Economía

El fracaso: el primer paso para el éxito

Expertos y empresarios reivindican el valor de equivocarse «pronto y barato» para apuntalar un negocio con futuro

Dos jóvenes emprendedores cuentan sus historias de fallos y éxitos para ABC

Imagen de South Summit 2016, el encuentro de startups que tuvo lugar del pasado 5 al 7 de octubre en La N@ve de Villaverde, antigua Nave Boetticher
Imagen de South Summit 2016, el encuentro de startups que tuvo lugar del pasado 5 al 7 de octubre en La N@ve de Villaverde, antigua Nave Boetticher

Quieran o no, el fracaso está en el ADN de los emprendedores. Es algo admitido en los países anglosajones y nórdicos, donde fallar es valorado y considerado el paso necesario para aprender y lograr el éxito. Pero eso mismo no ocurre en España, donde el fracaso parece que se castiga, está mal visto o incluso se paga durante toda la vida. Y no queda más remedio que asumirlo. De hecho, el estudio el «Mapa del emprendimiento 2016», realizado por Spain Startup a partir de 3.160 proyectos europeos y latinoamericanos que se presentaron a la Startup Competition, reveló que el 51% de estos emprendedores ya había intentado poner en marcha un negocio antes. Es conocido otro dato: el 80% de las empresas españolas fracasan en los primeros cinco años, y al cumplir los 10 años, solamente el 10% salen adelante.

Fracasar forma parte del éxito de un negocio, de una startup... Y eso lo saben bien en el ecosistema emprendedor, como asegura Daniel Soriano, director del Centro de Innovación y Emprendimiento de IE y Profesor de Entrepreneurship en IE. «Cuando hablas con un inversor le gusta saber que has aprendido a través de tus fallos. En el mundo anglosajón no se habla de fracaso sino de fallos. Los emprendedores en España tienen clarísimo que se han de equivocar para aprender. Aunque es algo que no está aceptado en el entorno social y familiar», afirma. «Les aconsejo —continúa— que se equivoquen pronto y barato. A la hora de trabajar un proyecto hay tantas incertidumbres que no se sabe qué va a pasar. Por eso, hay que buscar maneras de equivocarse con experimentos que cuesten muy poco dinero. Así se aprende».

«Hasta las personas exitosas han trabajado muy duro y han fallado hasta dar con la clave»

En efecto entre los emprendedores el fracaso no está estigmatizado. Prueba de ello, por ejemplo, son los encuentros «FuckUp Night», un movimiento global nacido en México en 2012 para compartir historias de fracasos en los negocios. A España llegó en 2014. Javier Moral es uno de sus representantes en Madrid y organiza estos eventos. Además es CEO y fundador de Fangaloka, un espacio de coworking que asesora y ayuda a los emprendedores. «Yo me he equivocado muchas veces. Y hasta las personas que son exitosas han trabajado muy duro y han fallado mucho hasta dar con la clave», dice.

La falta de financiación, un plan de negocio deficiente, la ausencia de ventajas fiscales para echar a andar el negocio... son algunos de los problemas con los que se topan los emprendedores. «Hay que estar muy motivado, porque cuando se emprende un negocio o una startup no se gana dinero al día siguiente, y para eso hay que estar preparado. De hecho, creo que muchas veces se fracasa porque desde las administraciones e instituciones se empuja a mucha gente a emprender sin saber y ser conscientes de lo duro que es. Se saca a gente del paro para emprender sin el acompañamiento y asesoramiento necesario, y eso genera mucha incertidumbre», comenta Javier Moral.

Deudas de por vida

En su opinión, muchos fallos también vienen por no elegir correctamente a los socios. Y por una legislación que no ayuda. «Ser emprendedor está penado —se queja—. Conozco casos de personas que se han equivocado y tienen una deuda de por vida. Y la ley de segunda oportunidad no vale para nada. No sirve con las administraciones que son precisamente las que dejan de pagar y hacen que te endedudes».

