Imagen de la central de Garoña
Imagen de la central de Garoña - ICAL
OPINIÓN

El mito de la energía nuclear barata

Borrar del mapa las instalaciones de las centrales nucleares está suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para los países con reactores cercanos a la edad de jubilación

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Desde el origen de los tiempos viene siendo deporte nacional comparar el coste de generación por megavatio para las distintos tipos de energía. Llevamos años oyendo que los precios de algunas están distorsionados, que las subvenciones favorecen a unas y a otras no, que no hay transparencia… conversaciones de bar que suelen acabar con un clásico de los clásicos, que los precios de la energía nuclear están en el top del ranking con el megavatio más económico. Hasta el Ministro de Energía, Álvaro Nadal, lo repite como una especie de mantra cada vez que tiene ocasión. Me pregunto hasta qué punto es cierta esta afirmación dicha y escuchada tantas veces. Y me hago esta pregunta a la luz de los últimos datos sobre los elevados costes de desmantelar centrales nucleares. ¿Se está teniendo en cuenta este coste a la hora de realizar los cálculos?

El pasado agosto se hacía público que desmantelar la central de Garoña va a salir por 650 millones de euros (que aún no sabemos quién va a pagar). Estamos ante un proceso largo, complejo y muy demandante, para el que las estimaciones de costes crecen de año en año. Y es que borrar del mapa las instalaciones de las centrales nucleares está suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para los países con reactores cercanos a la edad de jubilación. La casi ausencia de precedentes hace que nos movamos en un área plagada de incertidumbres, en las que las estimaciones realizadas hasta la fecha se resquebrajan a poco que las toquemos. La Comisión Europea señaló recientemente que, de los 90 reactores que se han clausurado hasta ahora dentro de su espacio geográfico, solo tres (de tamaño reducidísimo) han conseguido desmantelarse íntegramente. Para el resto aún queda un largo camino por recorrer, que puede llegar a los 120 años, en el que los países miembros tendrán que desguazar las centrales, gestionar el combustible gastado y definir la custodia de los residuos finales.

Según datos de la Comisión el coste estimado de desmantelar todas las nucleares europeas será de 122.700 millones de euros, mientras que el de la gestión y la custodia de los residuos podría elevarse a 400.000 millones de euros adicionales, en total medio billón de euros. Y estos números seguramente volverán a quedarse cortos según vaya avanzando la desnuclearización europea. Se abre aquí un tremendo desafío, tanto por la complejidad técnica como por la suma económica implicada, para el que Europa no parece estar preparada. También se abre una suculenta oportunidad de negocio. Actualmente solo existen en Europa dos plantas dedicadas al reprocesamiento del combustible gastado, una en Sallefield (Inglaterra) y otra en La Hague (Francia), de la que dependían Valdeyós o Zorita. El próximo Brexit dejará a la Unión Europea con solo unas instalaciones para todo el territorio europeo. Algo seguramente insuficiente, sobre todo si tomamos en cuenta el envejecido parque nuclear europeo y la escasa mano de obra disponible.

¿Se está contemplando todo esto a la hora de calcular el coste por megavatio de la energía nuclear? Obviamente no, ni los gastos de desmantelamiento, ni el tremendo impacto potencial, ni los de seguro de accidentes, que al manejar cifras tan disparatadas ninguna aseguradora quiere ni puede asumir… Todos estos costes no se repercuten porque ni tan siquiera están debidamente cuantificados. Permanecen en un anonimato velado, a las espaldas de los contribuyentes, que son los únicos que afrontan la minuta sin pedir explicaciones. Nuestros hijos y nietos asumirán gran parte del coste de la energía nuclear «tan económica» que hoy estamos consumiendo. Así que, no es que la energía nuclear salga barata, es que se está aplazando uno de los grandes costes de esa energía a un momento futuro y, por lo pronto, a otra legislatura. Por eso los gobiernos europeos están insistiendo en alargar artíficamente la vida de las centrales nucleares, porque nuestros reactores ya están cien por cien amortizados, con lo que el negocio sale redondo. Pero sobre todo, porque el momento de echar el cierre también es el momento de arrancar la costosísima gestión del desmantelamiento.

Hace tiempo que se sabe que la nuclear no es rentable. De hecho la banca y los inversores hace mucho que no quieren ni oír hablar de ella y de sus elevados riesgos. Que se sigan construyendo nucleares en Europa, como Olkiluoto en Finlandia o los dos nuevos reactores de Somerset (Reino Unido), no responde a motivos económicos, sino políticos. Sin el apoyo del dinero público sus opciones para competir con otras tecnologías serían inexistentes.