Vista general de la pista marbellí con las aficiones británica y española
Vista general de la pista marbellí con las aficiones británica y española - J. J. MADUEÑO

Copa DavisGuerra de aficiones en Marbella

Los británicos dominaron la grada en la primera jornada de eliminatoria y los españoles desplegaron el sábado charangas y grupos de animación para contrarrestarlos

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Escoció en España la algarabía británica. A los españoles les hirió el orgullo la potencia con el que sonaba el «yes» de la grada en los puntos británicos. No sentó bien. La afición anglosajona fue muy superior el viernes, sobre todo en el partido de Roberto Bautista contra Cameron Norrie. Eran mayoría. Se puede llegar a contar que el 60 por ciento de los aficionados en la pista Manolo Santana, central del club de tenis Puente Romano de Marbella, eran británicos el viernes. Diferencia que se profundizó cuando el aire desalojó en el cuarto set la parte alta de las gradas supletorias. Rellenas de aficionados españoles.

Marbella fue entonces territorio inglés. En el quinto del set. El definitivo después de que Norrie empatara un parcial de dos sets a cero de Bautista, el británico alzó los brazos pidiendo apoyo. Los británicos apretaron con los cánticos. Ganó el juego y el público llevó al joven debutante, que el año pasado no era profesional, en volandas. Norrie dio la campanada. Bautista tenía problemas físicos y mentalmente estaba fuera del partido. Pero el británico «jugaba en casa». «Llevo 30 eliminatorias de Copa Davis siguiendo a la selección. Nunca había visto esto. Jugaban en casa. No se notaba que estuvieran fuera de Inglaterra», asegura Ana Núñez, presidenta de la peña de animación «Vamos Tenis».

Se esperaba una gran afluencia, pero no tanta. «Lo que pasó en el segundo partido no se lo esperaba nadie», remarca José Luis Farfán, aficionado español. «Por la zona, se esperaba que hubiera muchos ingleses, pero no lo que ocurrió», apunta Arturo Vargas, que subraya que Gran Bretaña «juega en casa». «No. En casa no, pero hemos venido muchos a Marbella. Aquí hace buen tiempo, no como en Canadá a menos 12 grados. Allí estábamos congelados», explica Arnold Gagnon, que pertenece a una de las peñas de animación que siguen al equipo con camisetas de «Back the Brits». Tras ellos, un recuerdo a su más insigne jugador «Murraynators». Con 60 años se embarca para seguir a sus jugadores por el mundo.

Este grupo son los que animan a un gran número de fans, en algunos casos afincados en la Costa del Sol. Es el caso de Jonh Aimaga, que reconoce que sus hijos juegan el club de tenis de Cancelada en Estepona, localidad vecina de Marbella. Se han acercado a ver la eliminatoria. Se contagiaron del ambiente y consiguieron que sus jugadores, ambos debutantes, se fueran al partido de dobles con un imprevisto 1-1.

Pero llegó el sábado. Y se esperaba otra vez el aliento incansable de los británicos. Pero los brazos en alto de Norrie en España, siendo llevado por los suyos en volandas despertaron a los españoles, que antes de que las banderas saltaran al campo ocuparon la grada sur con una charanga y la oeste con un nutrido grupo de animación. Ambos para apoyar a los aficionados de «Vamos Tenis» en el graderío este. Cada conato de cántico británico era contestado. La charanga sacaba el repertorio tradicional. «Que viva España», «Paquito el chocolatero» o «A por ellos» sonaban para que no decayera la intensidad. Cada punto sonaba la música, cada fallo se animaba al jugador español. Feliciano y Carreño desplegaron su mejor tenis y ganaron. No dieron opción. No cedieron ni un saque. «Cuando el público aprieta es una gozada. Que siga así», reconoció al final de partido Pablo Carreño.

España se adelantó en la cancha y puso el 2-1 en el global de la eliminatoria. En la grada, sus aficionados empataron. El domingo se resolverán ambas competencias, que tuvo un momento de unión. Fue antes del partido. A la pista saltó Manolo Santana, leyenda española del tenis, ganador de Roland Garros en 1961 y 1964, Wimbledon en 1966, US Open en 1965 y oro olímpico en 1968. Ambas aficiones de pie, aplaudiendo a un ídolo de otro tiempo, a un hombre al que se reconoce su palmarés y su aportación al tenis. En un momento especial, por ser un homenaje, según reconoce siempre Santana, ante las dos aficiones que más cariño y respeto le tienen.