Donald Trump, uno de los protagonistas de la economía mundial en 2018. REUTERS

La economía global se sacude el pesimismo

El FMI ha revisado al alza el crecimiento de la economía mundial hasta el 3,6% en 2018, con lo que se recuperan los niveles previos a la crisis

MADRIDActualizado:

Frente al horizonte borrascoso y recargado de nubarrones de incertidumbre sobre el que se perfilaban los primeros pasos de 2017, la economía goblal afronta el comienzo del nuevo año con un panorama bastante más despejado. Incluso se puede decir que en el aire hay un cierto aroma de optimismo. Es cierto que no han desaparecido muchas de las amenazas que tanto inquietaban hace un año, pero otras muchas si se diluyeron durante los últimos meses. En primer lugar, el mundo ha asimilado ya a Donald Trump como presidente de EE.UU. y su marcha atrás en materia de liberalización comercial. El Brexit también se está empezando a negociar de una vez por todas de manera seria y con la intención por ambas partes de que tenga un impacto controlado a ambos lados del Canal de la Mancha. Además, ya hay consenso en que ha llegado la hora de recortar las políticas monetarias expansivas que han realizado los Bancos Centrales de todo el mundo. Y ha desaparecido de la lista de preocupaciones el alza de los populismos en Europa, una losa que aportó su grado de incertidumbre a la economía europea el año pasado con un calendario electoral de infarto, aunque en marzo hay elecciones generales en Italia.

Y no podría haber mejor fedatario de esta buena salud de la economía mundial que el FMI. Su directora gerente, Christine Lagarde, aseguraba la semana pasada que «en 2017, por primera vez en mucho tiempo, hemos revisado al alza nuestras previsiones de crecimiento económico mundial, ya que normalmente lo hacemos a la baja. La recuperación es más fuerte, mejor repartida y no es obra solamente de los países emergentes, por lo que es más necesario que nunca seguir con las reformas estructurales. Con un crecimiento del 3,6% la economía mundial volverá a la tasa media de crecimiento de los dos últimos decenios que precedieron a la crisis financiera de los años 2007 y 2008».

La mayor parte de los analistas coinciden en que la economía pasa por un momento dulce. Aurelio García del Barrio, director del MBA Finanzas del IEB cree que «el desempeño económico global en 2017 parece haber sido el mejor desde 2011. El número de países en recesión a lo largo y ancho del mundo tocará mínimos históricos a partir de este año y esta situación está potenciada por el avance de economías avanzadas, como EE.UU que se beneficiará de la reforma fiscal, así como de la Eurozona o Japón, países que desde sus respectivos bancos centrales continúan inyectando liquidez al sistema a través de sus estímulos y recompras de activos. A ello habría que sumar la recuperación que experimentan economías emergentes como Brasil o el ajuste menos abrupto de China». A estas buenas perspectivas han contribuido una rebaja de la preocupación general por la caída de los precios, a lo que ha ayudado el alza del precio del petróleo, el rendimiento negativo de los bonos y unas políticas fiscales excesivamente restrictivas.

En cuanto a la influencia que tendrá el endurecimiento de la política monetaria, el consenso de los expertos es que será menor ya que las distintas economías han conseguido ya remontar la crisis y podrán seguir solas, es decir, sin la vital ayuda que han tenido en los últimos diez años en forma de dinero ultrabarato y compra de deuda. En todo caso, la decisión del BCE de retirar los estímulos es de calado ya que además reducirá la compra de activos de 60.000 a 30.000 millones mensuales hasta septiembre de este año. Agotado este viento de cola de las políticas monetarias expansivas, los expertos creen que el vigor de la economía deberá apoyarse en otros fundamentales como la reactivación de la inversión empresarial.

De este modo, entre los principales países destaca EE.UU, con una previsión de crecimiento de un 2,5%, 40 puntos básicos por encima de la estimación anterior, gracias al mencionado recorte de impuestos. En la UE el alza prevista para este año de un 1,9% con una creación de empleo sólida y una inversión que está repuntando, sobre la base de un tirón al alza del consumo privado, aunque sigue habiendo bastante atonía en el mercado laboral y el aumento de los salarios es muy escuálido.

