CRÓNICA

La Nocturna del Guadalquivir vuelve a invadir Sevilla

La gran fiesta deportiva congregó a más de 22.000 participantes en la ya clásica carrera del últimos viernes de septiembre

Unos 22.000 corredores tomaron partido en la XXVIII edición de la Carrera Nocturna del Guadalquivir - JUAN FLORES
Jorge Cadaval, de los Morancos, junto a voluntarios de la Carrera Nocturna del Guadalquivir - JUAN FLORES
Una joven pareja participa ayudada con muletas y prótesis - JUAN FLORES
FRANCISCO RODRÍGUEZ Sevilla - Actualizado: Guardado en:

La Carrera Nocturna del Guadalquivir, en su XXVIII edición, reeditó la magia y la aceptación popular que han convertido la prueba lúdica en una gran fiesta deportiva en la ciudad el último viernes del mes de septiembre.

A las diez de la noche, en torno a 22.000 corredores, la mayoría de ellos ataviados con la camiseta naranja que provee la organización con el dorsal, se apiñaban en el paseo de las Delicias ansiosos por el momento en que se diera la salida a la competición. También menudeaban los disfraces entre los que se toman la prueba con un espíritu más desenfadado: supermanes dispuestos a rebajar su propia marca o bátmanes que cambian por unas horas Gotham City por Sevilla.

Antes de iniciarse la prueba, el locutor animaba a los corredores con gritos de ánimo en forma de ripios como «correr en Sevilla es una maravilla» o «hay una noche en Sevilla en la que el deporte brilla».

Poco después, fueron Los Morancos quienes se subieron al escenario montado en la línea de salida del paseo de las Delicias para entretener la espera con chistes y nuevas jaculatorias deportivas como «esto es Sevilla y aquí hay que correr» o «un bote, dos botes, sedentario el que no bote». Los hermanos César y Jorge Cadaval cantaron el himno compuesto expresamente para la prueba, estrenado días atrás en las redes sociales.

Hasta que se dio el pistoletazo de salida. La temperatura era más que agradable e invitaba al esfuerzo físico que hicieron los 22.000 corredores populares con dorsal, a los que en esta edición precedían las bicicletas de mano de atletas discapacitados. Los cortes de tráfico a lo largo de todo el circuito de ocho kilómetros por el que discurría la prueba se activaron a las 21.30 horas, media hora antes de que diera comienzo la carrera.

La gran novedad de la edición de este año correspondió al paso por el subterráneo de la calle Arjona: con el objetivo de evitar aglomeraciones y garantizar la seguridad de los corredores, la carrera discurrió tanto por el paso inferior como superior, lo que hizo que este punto de acceso y salida al casco histórico también se viera cortado al tránsito rodado durante el tiempo de cierre. Pero los atletas lo agradecieron: un bar cercano sacó los altavoces a la calle para amenizar la carrera y ese punto se convirtió en una fiesta con cante y baile de los participantes.

Corredores disfrutando de la carrera por las calles de Sevilla
Corredores disfrutando de la carrera por las calles de Sevilla- JUAN FLORES

Críticas al avituallamiento

El otro punto destacado del recorrido fue el Arco de la Macarena, por donde volvieron a sonar palmas por bulerías y a corearse vítores a la Virgen de la Esperanza. Por contra, el avituallamiento en la Ronda de Capuchinos se convirtió en el único lunar organizativo con muchas críticas de los corredores, ya que los voluntarios se vieron desbordados por la marea de participantes una vez hubo pasado la cabeza de la prueba y los atletas más en forma y no daban abasto para repartir las botellas de agua.

La noche, claro está, fue de los corredores, a los que los automovilistas cedieron el paso por toda la ronda histórica. Esto ocasionó un considerable atasco de tráfico, con centenares de vehículos atrapados en los cruces cerrados al tránsito mientras terminaba de pasar la marea naranja de deportistas, los primeros a un ritmo frenético y los más, a un trote más cansino. Al final, otra vez se cumplió el eslogan: correr la Nocturna de Sevilla es pura maravilla.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios