Pablo Carreño
Pablo Carreño - AFP

US OpenCarreño: «Da un poco de respeto verse tan arriba»

El asturiano, sensación del US Open, analiza para ABC su salto cualitativo antes de jugar mañana la la primera semifinal de un grande de su carrera

Nueva YorkActualizado:

Cree Pablo Carreño (Gijón, 1991) que de no ser deportista se hubiera dedicado «a la física». Y lo cierto es que al tenista español el cálculo físico le va de maravilla estas dos últimas semanas en el US Open. La trayectoria en parábola para que la pelota salve la cinta, la gravedad que hace que caiga antes de la línea o el movimiento de rotación que la despega con altura del suelo tras un golpe liftado o la mata cerca de la red en una dejada los ejecuta con rigor científico: no ha perdido un set en lo que va de torneo.

Carreño es la sensación en Nueva York, el chico de moda. El público yanqui se hace un nudo en la lengua con su apellido -«¡Quearreinhiou!» se atreven a gritar algunos desde las gradas de la pista central- y muchos optan por llamarle por su segundo apellido, Busta.

Este Busta es el pescador que ha sabido aprovechar las aguas revueltas en las que se convirtieron la parte baja del cuadro del último Grand Slam del año. Las lesiones de varios «top 10» del mundo -Djokovic, Wawrinka, Nishikori- y la ausencia a última hora de Murray dejó el camino abierto para nombres poco habituales en la segunda semana de los grandes torneos. Uno de ellos es Carreño, con una única participación en cuartos de final de un Grand Slam -este año en Roland Garros, donde se retiró por lesión ante Rafael Nadal al inicio del segundo parcial-, y que mañana se verá en las semifinales con el sudafricano Kevin Anderson. Es verdad que, además de tener un cuadro más asequible, al asturiano le ha tocado jugar con cuatro tenistas que venían de la previa en las cuatro primeras rondas, la primera vez que eso ocurre en el US Open. Pero la clave no es tener suerte, sino aprovecharla. Así lo ha hecho Carreño, que ha jugado con la calma y la serenidad de un veterano de las finales de Grand Slam y que ha confirmado el paso adelante que ha dado su tenis: está a punto de colocarse en el «top 10» mundial, cuando su objetivo este año era estar entre los veinte primeros del planeta.

Fuera de la pista conserva una cara adolescente y unos ojos azules concentrados, que se clavan en cada pregunta, como un golpe paralelo ajustado. Ayer le quedaban dos días para preparar el duelo ante Anderson, el más importante de su carrera, y Carreño mostraba la misma calma que en la pista. Incluso parecía relajado durante su encuentro con ABC. Estalla de risa cuando se le pregunta si este sábado verá el partido entre el Oviedo y el Sporting de Gijón, el equipo de sus amores, o la final femenina del US Open. «¡Voy a ver el derbi!, ¿qué final femenina?», exclama. Normal, hace 14 años que en Asturias no disfrutan de este duelo de máxima rivalidad.

-¿Le da vértigo estar a la puerta de una final de Grand Slam?

-No, da respeto. No va a ser fácil. Tengo dos días para prepararme, pero sí que da un poco de respeto verte tan arriba, entre los cuatro mejores del torneo.

-¿Cómo reacciona a la presión? Se le ha visto con mucha fortaleza, en tercera ronda ganó tres sets en el tie break ante Shapovalov…

-Es algo en lo que estoy mejorando, y estoy aquí gracias a eso. Estoy manejando muy bien las situaciones de tensión, controlando bien los nervios, sacando mi mejor tenis y haciendo las cosas como tocan en los momentos más difíciles. Todo el mundo se pone nervioso en las bolas importantes, la diferencia es que unos lo saben llevar y otros no.

-¿Qué ha pasado para dar el paso adelante de este último año?

-Desde que empecé a trabajar hace dos años en la academia de Juan Carlos Ferrero, los objetivos eran claros: buscar continuidad, apretar mucho mis golpes, ser muy agresivo y poco a poco ganar consistencia.

-¿Vio el partido de cuartos entre su rival, Kevin Anderson, y Querrey?

-Vi el primer set, un rato al final del segundo…

-Espero que se fuera a dormir antes, se mataron a palazos hasta las dos de la mañana…

-Sí, sí, vi el tie break del segundo set y luego ya me dormí, veía que se iba a alargar mucho (risas).

-Anderson es un sacador duro, muy diferente de su juego, ¿cómo prepara el partido?

-Es difícil entrenar cómo jugar contra un cañonero de estos. A mi juego le viene mejor un partido como contra Schwartzman -su rival en cuartos-, con peloteos largos, mucho ritmo… En cualquier caso, estamos en semis de un Grand Slam y no se puede esperar nada fácil.

-Perdió contra Anderson en Montreal este año. ¿Le sirve como referencia?

-Era el primer torneo que jugaba después de mi lesión. No fue un partido fácil, hacía viento. Anderson es un jugador incómodo, tiene un gran saque, le pega muy fuerte todos los tiros y no te da margen. Tienes que estar muy atento, tratar de dominar, atacar tú a la pelota antes de que él te ataque a ti y estar muy fuerte de cabeza. Va a haber momentos muy difíciles: él normalmente los resuelve con su saque y yo tendré que hacerlo con mis armas.

-La afición sueña con una final española el domingo, con usted y Rafael Nadal.

-Me haría mucha ilusión, sobre todo porque querrá decir que estoy en la final. Para mí, para Rafa (son muy buenos amigos), para el tenis español, para la gente en España sería muy bonito e importante.

-¿Considera que es usted la prueba de que hay relevo en el tenis español después de Nadal?

-Es evidente que España lleva muchos años siendo el país a ganar en tenis. Está Rafa, pero también Ferrer, Verdasco, Almagro, Feliciano, y antes Ferreo, Moyá, Corretja y podría estar media hora diciendo nombres. No va a haber un vacío, pero no van a salir tantos buenos. Pero, mira, ahora está Bautista en el «top 15», yo cerca del «top 10», Ramos cerca del «top 20»… Podemos seguir disfrutando. Cuando Nadal deje de jugar se va a notar, pero vacío no habrá.