Torneo de Pekín

110 finales para Nadal

En Pekín busca su título numero 75 ante su antítesis, el insolente y deslenguado Kyrgios

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Como la paella en familia o el aperitivo con los amigos, Rafael Nadal forma parte de las matinales o las sobremesas de domingo en España. Siempre da motivos para estar pendientes de él, de sus carreras sin desmayo, sus derechazos paralelos y su ritual de gestos al sacar. Esta vez toca Pekín, un torneo que se resiste a habitar en el palmarés del balear. Hace doce años que lo ganó por última ocasión y este mediodía aspira a levantar de nuevo ese trofeo ante el tenista que es su antítesis, el insolente y deslenguado Nick Kyrgios.

Nadal convoca al personal a compartir su final número 110, tantos domingos en la pelea por el mordisco a la copa desde que debutó hace dieciséis años en el circuito profesional. El balance le favorece, claro, para eso ha recuperado el dulce sabor del número uno. Ha ganado 74 títulos y ha perdido 35 finales –también son bastantes– en este tiempo.

Guarismos abrumadores para quien disfruta de la segunda juventud. Después de derrotar con algún contratiempo al búlgaro Dimitrov en la semifinal del torneo chino (trece puntos consecutivos en el primer set, dificultades en el segundo y paseo en el tercero), Nadal ha llegado a las 60 victorias esta temporada, más que ningún otro jugador en 2017. Se propone conseguir en Pekín su sexto título del curso, después de Roland Garros, el Abierto de Estados Unidos y los torneos de Montecarlo, Madrid y Conde de Godó.

«Es un logro muy importante para mí seguir con sentimientos positivos después de haber ganado el Abierto de Estados Unidos», resumió el campeón español. La ambición continúa intacta para quien ha amasado 16 Grand Slam (10 Roland Garros, tres Abiertos de EE.UU., dos Wimbledon y un Abierto de Australia).

Enfrente de Rafa Nadal estará el jugador que más escándalos ha protagonizado en la historia reciente del tenis. Nick Kyrgios, australiano de 22 años, le recordó a Wawrinka en pleno partido que un amigo suyo (Kokkinakis) se había costado con su novia. Durante el US Open de 2015 se echó una cabezadita en un descanso de su duelo con Murray, que lo estaba arrasando. Ese año, en Shanghái, le dio un pelotazo a un juez de línea porque había cantado fuera un saque. Unos meses antes, en Wimbledon, se dejó ganar por Gasquet, sin luchar por los puntos.

Pero Kyrgios, además de su desfachatez, juega al tenis. Tiene un balance equilibrado con Nadal (dos victorias para cada uno) gracias a la velocidad de sus saques y a la potencia de sus derechazos.