Economía

Las empresas españolas aguardan su oportunidad en Cuba

Las firmas nacionales están bien posicionadas ante una apertura de la isla

Uno de los hoteles que el grupo Meliá posee en La Habana
Uno de los hoteles que el grupo Meliá posee en La Habana - ABC

Tras la muerte de Fidel Castro, las multinacionales de medio mundo se miran entre sí ante la incertidumbre de cómo afectará a sus intereses en Cuba. Sobre todo, las españolas. La de Cuba y España es una larga historia de puntos comunes y desencuentros grabados en sus relaciones económicas. Pero, desde el punto de vista comercial, nuestro país es uno de los que cuentan con mayor presencia en la isla. España está bien posicionada ante el futuro que se abre y es el tercer socio comercial de Cuba tras Venezuela y China. De hecho, a pesar de su reducido tamaño, el país caribeño fue en 2013 el sexto cliente de España en Iberoamérica, solo por detrás de Brasil, México, Argentina, Chile y Venezuela.

Las empresas españolas intentan traspasar las rendijas que se abren con el desbloqueo del régimen castrista a través de contratos. Este proceso había comenzado en 2014 con la apertura progresiva del régimen. Desde entonces, varios países habían encabezado ofensivas diplomáticas para mejorar los lazos con la isla con vistas a los intereses comerciales. Ha sido el caso de EE.UU., con la visita de Obama, o de China, con la de Xi Jimping, pero también de Europa. El presidente galo, François Hollande, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, ya han visitado La Habana. No ha sido el caso de España: el último mandatario nacional que visitó de manera oficial la isla fue Felipe González. La interinidad del Ejecutivo este último año ha agudizado esta desconexión.

Pese a ello, el año pasado el ministro de Economía, Luis de Guindos, y el entonces homólogo de Energía e Industria, José Manuel Soria, visitaron la isla ante la Feria Internacional de La Habana junto a más de 80 empresarios. Entonces parecía que firmas nacionales podían llevarse contratos en proyectos de energías renovables o de construcción. Además, antes de que el Ejecutivo entrará en funciones condonó 1.709 millones en intereses de deuda que contemplaba ampliar a otros 275 millones a corto.

España es el primer inversor en Cuba con un 45% del total, seguida de Canadá e Italia (un 10% cada uno). En el país hay más de 200 empresas nacionales ya establecidas. De enero a septiembre de 2016, las firmas españolas exportaron 663 millones de euros a Cuba. España cuenta con un superávit comercial con la isla que ha aumentado en los últimos años: si en 2014 era de 584 millones, el año pasado creció hasta los 839 millones.

Cuba trataba de lavar su imagen de cara a las empresas internacionales en los últimos años, como refleja el establecimiento de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel y los permisos concedidos en los últimos meses para operar a algunas empresas norteamericanas y de otros países. En la isla están asentadas más de 200 empresas nacionales, la mayoría pymes, que cuentan con una gran penetración en todo el tejido cubano. La gran parte se concentran en el sector turístico, con algunas empresas mixtas autorizadas para construir y gestionar hoteles. En Cuba están presentes las principales empresas del sector: Sol Meliá, Barceló, Iberostar, Blue Bay, Occidental, NH, Blau o Globalia. En la isla también figuran BBVA, Bankia, Sabadell o Iberia. De hecho, la aerolínea reemprendió sus vuelos a Cuba el año pasado.

"La muerte de Castro tiene una incidencia escasa sobre las empresas españolas que ya están presentes. Quizá lo que sí podría facilitar es que algunas de las reformas de su hermano Raúl se implantasen antes, lo que favorecería a las empresas españolas. Reformas como la cambiaria o la laboral", resume Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. Tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el apetito inversor en la isla de parte del tejido empresarial nacional aguardaba al resultado de las negociaciones. Una de las consecuencias que podría tener este deshielo diplomático podría ser el fin de la ley Helms-Burton que EE.UU. aprobó en 1996 para sancionar a aquellas empresas no estadounidenses que hagan negocio en Cuba, y que desde entonces ha afectado a grupos hoteleros nacionales en la isla.

Ramón Casilda, profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos, apunta que las inversiones españolas en la isla son "testimoniales", debido a las dificultades a las que se han enfrentado durante el régimen castrista. Obstáculos como la deuda que el régimen mantenía con muchas de las compañías nacionales presentes en la isla, y que persiste en el tiempo.

«Hasta ahora, las firmas españolas, al igual que las de otros países, mantenían su presencia en Cuba para estar preparados en caso de que se produjera la ansiada apertura», incide Casilda. Se abre un nuevo ciclo.

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