Wozniacki, durante la entrevista con ABC
Wozniacki, durante la entrevista con ABC - DE SAN BERNARDO

Mutua Madrid OpenWozniacki, la maratoniana del Liverpool

La danesa, número dos del mundo, relata para ABC la liberación que supuso ganar en Australia su primer grande

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Caroline Wozniacki, alegre y fresca en el trato, tiene 27 años, pero parece una veterana porque lleva muchísimo tiempo dando guerra. Fue número uno durante 67 semanas entre 2010 y 2012, cuando era aún una cría, y le persiguió siempre la cantinela que ahora se utiliza con Simona Halep. ¿Cómo es posible que la reina del tenis no tenga un Grand Slam?

Wozniacki, danesa con raíces polacas y residente en Montecarlo, se quedó muy cerca en varias ocasiones, pero se desquitó por fin en el último Abierto de Australia, consagrada en Melbourne para, de paso, volver a la cima de la WTA. Le ha superado Halep, pero la número dos del mundo es voz activa del circuito femenino y en el Mutua Madrid Open ya ha ganado dos partidos (ayer a Barty por 6-2, 4-6 y 6-4), hinchada de confianza por esa portada australiana que tantas veces había soñado.

«Fue increíble», cuenta en la zona VIP de la Caja Mágica a ABC, dispuesta a repasar una carrera que cuenta ya con 28 títulos. «Fueron dos semanas de las que estoy muy orgullosa por lo que hice allí y muy bonito escuchar a la gente hablar de lo que ocurrió allí», matiza. Ella misma habla de liberación, oxigenada por el colofón a una trayectoria ya de por sí meritoria, y reivindica con cierto orgullo su constancia pese a que llegó a caer hasta el puesto 74 de la clasificación. «Creo que nunca me fui. He pasado por muchos años en los que he jugado bastante bien. He aprendido a cuidar mi cuerpo, para darme más oportunidades de jugar bien. Siempre he creído en mí misma».

Maratoniana y del Liverpool

Wozniacki, reclamo de revistas y marcas, vive de su propia exigencia, tan constante y competitiva que en 2014 se preparó para correr el maratón de Nueva York y lo terminó en tres horas y 26 minutos. «Estoy corriendo un poco, pero no como antes. Quizá, cuando acabe mi carrera como jugadora, preparo alguno más, pero, por ahora, me he retirado de los maratones... Es muy cansado, muy difícil». Sirve el capítulo del maratón para conocer a esta tenista, una superviviente que aguanta lo que le echen. «Siempre tienes que intentar mejorar cosas. Cuando eres una de las mejores, todo el mundo pone atención en cómo juegas porque quieren ganarte. Así que tú tienes que ir un paso por delante de todas las demás».

La número dos del planeta es una de las más queridas en el vestuario, íntima amiga además de Serena Williams. En Madrid, la danesa echa de menos a la norteamericana, ausente porque está trabajando en su puesta a punto después de ser madre, una alegría tremenda que choca con las exigencias de cualquier deportista de semejante nivel. «Serena es única y, obviamente, una de las grandes. Es un momento feliz, tener un hijo y empezar una familia. Y sí, creo que debería haber alguna forma de poderlo sobrellevar, pero no sé cuál sería la mejor. Como digo, Serena es única. Si alguien puede tener un regreso a lo Federer, es ella. Es una gran deportista, una gran campeona, así que seguro que puede lograrlo».

Reconoce que necesita de vez en cuando desconectar para no estar todo el día pensando en la raqueta («Salir a comer por ahí, ver alguna película, leer libros... No mucho más, simplemente pasarlo bien y disfrutar de la vida»), y es una enorme aficionado del Liverpool, entusiasmada ante la final de Champions que mide a los ingleses contra el Real Madrid el 26 de mayo en Kiev. «Solo espero que el Liverpool pueda ganar. Tengo mucho respeto por el Real Madrid, también, y estoy segura de que veremos una gran final». Su jugador favorito, dada su temporada, está claro. «¡Mo Salah! Me gustaba mucho Gerrard, la leyenda del equipo hace unos años, y también soy una gran seguidora de Fernando Torres».

En octavos se medirá a Kiki Bertens, tan enamorada del tenis como el primer día. «Claro que sí. Creo que si no amas lo que haces, no se podría llegar a jugar a este nivel tan alto. Tienes que amarlo. Y eso que no es fácil».