Economía

Luis de Guindos: el ministro del rescate

Rajoy le encomendó sanear el sistema financiero y es además quien negoció en Bruselas para que España evitase una multa por incumplimiento del déficit

Luis de Guindos, en una entrevista a ABC el pasado mes de septiembre
Luis de Guindos, en una entrevista a ABC el pasado mes de septiembre - ÓSCAR DEL POZO

Mariano Rajoy encomendó a un acérrimo liberal como Luis de Guindos poner en orden el sistema financiero nacional, lo que pasaba irremediablemente por inyectarle miles de millones de euros en ayudas públicas y por tanto chocaba frontalmente con esas convicciones ideológicas. «Puede ser una contradicción que un liberal como yo esté hablando aquí de banca pública», dijo con cierta sorna en una de sus primeras comparecencias ante el Congreso de los Diputados para explicar el rescate de Bankia, Catalunya Banc, Novagalicia Banco, BMN y otras cajas de ahorros en apuros. El ministro suele decir que sin ese saneamiento de la banca toda la recuperación posterior de la economía española hubiese sido imposible, y por eso no duda en sacar pecho de la que es la gran reforma del Ejecutivo de Rajoy pero también la suya propia. No en vano ha titulado sus memorias «España amenazada», que se antoja una forma modesta de decir: «Así salvamos a España».

La tarde del 9 de junio de 2012 le tocó tragarse el sapo de tratar de explicar a los españoles que ese rescate se concedía a España en unas condiciones ventajosas y no iba a tener coste para los contribuyentes. A día de hoy el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) solo ha recuperado 4.837 millones de euros de los 58.996 con que apuntaló el sistema bancario, y las posibilidades de recuperar todo lo restante con la venta de Bankia y BMN se antoja más que difícil. ¿No hubiese sido más sincero admitir, en línea con lo hecho por los gobiernos de otros países, que los ahorros de los depositantes y el futuro de la economía dependían de ese saneamiento, que el Estado debía inyectar el dinero necesario para hacerlo y que luego ya se vería qué parte se recuperaba? Es más, últimamente el propio Ejecutivo «computa» como parte recuperada de ese dinero el coste que hubiese tenido para la economía nacional dejar caer a esas entidades, es decir, lo que ese rescate ha aportado a la recuperación de la economía española.

La losa de su pasado en Lehman Brothers

Por si fuese poco De Guindos no gozaba precisamente de la mejor imagen pública para explicar semejante medida. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, pese a pertenecer al cuerpo de los Técnicos Comerciales del Estado y haber sido secretario de Estado de Economía entre 2000 y 2004, ha desarrollado parte de su carrera profesional en el sector privado (AB Asesores, Endesa, Pwc). Su último gran puesto de responsabilidad antes de ser nombrado ministro fue el de la presidencia ejecutiva de Lehman Brothers para España y Portugal, experiencia que tanto en la calle como en la comisión de economía del Congreso de los Diputados se le reprochó en no pocas ocasiones. Además, fue consejero de BMN, una de las entidades rescatadas. ¿Qué hacía un hombre quehabía estado a nómina del banco al que se achaca el origen de la crisis financiera global explicando el rescate del sector financiero español?

En su favor habría que decir que la reforma bancaria —que llevará para siempre su firma, pues sus dos principales reales decretos se conocen como «Guindos I» y «Guindos II»— no fue especialmente benévola ni con los bancos ni con los banqueros. El Ministerio de Economía bajo la batuta de Luis de Guindos obligó a todo el sector, incluso a las entidades aparentemente más sanas, a hacer provisiones por 82.000 millones de euros para aflorar todos los activos tóxicos ligados al negocio del ladrillo. Impuso un control más férreo de la gobernanza de las entidades financieras, exigiendo más responsabilidad a los miembros de los consejos de administración y obligando a sustituir los cargos políticos por profesionales de la banca; a los altos ejecutivos de las cajas con ayudas públicas les dio un hachazo en su sueldo, y denunció ante la Fiscalía Anticorrupción las prácticas irregulares de aquellos años de bonanza y derroche en esas entidades.

El rescate de Bankia y la denuncia del escándalo de las tarjetas «black» le enfrentó por ejemplo con su antiguo jefe en el Ministerio y expresidente de la entidad Rodrigo Rato. Pero no sólo. «Las balas me silbaban muy cerca», desvela en su libro en referencia almalestar que generó en el seno del PP el trato que dio ante ese caso al exvicepresidente del Gobierno, todo un icono de la gestión económica dentro del partido. Es muy significativo que unos días después de dejar la presidencia de Bankia, Rato recibió una comida-homenaje de varios miembros del Ejecutivo popular. Por su puesto De Guindos no estaba invitado, según él mismo ha relatado.

