Sergio W. Smit - Poniendo la proa

Las empresas náuticas rompen la comunicación Sergio W. Smit

«No se ha avanzado en la comunicación interna de las empresas, ni hay mayormente una consideración sobre lo que significa la comunicación para una empresa del sector servicios

Estamos ante los últimos coletazos del mes de agosto y un verano más dejará paso, en breve, al vértigo del otoño, donde muchos negocios del mundo de la náutica española se enfrentarán a la frialdad de los balances para ver si llegarán con solvencia a la temporada 2018.

En esta misma columna de julio del pasado año ya escribía sobre la “Ingenuidad destructiva del maná” donde reflexionaba sobre la comunicación interna de las empresas del sector marítimo como una herramienta determinante para el éxito de una corporación.

Después de todos estos meses he seguido comprobando que ni se ha avanzado en la comunicación interna de las empresas, y lo más preocupante, ni hay mayormente una consideración sobre lo que significa la comunicación para una empresa del sector servicios.

«Conociendo a muchos de los grandes comunicadores de este país, estoy seguro que los proyectos náuticos de cualquier naturaleza, pueden recuperar la determinación respecto a la comunicación en el más amplio espectro»Sergio W. Smit
Los negocios, y por ende sus los empresarios y gerentes, no entienden lo que representa una buena comunicación, relegándola a un tercer plano, lo que les convierte en potenciales candidatos a ocupar un sitio en la catapulta hacia el abismo de la mediocridad.

No obstante, no todo el problema de la falta de comunicación en el sector marítimo se esconde bajo la visión empresarial. Un elevado porcentaje de las agencias de comunicación desconocen lo que una firma marítima necesita para que vean la comunicación como una herramienta de valor, echando piedras sobre su propio tejado… y del vecino.

En primer lugar por desconocimiento total del sector que pisan, al ser generalistas, en segundo lugar porque afrontan un proyecto de comunicación sin sentar las bases respecto a los claros objetivos del mismo y tercero, debido a la falta de empatía entre las partes, donde unos venden humo y los otros terminan hablando sólo de resultados cortoplacistas…

Una situación que ha provocando que las empresas hayan ido rompiendo lazos y confianza con el cuarto poder fáctico, dejando de creer en ella como un instrumento de provecho para la consecución sus objetivos.

¿Se puede revertir esta inercia?

Estoy convencido de que si. Conociendo a muchos de los grandes comunicadores de este país, estoy seguro que los proyectos náuticos de cualquier naturaleza, pueden recuperar la determinación respecto a la comunicación en el más amplio espectro.

El desafío será volver a vencer el intrusismo, la falta de ética y el poco apego a la profesionalidad de los que confunden una campaña en redes sociales con poner cuatro fotos y dos twits de manera regular, comunicación corporativa con escribir dos artículos en una web o impacto mediático con enviar cuatro notas de prensa a una lista de distribución sin ningún tipo de filtro ni medición.

Todo eso pone en entredicho a los que si se toman su profesión con mucha responsabilidad y dedicación, donde cada proyecto supone un nuevo reto y la rampa de lanzamiento para los futuros.

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