ÓSCAR DEL POZO

Ahora sí, arranca la era «Álvarez-Pallete» en Telefónica

A falta de un fleco, el máximo ejecutivo se ha rodeado de un equipo de confianza pra acometer el relevo generacional y poner en marcha una estrategia centrada en reducir reuda sin sacrificar la inversión

MadridActualizado:

Evolución generacional, más que revolución organizativa. Aunque también. Es la clave de la estructura de la cúpula directiva en la nueva era de Telefónica. La del actual presidente, José María Álvarez-Pallete, en el cargo desde abril de 2016. Y este, ya sí, es «su» equipo. Con algunos flecos aún por cortar. Algo que resolverá de aquí a Semana Santa. Más pronto que tarde. Hay que poner en marcha la estrategia definitiva para reducir deuda y mantener inversiones, mientras se definen las líneas maestras de la Telefónica de un futuro que ya está aquí, centrada en generar valor a sus negocios, enfocada -sobre todo- en la transformación digital y alejada de disputas políticas. Bueno, manejando más bien el difícil equilibrio con las fuerzas del poder. Y la clave está en la gente de su confianza. En «sus» ejecutivos. Y tratar de unir la experiencia con el talento, más una edad adecuada para acometer el relevo generacional.

Ahora bien, la verdadera revolución directiva comenzaba en julio del año pasado. La novedad más destacada entonces fue el nombramiento de Ángel Vilá Boix, hasta entonces director de Estrategia y Finanzas de la compañía, como nuevo consejero delegado. Además entraba Enrique Lloves en el puesto de director de Estrategia y Desarrollo Corporativo. Las funciones de Vilá las asumía Laura Abasolo. Con la llegada de Vilá al consejo de administración se marchaba también Julio Linares, otro histórico y hombre fuerte de Alierta, que llegó a ser consejero delegado del grupo. El objetivo de los cambios en el organigrama, según se explicó entonces desde Telefónica, era «simplificar su estructura». Hubo varios cambios más, pero la operadora española seguía, digamos, «monitorizada» por el anterior jefe, César Alierta.

Urgía seguir. Entre los relevos de esta última semana, las dos salidas más llamativas son las de Luis Miguel Gilpérez y Eduardo Caride. La salida del primero llevaba tiempo rumoreándose por ser uno de los directivos de confianza del expresidente Alierta a pesar de que llevaba años reportando a Álvarez-Pallete cuando este presidía primero Telefónica Hispanoamérica y después la división europea. La salida del segundo... estaba también más o menos prevista. Quería irse, si bien, dicen, Pallete jamás le hubiera echado. Pero él se sabe de otra generación. De otro momento de la compañía. Otra era.

Muchos tampoco tenían claro que Gilpérez -que tenía su marcha pactada con Pallete hacía tiempo- fuera a salir con esta nueva revolución. Desde el consejo se deslizaba una recomendación al presidente: que los relevos fueran a menor ritmo. Pero el tiempo del cambio apremiaba, y el máximo responsable de la operadora prefirió dar el último golpe de timón para enderezar el rumbo. De ahí estos dos grandes cambios que cerraban la era anterior. Dos hombres emblemáticos que, dicen, salvaron a Telefónica.

En el grupo desde 1981, no fue hasta 2011 cuando Gilpérez accedió a la presidencia de Telefónica España. En esos poco más de seis años ideó y dirigió toda una revolución comercial. Con gran éxito. Solo dos meses después de acceder al puesto, y ante la fuga masiva de clientes, ejecutó el giro más radical en la política comercial de la compañía. Bajando a la tierra. Con mucha humildad. Nada de aires de grandeza que otorga el dominio casi monopolístico del mercado. Anunció tarifas más simples y baratas, eliminó el subsidio de los teléfonos móviles, concentró todos los servicios en Movistar Fusión, potenció el despliegue de fibra óptica y apostó decididamente por los contenidos audiovisuales. Todo eso no solo permitió a la operadora española recuperar terreno frente a la competencia, sino marcar el paso al resto de compañías e indirectamente desató un profundo proceso de concentración corporativa.

Y con Gilpérez abandona el último «viejo» telefónico en la transición hacia la nueva era: Eduardo Caride. Toda Hispanoamérica bajo su control. Menos Brasil. En su lugar, una nueva estructura con dos divisiones: al frente de Latinoamérica Norte estará Alfonso Gómez, mientras que el Sur estará a cargo de Bernardo Quinn.

Si la salida de Gilpérez y de Caride se enmarcan en su vinculación a la era Alierta, lo mismo se puede decir de la de Ramiro Sánchez de Lerín. Número tres como secretario general y del consejo, está siendo investigado en el caso Rato por el contrato del ex vicepresidente del Gobierno con la compañía. Lerín será sustituido por Pablo de Carvajal, que sumará a esas responsabilidades la dirección de asuntos públicos y regulación, ahora tarea de Carlos López Blanco.

Especial atención hay que prestar a María Jesús Almazor, nueva CEO de Telefónica de España, cargo de nueva creación, que certifica el inicio de la nueva era. Dicen por ahí que es la llave del cambio. Con el control «doméstico». Incluso sonó, y bastante, como nueva presidenta de la operadora en nuestro país. Era el «primer plan».

Y con el comité ejecutivo 100% Pallete, la última de las revoluciones está por venir. Renovar el consejo. Para también hacerlo más suyo. Algunos aún tienen que salir. No terminan de encajar en la nueva «vía digital». Hay que enderezar la evolución de la acción y ... ¿tocar la Fundación? Palabras mayores. De momento, la preside aún Alierta. Con el tiempo...