Nadal, otro año de ensueño

Le falta rubricar su excelente curso en el US Open, pero es su tercera final de un grande en su brillante regreso tras el parón de 2016

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A Rafael Nadal las lesiones lo hacen más fuerte. Las dificultades, más completo. Los obstáculos, más ambicioso. Solo así se entiende que cada vez que sobrevuela sobre él las señas del ocaso renazca de ellas para triunfar y triunfar. Ya está en la final del US Open, un hazaña que no es nueva para el balear, pero que sí significan un mundo en este 2017.

Porque renunció a Roland Garros en 2016 en tercera ronda, la muñeca no le dejó continuar. Porque llegó como pudo a los Juegos de Río 2016 para atar el oro en dobles con Marc López. Porque decidió que no podía más unos meses después y el fin de curso tenístico lo vio desde casa, recuperándose.

No es bueno para un tenista dejar de competir. Los entrenamientos no ofrecen ese matiz tan necesario que otorga la competición. Falta ritmo, adrenalina, dificultades reales de un rival que se está jugando lo mismo que uno. Pero a Nadal no le afectó nada de eso. Llegó enero y, como si no hubiera pasado el tiempo, alcanzó la final del Abierto de Australia, apenas un par de semanas después de regresar al circuito. Solo Roger Federer, el otro que renace y renace y renace, le quitó la gloria de una vuelta al tenis perfecta. Mismo guion que se vivió en el Masters 1.000 de Miami.

Pero fue perfecto en su tierra. Campeón en Montecarlo, en Barcelona, en el Mutua Madrid Open y, por supuesto, en Roland Garros. Su Décima particular. La confirmación de que Nadal es inigualable. El hito le dejó agotado, interrumpido su fantástico viaje en los octavos de Wimbledon, el torneo que peor le sienta, el torneo que más le gusta. Pero el cuerpo es el cuerpo y Nadal hace ya tiempo que lo mima con cariño e inteligencia.

Ya en superficie dura, pasó de puntillas por Montreal y Cincinnati. Y entró tímido al US Open. Pero hizo valer su condición de nuevo número 1 conforme pasaba las rondas. Cuando otros acusan el cansancio, Nadal se alimenta de él. Arrolló a Rublev en los cuartos y secó a Del Potro en la semifinal. Solo le queda Kevin Anderson, que evitó una final soñada de dos españoles en Nueva York al vecenr a Pablo Carreño. Es Nadal quien sigue su sueño, quien lo disfruta hoy día de descanso y lo tomará con fuerzas para el domingo. Después de las tinieblas de un 2016 en que rozó el suelo, se levanta hasta el cielo con tres finales de Grand Slam y ya un título en el bolsillo. Va a por el segundo.