Economía

Merkel quiere amarrar la globalización

La canciller alemana Angela Merkel asume hoy por turno la presidencia del G20 con grandes retos pendientes

La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece un discurso durante una sesión de su grupo parlamentario, la Unión Cristianodemócrata (CDU) en Münster, Alemania
La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece un discurso durante una sesión de su grupo parlamentario, la Unión Cristianodemócrata (CDU) en Münster, Alemania - EFE
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en:

Varios grupos antiglobalización se concentraron el pasado fin de semana ante el recinto ferial de Hamburgo, en el que el G20 celebrará su próxima cumbre en julio, para quemar neumáticos y contenedores de basura en protesta por la reunión. En el comunicado en el que el colectivo de extrema izquierda reivindicaba el acto de vandalismo, clamaban contra “el mundo injusto y depauperado que gobiernan las multinacionales”. Esta percepción del mundo globalizado es precisamente contra lo que la canciller alemana Angela Merkel quiere luchas desde la presidencia del G20, que asume hoy por turno y que centrará en mantener “unidos” y “solucionando visiblemente” problemas del mundo a los países que suman el 90% del PIB global. Por eso el símbolo elegido por el Gobierno alemán para la presidencia es un nudo marinero y el lema reza: "Dar forma al mundo conectado".

Merkel ha expresado recientemente su estupor ante el hecho de que “los alemanes, a los que no les ha ido nunca tan bien como ahora”, lleven a cabo protestas de ese tipo o den pábulo a partidos populistas que no ofrecen como respuestas más que simplificaciones de Perogrullo. Se ha convencido de que la prosperidad económica no es suficiente para mantener el mundo encarrilado hacia la economía social de mercado y los principios liberales, por lo que su objetivo para estos meses no se limitará a las cuestiones financieras clásicas que aborda el G20, ni a las cuotas de emisión de gases incumplidas, sino que piensa involucrar al grupo en objetivos de desarrollo y justicia social que muestren al mundo una cara más amable y compasiva de la globalización. Y pretende empezar por África.

Alemania pretende que el grupo asuma la responsabilidad en áreas relacionadas con la paz y la seguridad en el mundo; así como en el desarrollo económico allí donde más necesario resulta. También es consciente de la necesidad de que el G20 de imagen de unidad y pretende promover un acercamiento que considera ahora más importante que nunca. “La concentración en los objetivos nacionales genera prejuicios, hemos de colaborar todos y ofrecer "respuestas de conjunto" a los nuevos desafíos globales. “Si todos trabajan por su propia cuenta, no podremos solucionar los problemas en el mundo. La historia ha corroborado que la introversión hace daños más severos”, ha dicho.

Uno de los temas centrales de la presidencia alemana es África, desenganchada del curso que sigue la economía mundial. La propuesta de Merkel es pasar de la mera ayuda al desarrollo a propiciar la generación de un verdadero desarrollo económico en ese continente, de forma que se pueda caminar sobre sus propios pies. Se propone vincular más al Grupo de los Veinte a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y permitir que en ese foro se escuche también a las voces críticas. En la medida en que África logre subir al tren del desarrollo, disminuirá el número de inmigrantes ilegales y refugiados que sueña con llegar a Centroeuropa y esta evidencia es algo que seguramente Merkel tiene muy en cuenta.

El lado «humano» de la globalización

Pero además está decidida a mostrar el lado más “humano” de la globalización, algo que considera imprescindible para mitigar los miedos sociales que ha despertado este fenómeno , algo que espera lograr a base de estructura. “La globalización debe estructurarse en forma humana, con un orden económico y financiero que sea humano", ha adelantado, justificando la importancia que cobrará durante su presidencia el tema de la salud, “muy cercano y relevante para el ciudadano de a pie”.

Según fuentes diplomáticas, Merkel quiere interconectar el mundo, dar visiblemente apoyo a las personas del este al oeste y del sur desde el norte y el oeste, donde los ciudadanos viven cada día más marcados por las influencias internacionales. Está convencida de la legitimidad de sus propósitos y de las dificultades de lidiar con Vladimir Putin, pero su peor pesadilla es la posibilidad de que Estados Unidos abandone el ya de por sí complicado camino hacia la protección del clima, el comercio, la lucha contra los paraísos fiscales y la regulación del mercado financiero. Ese sería el peor fracaso de esta presidencia alemana del G20, que tratará de mostrar que “una buena convivencia, una estructuración humana de la globalización, sólo es posible cuando se coopera, cuando nos mantenemos juntos”, con la confianza de que todo esto, unido a un razonable ordenamiento financiero y económico, hará del mundo globalizado un lugar que cause menos miedo e incertidumbre.

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