Las «fintech» han creado tarjetas todo en uno que funcionan como dispositivos digitales
Las «fintech» han creado tarjetas todo en uno que funcionan como dispositivos digitales - FOTOLIA

Tarjetas bancarias inteligentes o cómo llevarlas todas en un solo dispositivo

Existen «gadgets» a los que vincular el resto de los «plásticos» en nuestro haber y aligerar el peso de la cartera

MADRIDActualizado:

Imagínese que un día abre su cartera y solo lleva una tarjeta encima, en lugar de un par de crédito y otras tantas de débito. Los españoles tenemos, de media, unas dos tarjetas. No hay duda de que los plásticos, junto con el efectivo, siguen dominando la forma como los consumidores abonan sus compras. Pero las compañías «fintech» quieren relegar las típicas tarjetas tal y como las conocemos hasta ahora a meras antiguallas.

Lo que hace unos años parecía ciencia ficción, hoy está más cerca que nunca. Una de las últimas tendencias son las tarjetas todo en uno. Algo así como una tarjeta para gobernarlas a todas. Un dispositivo al que vincular el resto de los «plásticos» en nuestro haber y aligerar el peso de la cartera.

¿Cómo funcionan las tarjetas «todo en uno»?

Técnicamente, son tarjetas prepago, ya que no están vinculadas a ninguna cuenta ni ligadas a una línea de crédito. El funcionamiento de las tarjetas «all-in-one», como se las ha bautizado en inglés, es sencillo: mediante una aplicación móvil, su titular vincula al dispositivo sus tarjetas de crédito y de débito, de manera que una vez ligados los distintos medios de pago, solo hace falta llevar una tarjeta encima, señalan desde el comparador de tarjetas HelpMyCash.com. Cuando se acude a un cajero automático o a una tienda, se utiliza la tarjeta inteligente y su dueño decide en qué banco se carga cada compra o cada extracción de efectivo. Una idea simple y sencilla.

Pero las «fintech» no se han conformado únicamente con crear tarjetas todo en uno, sino que las han convertido en dispositivos digitales. Algunas tienen pequeñas pantallas en las que aparece la tarjeta seleccionada en cada momento e incluyen botones para cambiar de una a otra. Eso sí, aligerar el peso de nuestra cartera tiene un precio que no las hace aptas para todos los bolsillos.

Hasta 155 dólares por vaciar la cartera

Las tarjetas Fuze y Swyp cuestan 129 dólares y 79 respectivamente. La primera puede adquirirse por Internet en la tienda de la compañía, mientras que actualmente Swyp no realiza envíos tras haberse agotado su primera remesa. Coin, que abrió sus puertas en noviembre de 2013, fue la primera compañía en prometer una tarjeta de este tipo. El artículo disponía de una pantalla y tenía un coste de 100 dólares. Más cara era Plastc, cuyo precio se situó en 155 dólares.

Incluso si estamos dispuestos a renunciar a la última tecnología tendremos que sacar la chequera. Otras propuestas como Stratos, que carece de pantalla sobre su anverso (actualmente no acepta nuevos miembros), tiene un coste de 95 dólares por un año. Cabría preguntarse si vale la pena abonar tamaña cantidad de dinero por una tarjeta, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de nosotros estamos acostumbrados a no pagar cuotas de emisión ni de mantenimiento por las tarjetas de crédito y débito que contratamos. Lógicamente, si no tenemos varios plásticos que vincular, la respuesta parece negativa. Pero si somos de los que llevamos un buen surtido de tarjetas encima, puede ser la solución para vaciar la cartera.

Pero hay propuestas más baratas, incluso a coste cero. Es el caso de la tarjeta Curve, que se comercializa por 50 libras si se solicita el modelo de color negro y gratis si se pide en azul. No podremos presumir de llevar una tarjeta con pantalla, pero dispondremos de un plástico al que asociar el resto de nuestras tarjetas Visa y Mastercad de débito y de crédito a coste cero.

¿En qué se diferencia del pago con móvil?

Se trata de un concepto distinto. Mientras que el pago con móvil requiere sí o sí llevar el móvil encima, con las tarjetas todo en uno no es imprescindible si el dispositivo tiene integrados los botones necesarios para ir cambiando de tarjeta sin utilizar ninguna app. Además, mientras que el pago con móvil solo se acepta en dispositivos contactless y en España no todos los datáfonos están adaptados, algunas tarjetas all-in-one tienen chip y banda magnética, por lo que no es necesario que el TPV disponga de la tecnología sin hilos.

Pero no todo son ventajas. Para empezar, su precio puede asustar a más de uno. Además, aunque no todas requieran el móvil para escoger en qué tarjeta se va a cargar cada compra, sí exigen disponer de la aplicación correspondiente para vincular los plásticos. Además, si se trata de tarjetas inteligentes, con pantalla y pulsadores, será necesario cargarlas. Por último, no todas están disponibles. Mientras que Curve y Fuze pueden solicitarse, para otras como Swyp hay lista de espera, ya que actualmente no se están emitiendo. Y algunas otras, directamente, han dejado de circular.

La carrera de las tarjetas ‘todo en uno’ no ha sido fácil

Aunque parecía ciencia ficción, el futuro se convirtió en una realidad con el lanzamiento de Coin en 2013. De hecho, tal fue la euforia generada que la compañía alcanzó su objetivo de 1.000 reservas en solo 47 minutos cuando se inauguró, sumando un volumen de 50.000 dólares en presolicitudes. Y es que la idea sonaba bien: combinar todas las tarjetas en un solo dispositivo. Finalmente, Coin vendió su tecnología a FitBit y dejó de producir tarjetas.

Tras el lanzamiento de Coin llegó Plastc en octubre de 2014, una compañía que prometía lanzar una tarjeta inteligente capaz de vincular hasta 20 tarjetas de crédito y débito distintas a la vez. El fervor por este tipo de productos no cesó y la empresa consiguió levantar hasta 9 millones de dólares gracias a las 80.000 reservas de clientes que habían pagado 155 dólares por cada tarjeta. Una decepción para todos ellos, ya que la compañía echó el cierre el pasado 20 de abril sin haber enviado ni una sola tarjeta, por la incapacidad de conseguir el capital necesario tras varias rondas de negociación con inversores fallidas.