Economía

Menos crecimiento y más deuda, primera factura del Brexit

El presupuesto de otoño del Gobierno recoge que el Reino Unido habrá de pedir prestados en esta legislatura 143.200 millones de euros más de lo previsto

El ministro de Economía, Philip Hammond, y la primera minsitra británica, Theresa May
El ministro de Economía, Philip Hammond, y la primera minsitra británica, Theresa May - AFP
Luis Ventoso Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en:

El ministro de Economía británico, Philip Hammond, un moderado de 60 años, que había sido responsable de Defensa y Exteriores con Cameron, ha presentado este miércoles el primer presupuesto de la era Brexit, que dibuja un panorama económico mustio, con más deuda y menos crecimiento. El Brexit no ha resultado por ahora el cataclismo que pronosticado por el Gobierno de Cameron, los bancos internacionales y el FMI y la OCDE, pero sin duda zarandeará a la economía del Reino Unido, país que se ha creado un problema que no tenía.

El crecimiento del PIB se contrae respecto a lo previsto, especialmente el año que viene, cuando cae a un 1,7% frente a la estimación del 2,2% del pasado marzo. El endeudamiento aumenta: la deuda pública está en el 87,3% del PIB y llegará al 90,2% en 2018. Para tratar de estimular la economía ante un panorama incierto, el Reino Unido pedirá prestados en esta legislatura 122.000 millones de libras más de lo que se preveía (143.200 millones de euros).

El anterior responsable de Economía, el liberal George Osborne, se había fijado como objetivo alcanzar el superávit fiscal en el 2020. Ese objetivo ha volado tras el Brexit. Hammond asumió que no se cumplirá (de hecho en ese año habrá el equivalente a 24.600 millones de déficit). Se limitó a decir como buenas palabras que la consolidación fiscal sigue figurando entre los objetivos del Gobierno, pero se alcanzará «tan pronto como sea posible», lo que equivale a no decir nada concreto.

«Nuestra misión ahora es preparar la economía para que resista mientras dejamos la UE y en el periodo de transición que seguirá», explicó en el Parlamento el ministro Hammond, quien en su día hizo una intensa campaña a favor del Remain y que ahora trata de defender que el país siga en el mercado único europeo, lo que le provoca constantes fricciones con el ala brexiter más dura que representan sus compañeros de gabinete Boris Jonhson (Exteriores), Liam Fox (Comercio Internacional) y David Davis (Salida de la UE).

Estimular la economía ante las turbulencias

Nada más alcanzar el poder en julio, Theresa May hizo hincapié en un conservadurismo compasivo, muy social, alejándose del liberalismo un poco de cejas altas de Cameron y Osborne. May ha recalcado una y otra vez que quiere que el Partido Conservador sea el de las clases trabajadoras que se han quedado rezagadas tras la crisis. Pero en el presupuesto tampoco hay grandes guiños a ellas. Lo más notable es que se prohibirá a las agencias inmobiliarias que exijan a los inquilinos el pago de fianzas. El problema es que muchos creen que los propietarios responderán a la medida aumentando el precio de los alquileres, con lo cual podría resultar a la postre contraproducente.

Hay más guiños sociales. No habrá más medidas de ahorro a costa del Estado del bienestar en esta legislatura, lo que contrasta con la línea del anterior ministro, que apostaba por rebajar su inmensa factura. También se anuncia una subida del salario mínimo a 7,50 libras a partir de abril de 2017, pero es una cifra menor que la que había prometido Osborne.

El presupuesto busca también estimular la economía ante las turbulencias del Brexit. Así, se creará un nuevo fondo de 23.000 millones de libras (26.997 millones de euros) para infraestructuras e innovación. También habrá un programa de 2.700 millones de euros para construir nuevas viviendas en zonas de alta demanda.

El presupuesto ha resultado cauto, conforme al perfil del ministro Hammond. En cierto modo defrauda el vigoroso discurso social de May, pero las habas son contadas, y más en la nueva situación de incertidumbre que ha creado la ruptura con la UE, a donde van casi la mitad de las exportaciones británicas.

El PIB crecerá este año un 2,1%, cifra por encima de lo previsto, pero lo hará en 1,4% en 2017 (frente al 2,2% esperado) y en 1,7% en 2018 (se vaticinaba antes un 2,1%); 2,1% en 2019 y 2% en 2020.

La oposición laborista de Corbyn, que no anda muy boyante de ideas, se ha limitado a observar que el presupuesto prueba «seis años de política económica fallida del Gobierno tory» y señala que lo único que hay es «más impuestos, más deuda y más préstamos».

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