Economía

La empresa italiana se queda atrapada en su propio pasado

La pequeña dimensión y la gestión familiar, entre las causas de la baja productividad

Matteo Renzi, primer ministro italiano
Matteo Renzi, primer ministro italiano - REUTERS
ÁNGEL GÓMEZ FUENTES Corresponsal En Roma - Actualizado: Guardado en:

Italia vive una encrucijada. El próximo domingo, 4 de diciembre, se vota el referéndum de la reforma constitucional. Pretende dar estabilidad a un país que ha tenido 65 gobiernos en 70 años. Pero el mundo empresarial espera que tras la consulta se aceleren las reformas, si Italia no quiere caer en un extraordinario declinar. Un rotundo reflejo de los problemas de Italia lo constituye su productividad y crecimiento. «En 20 años la productividad horaria en las empresas italianas ha crecido en total el 5%. En Estados Unidos, en el mismo periodo, ocho veces más: 40%. En Francia, Gran Bretaña y Alemania, seis veces más. También España y Portugal lo han hecho mejor: 15% en España, tres veces más que Italia, y 25% en Portugal, cinco veces más». Estas diferencias extraordinarias son subrayadas por dos economistas y prestigiosos profesores de la Universidad Bocconi de Milán, Francesco Giavazzi y Alberto Alesina. Éste último, también de Harvard, habituales colaboradores del Corriere.

El gráfico de la renta per cápita en estos países en los últimos 20 años es muy similar al de la productividad horaria. ¿Cómo se explica la muy escasa productividad italiana y el prácticamente inexistente crecimiento? Giavazzi y Alesina indican varias posibilidades, pero fundamentalmente cinco razones. La primera es la pequeña dimensión de la empresas que tienden, por término medio, a ser menos productivas que las grandes. En efecto, «estas últimas pueden aprovechar mejor las economías de escala y la especialización en el uso de la fuerza de trabajo. Es normal que las empresas nazcan pequeñas, pero deben crecer para aumentar con su dimensión también su productividad».

Gestión familiar

La segunda razón es la propiedad. El 86% de las empresas italianas es de propiedad familiar, en su gran mayoría gestionadas por la propia familia (70% de los casos). En cambio en Alemania, donde casi el 90% de las empresas son también de propiedad familiar, solamente un 30% las gestiona la familia y en el resto hay mánagers profesionales. Giavazzi y Alesina señalan que «varias investigaciones demuestran que las empresas con gestión familiar son, en la media, menos productivas que las gestionadas por profesionales y permanecen más pequeñas».

La tercera razón está en que las empresas poco productivas no han salido del mercado, lo que dificulta que ese espacio sea ocupado por otras más productivas. «Este es uno de los resultados de las políticas que durante decenios (hasta la reforma laboral de Matteo Renzi, explican Giavazzi y Alesina) han defendido el puesto de trabajo. Un sistema de protección social fuertemente querido por los sindicatos y que ha obligado a mantener con vida empresas poco productivas, en lugar de facilitar su salida del mercado protegiendo temporalmente al desocupado, hasta que éste haya encontrado trabajo en una empresa más productiva». A esta explicación se añade un dato que forma parte de la cultura empresarial italiana: Muchos empresarios, en lugar de dedicarse a mejorar la productividad, eligen el camino de la búsqueda del favor, consustancial en la vida pública y privada italiana, y gastan tiempo y energías en los pasillos de los ministerios y en las asociaciones de categoría.

El menor beneficio de la revolución informática obtenido por las empresas italianas en relación con las de otros países sería la cuarta razón de la escasa productividad en Italia. Un análisis de los profesores de la Bocconi, Faviano Schivardi y Tom Schmitz, demuestra que las compañías italianas, sobre todo las pequeñas, que son muy numerosas, han llegado con retraso a esta revolución, perdiendo 20 años de innovación tecnológica.

Finalmente, el nivel medio de instrucción en Italia es notablemente más bajo que la media europea, con lo cual el capital humano es inferior. Giavazzi y Alesina aportan un dato muy relevante: «El pasado año, el 40% de nuestros estudiantes universitarios ha obtenido licenciatura en materias humanísticas o en Derecho. Solo el 29% en ingeniería, química, biología y en otras disciplinas científicas».

A todas estas razones se deben añadir los costes de la burocracia y de reglamentos asfixiantes para las empresas, lo que, según estos dos prestigiosos economistas en su análisis del Corriere, sitúa a Italia en la cola de la clasificación de los países europeos sobre las facilidades para «hacer negocios».

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