y floración escalonada, para mantener fértil el suelo y fomentar la biodiversidad en la finca.

—Vuestros aceites incluyen distintas variedades de aceitunas. ¿Cómo se adaptan al sistema en línea?

—Tenemos sembradas distintas variedades de olivar en seto para recolectar la aceituna escalonadamente y en su momento óptimo. Actualmente nuestra base principal son aceitunas como arbequina y arbosana que funcionan muy bien en seto, pero luego tenemos variedades más clásicas que llevan siglos cultivándose en Andalucía bajo el sistema tradicional o intensivo pero que no se han llevado al superintensivo, como son la aceituna hojiblanca, picual, picudo y cornicabra. Quisimos hacer ensayos a ver cómo evolucionaban en el cultivo en línea y hasta ahora mismo estamos muy contentos con los resultados. Por tanto, es posible mecanizar la recolección de estas aceitunas tradicionales, hacerlo en un tiempo récord y con costes muchos más bajos a los que conlleva la recogida manual. El año pasado lanzamos por primera vez al mercado aceite procedente de hojiblanca, picual y picudo cultivadas en seto, siendo pioneros en aunar el sabor de las variedades tradicionales con las ventajas del cultivo en superintensivo.

—¿Cómo se puede adaptar el olivar tradicional para la recogida de la aceituna mecanizada?

—Es relativamente sencillo, aunque estas variedades tradicionales tienen más gasto de poda, al ser olivos más vigorosos y menos flexibles. No obstante, ese desembolso extra se compensa con el ahorro que supone meter la máquina cabalgadora para coger la aceituna. Podemos adaptar casi todas las variedades, exceptuando quizás la gordal sevillana, con la que no se han hecho pruebas al tener rendimientos de aceite muy bajos.

—El olivar manzanillo, característico de la provincia de Sevilla, está en retroceso por su falta de rentabilidad. ¿También es adaptable?

—Sí. Y se está adaptando bien. De hecho, en el Aljarafe ya hay agricultores que tienen 50 y 60 hectáreas de manzanilla sevillana en superintensivo y parece que el cultivo va muy bien. Nosotros tenemos la manzanilla cacereña en seto, con buenos resultados. El futuro del olivo está en la búsqueda de nuevas variedades adaptadas al sistema superintensivo, olivos de porte enano que entren en producción rápido. ¿Qué hacemos entonces con las variedades tradicionales? No queda otra que adaptarlas. Por eso hay que seguir investigando y haciendo ensayos, pues no podemos perder aceitunas que dan aceites espectaculares porque no seamos capaces de mecanizar su cultivo.

—¿Cómo se prevé la próxima campaña en Cortijo El Puerto?

—El año pasado tuvimos una producción buena, unos 400.000 kilos, y este año será mala, pero no nos importa. Preferimos sacrificar la cosecha de este año, que será apenas de 100.000 kilos, para formar bien el árbol en seto, para poder llegar al año que viene a unos 700.000 kilos, y así ir acercándonos al millón de kilos donde queremos situarnos. Nuestro objetivo está en la campaña 2017-2018, que es cuando esperamos una cosecha fuerte. Mientras, nos hemos dedicado a hacer marca, sacando al mercado una edición pequeña de aceite de oliva en botella y hemos trabajado en la distribución, para que cuando llegue 2017 tengamos la red comercial hecha. De hecho, nos presentamos a concursos para testear los mercados y analizar si nuestro aceite tendría o no cabida.

—Concursos en los que, pese a la juventud de los aceites, han cosechado un buen palmarés...

—No nos podemos quejar. Conseguimos cinco premios Mezquita de Córdoba 2016 a la colección Granja y dos medallas de oro para las variedades hojiblanca y arbosana en los Premios Internacionales del Aceite de Oliva de Nueva York. En Terraolivo, en Jerusalén, obtuvimos seis medallas de oro, y ahora el diseño y packanging de la exclusiva colección Granja ha sido reconocido con una nominación en los Pentawards 2016 que se fallarán el próximo día 23. Hasta ahora hemos embotellado una edición limitada, ya que esperamos poder ampliar producción en 2017-2018 y tener nuestra propia almazara, para molturar también en nuestra finca.

—¿Cómo va a ser esta almazara?

—Será una almazara ecológica al cien por cien, pues no sólo la producción que va a molturar lo es, sino que hemos medido mucho que el edificio sea bioclimático y sostenible. Ocupará unos 3.000 metros cuadrados y tendrá una capacidad para molturar unos dos millones de kilos por campaña. La primera piedra se colocará a principios de 2017 y en un año esperamos que estén las obras terminadas. La idea es ganar en volumen y vender todo nuestro aceite embotellado y con nuestra marca, apostando por el mercado nacional pero también por la exportación. De hecho, ya estamos moviendo distribuidores en Estados Unidos y entablando conversaciones con otros países de destino, pero no nos vamos a olvidar de España ni del mercado local, apostando también por el comercio de proximidad.

—Las cotizaciones del aceite son bastante buenas actualmente, pero ¿cree que la tendencia por el olivar superintensivo puede influir a la larga en la formación de unos precios más ajustados?

—El olivar superintensivo ha llegado para quedarse. Las cuentas salen mejor con este sistema de producción, pero no creo que eso lleve a una bajada de los precios mundiales. Las cotizaciones las marca el mercado y el consumo, y el cultivo en línea lo que va a hacer es que, cuando lleguen tiempos difíciles para el agricultor, el que tenga olivar tradicional probablemente pierda dinero, el que tenga intensivo sólo recuperará costes y el que tenga superintensivo obtenga rentabilidad.

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