Masters 1.000 de Shanghái Nadal no encuentra salidas

El balear, después de perder también en Shanghái, medita echar el cierre al curso para preparar ya 2017

Nadal, en su partido contra Troicki
Nadal, en su partido contra Troicki - REUTERS

La noticia ya no es que Rafael Nadal pierda, demasiado frecuente en los dos últimos cursos de escasas alegrías. Esta vez fue en Shanghái, a las primeras de cambio y ante un rival, Viktor Troicki, al que siempre había superado (llevaba cinco de cinco), estancado en la carrera que le debe llevar a la Copa de Maestros como una de las ocho mejores raquetas de la temporada. En estas se ve el balear, que nunca tuvo que apurar tanto para estar en el torneo que echa el cierre al año, perdido en el laberinto y sin encontrar la puerta de salida para tomar aire y asemejarse al enorme campeón que fue. El paisaje dibuja nubarrones y el titular llegó en la sala de prensa, en un discurso realista y duro del tenista que deriva en una sospecha sin resolver. Nadal, en un ejercicio de autocritica, asumió pasar por un mal momento y dejó en el aire su participación en lo que resta de temporada, pensando desde ya en 2017 para dar brillo a su apellido. «La temporada está prácticamente acabada para mí», reflexionó.

Es una obviedad pase lo que pase, pues en su calendario únicamente están las citas de Basilea (ATP 500) y París-Bercy (Masters 1.000), a la espera de lograr uno de los tres billetes que le llevarían a las finales de Londres (actualmente está dentro, pues es séptimo en la lista y Cilic y Berdych, que van por detrás, también perdieron en China). Sin embargo, parece poco probable un renacer en Nadal y más si se tiene en cuenta que esta fase de la temporada es, por norma, la que más le ha costado históricamente, con las fuerzas limitadas y con los próximos eventos en pista rápida y bajo techo. «No sé qué pasará en las dos próximas semanas. No estoy seguro de mi calendario, a veces seguir compitiendo no es la solución», dijo resignado. Da a entender, pues, que llegados a este punto se replanteará las cosas y es probable que se dedique únicamente a entrenarse para llegar con energía al inicio de la próxima campaña. «Tal vez voy a jugar en Basilea, pero no es ni el día ni el momento de analizar este tipo de cosas. No estoy seguro de lo que tengo que hacer para estar al cien por cien el año que viene», aceptó.

Nadal tiene pendiente una charla con su equipo y con su tío Toni para confeccionar la hoja de ruta en estos dos meses y medio que le quedan a 2016, que empezó con relativa buena cara (títulos en Montecarlo y Barcelona) y se torció desde la lesión que le hizo retirarse en Roland Garros. Aconsejado por su médico de confianza, el doctor Ángel Ruiz Cotorro, abandonó su querido torneo parisino por una dolencia en la vaina cubital posterior de la muñeca izquierda, limitando notablemente su principal herramienta de trabajo, y se pasó más de dos meses fuera de competición. Otro frenazo en seco, otra lesión en la lista.

El mallorquín volvió para los Juegos porque le hacía una ilusión bárbara ser el abanderado español y porque le entusiasma la fiesta olímpica, y se vació peleando por la medalla tanto en dobles como en individuales (renunció al dobles mixto por saturación). Se colgó el oro formando pareja con Marc López, mientras que en singles se le escurrió la medalla al caer primero con Juan Martín Del Potro en semifinales y luego con Kei Nishikori en la lucha por el bronce. El esfuerzo, después de más de 23 horas en pista, lo acabó pagando y no aguantó demasiado ni en Cincinnati (derrota ante Coric en el segundo encuentro) ni en el Abierto de Estados Unidos (Pouille le dejó fuera en octavos). Ahora, en la gira asiática, el botín ha sido escaso: dos triunfos menores y dos tropiezos, ante Dimitrov (Tokio) y el de ayer con Troicki, que le venció por 6-3 y 7-6 (3) sin concederle ni una oportunidad de break en todo el pulso. Nunca antes había sucedido algo igual.

Parece evidente que el campeón de 14 grandes, que bajará más allá del top 5 este lunes, anda con dudas, reconocidas por él mismo ya que no le pega a la pelota como siempre. «Quizás es porque he tenido la lesión en la muñeca y todavía estoy asustado, quizás es porque sigo teniendo alguna limitación en ella», dice, convencido de que hasta que no recupere esa derecha tan poderosa no volverá a ser elNadal de toda la vida. Hoy vuelve a España, la semana que viene presenta su academia y estos días le dará vueltas al futuro. O apurar el curso o centrarse en 2017 para reencontrarse con Nadal.

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