Poco a poco la visión sobre el emprendedor está cambiando. «Los emprendedores, aunque hayan fracasado en un proyecto anterior, son muy valorados a nivel laboral. Son reconocidos por las empresas y suelen ocupar puestos elevados», señala Alejandro Sahuquillo, fundador de Languing, una plataforma online para el aprendizaje de idiomas, y que también tiene a sus espaldas un fallido proyecto anterior. «Las compañías saben que un emprendedor en muy poco tiempo desarrolla habilidades de liderazgo y tiene una visión global, aspectos muy útiles para determinados cargos elevados».

«Nuestra cultura nos orienta mucho a un concepto de seguridad que está asociado a la gran empresa y ya el hecho de emprender aún no está bien visto en ciertos entornos»

Pero todavía falta por superar un problema de base como señala el profesor de ESIC Carlos González. Es cultural y educativo: el miedo al fracaso. «Nuestra cultura nos orienta mucho a un concepto de seguridad que está asociado a la gran empresa y ya el hecho de emprender todavía no es muy bien visto en ciertos entornos. Por otro lado, no se educa para innovar, para atrevernos, para experimentar... Y sin embargo, el error, el fracaso forma parte del proceso creativo y de aprendizaje». Y bien lo saben los emprendedores.

«Ya no pienso en que pueda salir mal, sino en hacerlo mejor»

Se podría decir que Alejandro Sahuquillo no ha fracaso al uso con su primer negocio. Ni dedicó todo el tiempo necesario a su primer proyecto ni el esfuerzo suficiente. «Uno de los principales motivos por los que fracasó es porque no perseveramos. Teníamos otras ocupaciones y la consultora no era la fundamental», afirma.

Es farmacéutico —«por tradición familiar», dice— y arquitecto. Durante su estancia en Rusia junto a un compañero italiano se percató de que los despachos de arquitectura europeos en general, pero en particular los españoles e italianos, tenían graves problemas a la hora de ejecutar proyectos en ese país. «Las condiciones climatológicas son distintas, por tanto las construcciones precisan otros requerimientos de aislamiento, etc... La legislación es diferente y la cultura es otro mundo. Veíamos que pedían consejo a otros despachos que ya operaban en Rusia. De ahí la idea de montar una consultora para asesorarles. Se llamó Archinrussia».

No se dedicaron al cien por cien y la idea no salió adelante. Pero Alejandro se dió cuenta de que había descubierto una pasión: «Por primera vez en mi vida disfrutaba trabajando, me gustaba empezar la idea, darle forma, comunicarla... Me apasiona emprender».

Su segundo proyecto también partió de su estancia en Rusia. Ya en Valencia, seguía con sus clases de ruso a través de skype. «Me di cuenta de que aprendía y hablaba mejor el idioma. Había un mercado por explotar. Primero pensé en una academia de idiomas pero quería que fuera más potente, y que la gente de todas las partes del mundo pudiera intercambiar gratuitamente». Y así nació Languing, una plataforma online con más de 103.000 estudiantes de todo el mundo que se conectan diariamente para practicar, estudiar y enseñar idiomas de forma gratuita. Permite elegir a usuarios con afinidades similares con los que conectar utilizando una serie de filtros de intereses y profesiones. «Estamos cambiando el mundo de los idiomas. No pienso en la posibilidad de que salga mal sino en hacerlo mejor».

«No tenemos nada que envidiar a nivel de talento, sí del entorno»

«Los emprendedores españoles no tenemos nada que envidiar a los de Estados Unidos u otros países a nivel de talento, pero sí en cuanto al entorno, en cuanto a que en la universidad te preparen para pensar diferente, que te den ánimos para emprender». Es lo que piensa José Álvarez, backend developer de StyleSage, una empresa que se dedica a aplicar el Big Data en el mundo de la moda, ubicada en Nueva York y España y pleno desarrollo. Pero su andadura como emprendedor comenzó hace diez años.Creó su primera startup con 23 años en el área de ciberseguridad, la segunda también, la tercera en el área de sanidad y la cuarta en educación. «He cometido todo tipo de errores —cuenta—. Ahora parece que en esta empresa no cometemos los fallos del pasado».

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