Japón, por su parte, crecerá a un ritmo superior a lo previsto durante los próximos años, aunque los expertos creen que no conseguirá impulsar la inflación, que no alcanzará el entorno del 2% hasta 2019, con lo que todo apunta a que el Banco de Japón mantendrá sin cambios su política monetaria y las medidas de estímulo en 2018.

En cuanto a los emergentes, la novedad es que acelerarán su crecimiento al 4,8%, consecuencia directa de que Brasil y Rusia están saliendo ya de recesiones largas y muchas economías se beneficiarán de un incremento de dos dígitos en precios de los productos industriales. Asia crecerá un 6,1%, aunque China continuará moderando su crecimiento (6,4%). La ventaja de invertir en los países emergentes es la fortaleza de su crecimiento y su menor deuda, excepto en China, en comparación con el resto de países.

Rentabilidades al alza

Michaël Lok, analista de UBP (Union Bancaire Privée), asegura que «la economía europea ha llegado a la mitad del ciclo de su recuperación tras la recesión de 2011 y 2012 y se espera que la rentabilidad de invertir en los mercados del Viejo Continente en los próximos meses esté entre el 10 y el 12%». Los expertos de Banca March apuntan que «en la Eurozona, la primera fase de la recuperación ha estado liderada por las exportaciones, acompañadas de una mejora del consumo privado. Pero la inversión aún no ha vuelto a los niveles previos a la crisis y, a lo largo de 2018, debería convertirse en uno de los principales catalizadores de la economía». En relación con EE.UU. el analista de UBP cree que «las ganancias serán prometedoras porque históricamente la renta variable americana obtendrá rentabilidades de dos dígitos, fruto de la fortaleza de la economía del país».

Este pronóstico se ha confirmado en el arranque del año ya que esta semana el índice Dow Jones Industriales, la principal referencia de Wall Street, alcanzó por primera vez en su historia la barrera de los 25.000 puntos y con el buen dato de creación de empleo en diciembre, 148.000 nuevos empleos, con lo que el paro se queda en el 4,1%. Todo un indicio de que, si se controlan los riesgos, este 2018 puede ser el de la continuación del «boom» del crecimiento de la economía.

Y mientras los pronósticos para la economía mundial son optimistas, algo parecido ocurre en España. Nuestra economía ha crecido en torno al 3% durante tres años consecutivos, el mayor nivel entre las grandes economías europeas, y casi lo más importante, lo ha hecho de una manera saludable, sostenible y equilibrada, manteniendo los riesgos controlados. Estos son los principales argumentos que utilizó Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, para afirmar con rotundidad que «los indicadores adelantados de nuestra economía, como el índice de producción industrial, hacen prever que el crecimiento seguirá en niveles similares a los de 2017 con lo que se seguirá creando empleo y habrá un fuerte crecimiento de la demanda de vivienda, lo que unido al limitado stock de casas vacías hará subir su precio pero sin entrar en el territorio de la burbuja ya que, por ejemplo, ninguna ciudad española está entre las 60 más caras en términos de accesibilidad».

La crisis política en Cataluña no es para De la Torre muy significativa desde el punto de vista económico ya que «una potencial congelación de las inversiones y del turismo en Cataluña tendría un impacto directo total cercano solo al 0,3%, con lo que el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) español seguiría manteniéndose fuerte».

De la Torre, que participó junto a Miguel Cardoso, economista jefe de BBVA, en un reciente debate en el seno de CFASpain, compartió en cierto modo el optimismo del primero pero con matices. En concreto, Cardoso afirmó que «España entra en un entorno de mayor incertidumbre y los retos a largo plazo aconsejan nuevas reformas que reduzcan las vulnerabilidades de la economía española, reformas que tienen que centrarse en medidas para mejorar la competitividad como fomentar el tamaño de las empresas, reducir el endeudamiento público y disminuir la tasa de paro, promoviendo un crecimiento elevado e inclusivo. Estas razones son por las que hemos bajado la previsión de crecimiento del 3,1% del año pasado al 2,5% de 2018».