Lotería de Navidad El riesgo de vender un boleto de Lotería premiado para blanquear dinero

Numerosos defraudadores acechan a los ganadores para tratar de adquirir sus billetes agraciados y regularizar así patrimonio ilícito

Ninot de Carlos Fabra, en las últimas fallas de Valencia
Ninot de Carlos Fabra, en las últimas fallas de Valencia - MIKEL PONCE

Si el próximo 22 de diciembre se lleva el Gordo de Navidad y, en plena euforia, un desconocido se ofrece a comprarle el boleto por más dinero, desconfíe: la suerte no se presenta dos veces. Una de las prácticas habituales en tramas de corrupción y fraude fiscal es la compra de números de Lotería ganadores para así "blanquear" dinero oculto a ojos del Fisco. Pero esta maniobra entraña riesgos no solo para el defraudador, sino también para el vendedor, que por ambicionar más dinero puede enfrentar responsabilidades penales.

"Ten cuidado, podrías conseguir lo que deseas" cantaba David Byrne con Talking Heads. El sindicato de Técnicos de Hacienda, Gestha, advierte que este tipo de prácticas supone «un auténtico engaño para los agraciados» quienes difícilmente podrán acreditar el origen de esos fondos ante una inspección tributaria, pudiendo terminar con un acta de suspensión que supere, entre la deuda y la sanción, más de la mitad del importe ganado.

La operativa es la siguiente: normalmente los defraudadores cuentan con una red de asesores que se encargan de buscar a los ganadores de los boletos y les hacen la tentadora oferta. «En muchas ocasiones todo comienza en la entidad financiera en la que el ganador deposita el dinero. Algún empleado alerta a la red y entonces le hacen una oferta al que se ha llevado el premio», describe Carlos Cruzado, presidente de Gestha.

El pellizco adicional que se suele ofrecer al poseedor del billete supone en torno a un 20% más de lo ganado, aunque desde que los premios de la Lotería tributan a un tipo del 20% –con los primeros 2.500 euros exentos–, los técnicos de Hacienda admiten que este margen ha aumentado. «El sobreprecio está entre el 10% y el 30%», estima Cruzado.

Caer en la tentación puede salir caro. «A partir de 120.000 euros de fraude se comete delito fiscal. Además de tributar lo ganado al marginal máximo del IRPF –del 45%– puede acarrear responsabilidad penal», resalta Carlos Cruzado.

A modo de ejemplo, un contribuyente con unos ingresos brutos anuales de 30.000 euros que resultase agraciado con un premio de 300.000 euros y que optase por vender su billete a un defraudador a cambio de 350.000 euros, podría verse obligado a pagar al Fisco más de 175.000 euros en caso de que se descubriese la ganancia patrimonial no justificada, calculan desde Gestha. Para esquivar la mirada del Fisco, una vez vendido el boleto, «los ganadores reales suelen invertir el dinero del premio en bienes en metálico», afirma el presidente del sindicato.

Al mismo tiempo, los subinspectores admiten que con el impuesto a los premios que se aprobó hace unos años, la práctica ilícita de comprar lotería se ha hecho menos frecuente ya que hay que ofrecer más dinero que antes. «Ahora los defraudadores aprovechan otras vías de escape frente al Fisco como transferencias a paraísos fiscales», incide Cruzado.

Ganadores habituales

Los casos de "ganadores" que han tenido problemas con la justicia son numerosos. El expresidente de la diputación de Castellón por el PP y condenado por fraude fiscal, Carlos Fabra, resultó agraciado al menos nueve veces entre 2000 y 2011, llevándose en premios más de 2,2 millones. Ante las críticas de la oposición, el propio Fabra anunció en 2008 con antelación el número que iba a comprar de esta guisa: «Si me toca, me sacaré la pirula y mearé en la sede de IU».

Otro caso es el de David Marjaliza supuesto cabecilla de un amplio entramado empresarial núcleo de la organización criminal desmantelada en la operación Púnica. Entre diciembre de 2002 y marzo de 2004, el socio y amigo de Francisco Granados ganó ocho premios (seis de Lotería Nacional y dos de la ONCE) y se embolsó 257.412 euros por ellos, según consta en un informe de Hacienda incluido en el sumario de la operación Púnica.

Los casos de números adquiridos para disfrazar fraudes fiscales son variados. Por ejemplo, a la familia del cerebro de la operación Malaya, Juan Antonio Roca, le tocó en apenas seis meses cinco premios por valor de 646.033 euros. El propio Roca no sabía cuántas veces le había resultado agraciado y admitió comprar los billetes premiados de Lotería, Quiniela y Bonoloto para «evitar el impuesto del dinero que tenía» en caja.

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