ENTREVISTA

Juan Carlos Juárez: «Hay fondos extranjeros estudiando su desembarco en el agro andaluz»

El director de Gilmar en Andalucía Occidental cree que una política hídrica adecuada, transformando en regadío el maximo número de hectáreas posibles, cambiaría la economía de la región

Juan Carlos Juarez en la oficina de Gilmar en la avenida República Argentina
Juan Carlos Juarez en la oficina de Gilmar en la avenida República Argentina
LUIS MONTOTO/INMA LOPREA - @lmontotor Sevilla - Actualizado: Guardado en:

En los últimos meses se están fraguando diversas iniciativas que implican un cambio de tendencia en el modelo de inversión en el negocio agrícola en Andalucía. En la base de estos movimientos late, en parte, la poca rentabilidad de las opciones tradicionales (con los tipo de interés a cero la banca no puede remunerar el ahorro y la Bolsa atraviesa una etapa de incertidumbre). En paralelo, han surgido empresas de gestión agraria muy profesionalizadas que hacen que los rendimientos de una finca sean más predecibles que en el pasado. «Hay un incipiente interés de la inversión extranjera por entrar en el agro andaluz, y eso requiere que se tecnifique la gestión de la intermediación en la compraventa de fincas», indica Juan Carlos Juárez, director de Gilmar en Andalucía Occidental. De hecho, esta consultora ha creado un departamento especial para gestionar este mercado porque «así lo justifica el potencial de Andalucía, que es la región europea más importante en este segmento».

—¿Hay inversores extranjeros interesados en entrar en el agro andaluz?

—Hay dos aspectos distintos. Por un lado está la finca de recreo, donde el descenso en la cotización ha sido enorme porque el comprador típico era el empresario del ladrillo, para el que la demostración de estatus era más importante que el precio, y además solía contar con financiación bancaria. Este segmento ha sufrido un batacazo agravado por el hecho de que la rentabilidad de la explotación cinegética también es menor debido a la caída de los precios. Por otro lado está la finca de labor, tanto de secano como de regadío, que ha sufrido un descenso en los precios pero ni mucho menos como en las de recreo, ha mantenido cierta estabilidad y ahora se está recuperando claramente.

—¿Existe una demanda clara en la compra de fincas de labor?

—Sin ninguna duda. Los tipos de interés están bajos y la previsión a medio y largo plazo es que se mantengan así. La rentabilidad de los bonos de deuda es muy baja y los principales bancos españoles están cerrando operaciones con una rentabilidad del 1,6% a quince años a tipo fijo. Europa puede entrar en lo que se llama una japonización, una situación de mercado en el que hay largas etapas sin crecimiento, con muy poca inflación. En ese contexto, una rentabilidad media de la inversión del 3,5% como las que proporciona una finca agrícola bien gestionada es interesante. Hay inversores estudiando el mercado y los bancos ven con buenos ojos la financiación parcial de la compra de explotaciones agropecuarias. A esto se le suma que estamos en un buen momento de precios, con lo cual en las operaciones en el agro puede haber una significativa plusvalía latente. Todo ello explica que haya fondos de inversión americanos en ingleses, inclusive asiáticos, que ven con buenos ojos la posibilidad de invertir en el agro español.

—Ha habido inversiones extranjeras en fincas de recreo de Andalucía y Extremadura. ¿Es un cambio de tendencia también en este segmento?

—Es cierto que ha habido operaciones relevantes de inversores extranjeros, fundamentalmente de Países bajos y Francia, pero en parte ha sido por el buen contexto de precios. La situación actual es que las fincas de caza no se han recuperado porque aún no se ha reactivado el interés del mercado nacional.

—Hay un gran interés en explotaciones de almendro y olivar, pero en tierras de regadío…

—Esto demuestra que hay un potencial de crecimiento agrícola espectacular en Andalucía si se hace una política hídrica adecuada. Las administraciones deben estudiar cómo se puede transformar la mayor parte posible de la tierra en regadío. Hay zonas donde debe ser posible porque existe poca tensión hídrica, como ocurre por ejemplo en Huelva y muy especialmente en la zona del Sur Andévalo. También habría que procurar que los derechosde agua se cumplan para que esto se pueda traducir en inversiones. Andalucía ya tiene una calidad en las tierras y un clima privilegiado, con lo cual si se hacen las cosas bien en la gestión del agua la generación de riqueza podría ser muy relevante. Almería es un ejemplo suficientemente ilustrativo del gran poder de transformación económico que tiene una agricultura moderna.

—¿La rebaja del coste energético en el regadío también puede ser un acicate para las inversiones?

—Se ha legislado de forma equivocada en contra del autoconsumo, contradiciendo incluso las directivas comunitarias. Parece que esto puede cambiar porque el nuevo Gobierno entrará de lleno en la cuestión energética. Lo que está claro es que un buen sistema de autoconsumo en las explotaciones agropecuarias es vital para favorecer la rentabilidad de las fincas, además de un avance medioambiental. Y no es solo una cuestión de precio, es que las infraestructuras de electricidad que llegan a las fincas y explotaciones agrícolas adolecen, en ocasiones, de la potencia necesaria.

—La intermediación de fincas en Andalucía ha estado tradicionalmente en manos de corredores. ¿Hay hueco para otro tipo de actores?

—Siento un enorme respeto por este sector tan tradicional. Un buen corredor merece todas las alabanzas porque su conocimiento del día a día del mercado es muy remarcable. Sin embargo, creo que en el siglo XXI también hay espacio para una gestión más tecnificada de las operaciones de compra-venta en el negocio agrícola. En las últimas décadas ya se ha vivido una profesionalización muy importante en la gestión de las fincas, con profesionales de una enorme cualificación, y esto es clave para que ahora pueda existir un interés entre los inversores. Gracias a esto, ahora el sector de la intermediación puede hacer el mismo recorrido hacia la profesionalización para atraer compradores que tengan la certidumbre de que las rentabilidades que esperan para su inversión son reales. Por eso en Gilmar decidimos hace ya muchos años crear un departamento especializado en fincas y ahora hemos abierto una oficina específica en Sevilla para centrarnos en Andalucía que, junto con Extremadura, tiene las mejores fincas de toda Europa.

—Entre las grandes fortunas andaluzas existe una cierta tendencia a invertir en fincas. ¿Esto es extensible a inversores de otras regiones de España?

—La realidad es que patrimonios grandes y medianos de Madrid prefieren inversiones en el sector financiero y en el ladrillo y, si miran a la tierra, es más en la vertiente recreativa que en la agropecuaria. En Andalucía se da el el giro contrario, hay una tendencia muy acusada a la inversión agrícola, ya que se tiene un conocimiento muy exhaustivo de este sector, y después hay una preferencia por el ladrillo, y ello debilita la inversión hacia el sector financiero. En este contexto, una de nuestras obligaciones como consultores especializados es evitar que el campo sea un negocio endogámico. Hemos hablado antes de inversiones en infraestructuras hidráulicas y de hacer más eficiente la energía, y eso requiere inversión. Por ello, creo que atraer capital de otras regiones de España y también de otros países enriquecerá a este sector y beneficiará al crecimiento de la economía andaluza.

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