Galaxy Note 7 El fiasco de Samsung agrava la crisis de la industria de telefonía móvil

El escándalo de las baterías defectuosas irrumpe en un sector en ralentización

Anuncio del «phablet» defectuoso de Samsung - REUTERS

No parecía sencillo, especialmente en un mercado como el tecnológico jalonado de recientes y sonados fracasos, en el que la constante irrupción de nuevos productos y hábitos de uso han creado un entorno imprevisible, extremadamente volátil a medio plazo, en el que los gigantes no parecen tan amenazados por los ciclos económicos como por sus propios pies de barro. Pero Samsung, el mayor fabricante mundial de «smartphones», se precipita a una de las mayores crisis del sector, después de que reconociera el fiasco del Galaxy Note 7.

La gota que colmó el vaso llegó el pasado 5 de octubre, en un vuelo de la aerolínea estadounidense Southwest: un dispositivo, que había sido entregado a su dueño días antes dentro de la masiva campaña para reemplazar los modelos Galaxy Note 7 por el sobrecalentamiento de la batería de litio hasta el punto de presentar riesgos de combustión, se incendió en el interior de la aeronave y obligó a la tripulación a evacuar el aparato.

Días después, la coreana entonó el «mea culpa», paralizó la producción de esta nueva línea de terminales nacidos para competir con el iPhone 7 de Apple y se comprometió a la devolución íntegra del importe o la sustitución de los dispositivos por un Galaxy Note7 o el S7 Edge.

En el plano económico, es pronto para estimar el coste de este proceso de retirada del fallido modelo. No obstante, Samsung sí ha calculado en qué medida afectara a su cuenta de pérdidas y ganancias: la compañía anticipa una merma en el beneficio operativo perteneciente al tercer trimestre de más del 29% en comparación con el mismo periodo del año pasado.

Caída de las ventas

El episodio de los móviles defectuosos se produce, además, en un momento de transición en el mercado de la telefonía móvil. La venta de «smartphones» se encuentra atravesando en 2016 una de sus etapas más negativas. La compañía de análisis International Data Corporation (IDC) apunta en sus previsiones anuales una ralentización de las ventas: vaticina un repunte del 3,1%, un porcentaje alejado de los crecimientos de doble dígito de los ejercicios anuales anteriores, como en 2015 (10,5%) y 2014 (27,8%).

La línea Galaxy 7 había permitido a Samsung conquistar la primera plaza del mercado norteamericano, un terreno en el que Apple se había desenvuelto como dueño y señor. El caso de las baterías causantes de las explosiones supondrá, previsiblemente, un daño en la imagen de la marca y un gigantesco reto para el cumplimiento de sus planes estratégicos.

La incertidumbre se ha acentuado por el silencio del consejo de administración de la coreana, durante la celebración ayer en Seúl de su última junta semanal, sobre los pasos que seguirá para reconducir la situación y tranquilizar a sus inversores, que ahora dirigen la mirada a otras gamas de productos sospechosos de la asiática, como una lavadora comercializada en EE.UU. sobre la que se han reportado explosiones súbitas. Desde el pasado 7 de octubre las acciones de Samsung se han precipitado un 10,02%.

La jornada bursátil de ayer, en la que la coreana restó apenas un 0,65% hasta 1,53 millones de won (1.235 euros por título), registró un verdadero terremoto en el parqué de Estocolmo, donde las acciones de otra firma del ramo, Ericsson, se desplomaron un 20,21% hasta las 49,3 coronas suecas (5,06 euros por acción). La empresa, otra de las precursoras del sector que palidecieron ante el aterrizaje de los teléfonos inteligentes, reconoció en un comunicado que sus resultados del tercer trimestre -se publicarán el próximo 21 de octubre- han sido «significativamente más bajos» de lo que había previsto. Sus ventas se han contraído un 14%, hasta los 51.100 millones de coronas (5.239 millones de euros) y, mientras tanto, las ganancias operativas se han recortado un 93%, hasta los 300 millones de coronas (30,7 millones de euros).

La escandinava justifica este descenso por las perspectivas, inferiores a las concebidas inicialmente, del sector, sobre todo en su división de redes. El principal lastre ha venido marcado por el débil contexto macroeconómico de Brasil, Rusia y Oriente Medio.

No hay que bucear demasiado en la hemeroteca para encontrar una argumentación similar por parte de la que fue su principal aliada en el mercado móvil, la japonesa Sony, que recientemente decidió reorientar su estrategia para priorizar otros segmentos, como el denominado «internet de las cosas» (la conexión digital de objetos cotidianos con internet). «Los teléfonos inteligentes siguen siendo una gran área en nuestro tablero de juego, pero han entrado muchos competidores y el mercado es muy duro», explicó el consejero delegado de Sony Mobile, Hiroki Totoki, a Efe el pasado mes de marzo.

Incluso, vacas sagradas, como Apple, han sufrido en sus carnes la ralentización del mercado. En el último trimestre los de Cupertino vendieron 40,4 millones de iPhones, un 15% menos que los 47,5 millones comercializados durante el mismo periodo de 2015. Mientras tanto, los nuevos competidores asiáticos, con sus terminales de bajo coste, buscan conquistar los mercados occidentales.

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