Alexander Zverev
Alexander Zverev - Belén Díaz
Mutua Madrid Open

Zverev, la alternativa más firme a las leyendas

El alemán, ganador en el Mutua Madrid Open, construyó su tenis con las lecciones de su madre y sigue el circuito con su padre

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Jugó al fútbol y al hockey hielo, pero la altura, tan beneficiosa para algunos, le hizo perder habilidades para esos deportes. Alexander Zverev (Hamburgo, 1997), «Sascha», se decidió por la raqueta. Y lo recalca: sus padres, Irina y Alexander, profesores rusos de tenis, nunca lo obligaron. Al contrario, su padre le decía que hubiera tenido una vida más común de no haber tenido que involucrarse en la carrera profesional de sus hijos. Primero con el mayor, Mischa, mientras la madre construía la técnica al pequeño. Después, con el pequeño, porque adelantó al mayor en ranking, calidad y finales. Con 21 y 31 años respectivamente, no hay discusiones entre ellos en una pista, pero compiten en todo lo demás: a las cartas, al baloncesto o con la videoconsola. Solo le vale ganar. Para relajarse, Lövik, su perrito, el que le pone los pies en la tierra.

En casa de los Zverev, a pesar de todo, no se habla de tenis. Es suficiente con los días al año que la familia se desplaza para acudir a los torneos, extendido el calendario porque el pequeño es profesional desde 2013 y cada semana exige a sus rivales una ronda más. Son ocho títulos en su palmarés, con tres Masters 1.000 (Roma, Canadá y el Mutua Madrid Open); tan cerca de la cima, con sus 198 centímetros de altura, que ya es tres del mundo. Con la mente orientada al triunfo y credenciales para superar a los que le preceden en la lista porque a Roger Federer le robó el título canadiense y a Rafa Nadal lo obligó a jugar cinco sets en el Abierto de Australia 2017.

Tiene diez años menos que el español; quince menos que el suizo. No quiere que se jubilen, quiere vencerlos cuando aún están en lo alto. Les ha forzado a cambiar su estilo ahora que se impone el talento puro y el físico desatado. Se puso nervioso la primera vez que jugó contra ellos. Ya no. Es la alternativa más firme en el cambio de guardia. Con un presente brillante, suyo es el futuro.