«El fichaje»

Algunos miembros del último Gobierno le han acusado de ir por libre. «El fichaje», le llamaba un colega de Consejo de Ministros. De Guindos no está afiliado al PP, y aunque sí ha sido uno de los autores de referencia del «think tank» FAES —muy vinculado a Génova— accedió al Ejecutivo de Rajoy con la etiqueta de independiente. Y eso en cualquier gran fuerza política suele generar suspicacias entre quienes se consideran «del partido de toda la vida». Sonado es su choque por ejemplo con el ministro de Hacienda. Pero a ambos les une algo: si Cristóbal Montoro ha enojado a buena parte de los ministros del gabinete de Rajoy por limitarles los presupuestos, algunas propuestas de reforma De Guindos que pasaban por liberalizar al máximo la economía para mejorar su competitividad se toparon con la oposición de otros ministerios.

De Guindos se afanó por ejemplo en aprobar una reforma que tampoco el Gobierno del PSOE había podido sacar adelante: la de liberalización de los servicios y colegios profesionales, que implica básicamente acabar con los privilegios de determinados colectivos. El ministro de Economía se habría topado en esa aventura con el rechazo de los máximos responsables de otros ministros y el «lobby» de varios sectores profesionales. «No se le pueden poner puertas al campo», dijo en una ocasión respecto a la economía colaborativa y el enfrentamiento particular entre Uber y los taxistas. No se trata de reformas que De Guindos se empeñase en sacar adelante por convicción ideológica, sino que las reclama la Comisión Europea como necesarias para mejorar la productividad y competitividad de la economía española.

Luis de Guindos es el ministro que más veces ha comparecido ante el Congreso de los Diputados a petición propia para explicar sus actuaciones. Un afán de transparencia que toda la oposición en la comisión de Economía siempre ha valorado. Y el de Economía ha sido uno de los ministerios de la pasada legislatura efectiva que más medidas aprobó. Sobre él, y junto con la política fiscal diseñada por Hacienda, ha descansado la responsabilidad de dar la vuelta a la situación económica de España a golpe de reformas. La ley de unidad de mercado para que cualquier empresa y autónomo pueda operar en España con la misma licencia y eliminar trabas burocráticas a la actividad económica; la de la ley Concursal para favorecer la reestructuración financiera de las empresas y evitar su cierre; la ley de la segunda oportunidad para aliviar la carga financiera de familias y autónomos, y las normas hipotecarias y de buenas prácticas bancarias para evitar los desahucios, entre otras medidas.

Apasionado del tenis

Seguidor del Atlético de Madrid, su otra gran pasión es el tenis, que suele practicar los viernes a mediodía, antes de reincorporarse por la tarde a su despacho en el paso de la Castellana de Madrid. Aunque buena parte de su trabajo lo ha desarrollado en el avión, viajando de capital financiera en capital financiera. Unas veces para defender ante los inversores y las agencias de «rating» los fundamentales de la economía nacional, otras para discutir con los socios comunitarios el devenir de la Eurozona y, sobre todo, garantizarles que España puede cumplir con los compromisos de consolidación fiscal. De Guindos, por su bagaje internacional, fue el encargado de negociar primero el rescate de la banca española y más recientemente una prórroga en los objetivos de déficit y que el país no fuese multado por su elevado déficit público. Es el último gran logro del que presume.

Hace ahora un año, antes de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, De Guindos daba prácticamente por cerrada su etapa como ministro. «He hecho aportaciones con humildad, he puesto mi granito de arena y en el aspecto económico la verdad es que no ha salido mal. Nadie es imprescindible, y además no creo en la figura del política de la cuna hasta la tumba», desvelaba en ese momento en una entrevista con ABC. Lo que quizá no imaginaba entonces De Guindos es quese tardaría un año y costaría dos comicios formar gobiernoy, sobre todo, que sus aspiraciones a un alto cargo en las instituciones comunitarias se verían frustradas después de que el holandés Jeroen Dijsselbloem se impuso en la carrera hacia la presidencia del Eurogrupo. La incógnita hasta ahora era si optaría a alguno de los próximo puestos vacantes en Europa —el de director del fondo de rescate europeo (MEDE) en 2017 y la vicepresidencia del BCE en 2018— o a seguir dirigiendo la política económica del Gobierno de España si Mariano Rajoy se lo volvía a pedir.

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