Fernando R. Lafuente - Grada de preferencia

«Una sucesión de errores»

Ya se dijo que el tango «es un sentimiento triste que se baila», y el Madrid, un equipo triste al que le bailan

Fernando R. Lafuente
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Zidane, en la rueda de prensa posterior al lamentable partido frente al Celta, declaró que el segundo gol gallego había llegado tras «una sucesión de errores». Pero no era sólo ese gol. La sucesión de errores arranca desde septiembre y no se ha enmendado, ha ido cuesta abajo en la rodada, como el tango. Porque el Madrid parece un melancólico tango cantado por el «polaco» Goyeneche en el Café Homero, allá por Palermo, Buenos Aires. Ya se dijo que el tango «es un sentimiento triste que se baila», y el Madrid, un equipo triste al que le bailan. Una sucesión de errores que se prolongan demasiado sin que aparezcan signos o propósito de enmienda.

El ala izquierda del Madrid no es precisamente el ala oeste de la Casa Blanca. Es un coladero bíblico. La ligereza de Marcelo pasará a los anales. Marcelo se va al campo (contrario) de pic-nic o de merienda y su lado ante el ataque del contrario tiene que ser defendido por Casemiro o Nacho, por ejemplo, hecho que obliga a que ambos pierdan su posición original. Un despropósito que Zidane no corrige. Y el ala izquierda es la vía de agua del equipo, ya que Theo hace bueno a Coentrao, lo cual hay que reconocerle un mérito que es demérito. El Madrid ni defiende, ni sabe defender.

2017 ha sido el año en el que el Madrid, a la manera de un gran artista, concibió una obra maestra: cinco copas, repetir la Champions, mostrar un poderío sin mácula. Lo mismo que un escritor, un cineasta, el equipo concibió su gran obra. Pero, como también les ocurre a los grandes creadores, llegó el día siguiente y pocos, muy pocos, después de una obra maestra repiten de inmediato. Además, desde un plano condenadamente futbolístico el disparate de los despedidos el pasado verano (Pepe, Morata, Mariano y James, éste menos disparate) confirma la urgencia de un director deportivo (que por cierto si lo hubiera debería haberse hecho responsable del espantoso y desequilibrado encaje de la plantilla). Por eso será que no lo hay, ni lo habrá.

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