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El Banco Internacional de Pagos advierte sobre próximas «turbulencias»

La entidad alerta de que ve actualmente peligrosos paralelismos con la situación de precrisis de hace diez años

BerlínActualizado:

El informe trimestral publicado hoy por al Banco Internacional de pagos contiene varias alertas y advierte sobre próximas «turbulencias». El principal motivo de preocupación de la institución, considerada el banco de los bancos centrales y con sede en Suiza, está relacionado con las debilidades que ha generado la «desacostumbrada larga etapa» de tipos de interés cero alrededor del globo. «El precio de la tranquilidad a corto plazo son posibles turbulencias que llegan después», han sido las palabras de su responsable de Economía y divisas, Claudio Borio.

El Banco Internacional de Pagos advierte que, en su análisis de la situación actual, ve peligrosos paralelismos con la de hace diez años, en 2007, inmediatamente antes de desatarse la crisis financiera. En resumen: muchos inversores con muchas posiciones muy arriesgadas, a pesar de los esfuerzos de los bancos centrales por evitar estas indeseables consecuencias del desarrollo del crédito. Constata, por ejemplo, que la situación de la deuda, no solamente a escala privada sino también en las cuentas de administraciones nacionales y regionales, tanto en monedas propias como extranjeras, han aumentado y son a menudo significativamente más altos que antes de la crisis. Las valoraciones de numerosos activos, dice además, son excesivamente altas.

A los expertos del BIP, la exuberancia de los mercados les causa asombro y preocupación. Consideran que «los mercados hacen caso omiso de las medidas tomadas por algunos de los principales bancos centrales para comenzar a reducir los estímulos». Borio se pregunta si es posible una racionalización o si hay eficacia en las sanciones en una situación monetaria tan «evidentemente suelta» y su propia respuesta es que no.

La Reserva Federal Estadounidense ha comenzado ya a desmontar su política laxa de tipos, así como la operación de venta de bonos previamente adquiridos. Pero estas medidas de ajuste, según el BIP, están dejando fríos a los mercados. Y el motivo, según Borio, es que en lugar de aumentar las tasas de interés, las primas de riesgo para los bonos corporativos han experimentado cierto alivio. Los responsables de esta institución, que gestiona las reservas de divisas de los bancos centrales, hablan de la «paradoja del castigo». Borio considera abiertamente un «fracaso» del giro de política de la FED, que se ha «evaporado» en los mercados financieros debido a que las condiciones de financiación en los mercados son el medio más importante de transmisión de medidas de política monetaria. Anota además que los bancos centrales se han esforzado en preparar a los mercados para el giro, asegurándoles que las tasas de interés aumentarán y la reducción de los balances avanzará de forma muy gradual. Los mercados han traducido que la política monetaria, gradualmente más estricta, no afectará demasiado a la economía y esta certeza está aumentando el apetito de riesgo de los inversores. El espacio de maniobra de los bancos centrales, en un escenario en el que cualquier modificación del guion supondrá un cambio mucho más abrupto que su potencial habitual, queda reducido a mínimos.

Debido a que los ajustes propiamente dichos todavía no han comenzado, las debilidades permanecen agazapadas y ocultas. No se dejarán ver en Europa hasta que el BCE haga su primer movimiento de subida de tipos y los analistas esperan que eso suceda a mediados o finales de 2019. El servicio de estudios de Deutsche Bank, por ejemplo, pronostica que Draghi seguirá comprando deuda hasta finales de 2018 y subirá los tipos de interés bien entrado 2019. Una de sus expertas, Stefan Schneider, hizo estas previsiones al presentar las perspectivas para el mercado de capital en 2018 y su juicio coincidía con el análisis del BIP: por ahora nada cambia en las estrategias de los mercados. El Consejo del BCE, sin embargo, no es unánime acerca de este calendario.

El BCE tomó en octubre la decisión de ampliar su programa de compras de activos y sostener en el tiempo la medida de estímulo, lo cual desató un intenso debate en el núcleo de la entidad y sus miembros no fueron capaces de acordar un proyecto para mantener el programa de manera indefinida. En las actas de la reunión quedó constancia de que muchos de los presentes «consideraron que se justificaba fijar una fecha para el fin del programa, como anticipación a nuevos progresos en torno a un ajuste sostenido en la senda de inflación, gracias a expectativas de crecimiento mejores a lo previsto, menores riesgos y condiciones financieras favorables para la economía real». «También se expresaron algunas preocupaciones respecto a que la naturaleza indefinida del programa de compras de activos pudiera generar expectativas de más extensiones (en las compras)», en la misma línea que previene el BIP. Quienes votaron en contra, advirtieron que aun si los mercados no anticiparan un final evidente de las compras de activos, la reacción tendría un margen límite y que, como sea, la economía de la eurozona podía aguantar condiciones financieras un tanto más apretadas.