Real Madrid-JuventusEl sueño frustrado de Higuaín

Se quedó con las ganas de ganar la Champions con el Madrid, al que hoy se mide en busca de una hazaña

MADRIDActualizado:

Es diciembre de 2006 y padre e hijo, Jorge y Gonzalo Higuaín, toman asiento en la zona business del vuelo que les lleva desde Buenos Aires a Madrid. En la capital argentina se queda Nancy, la madre de la joven promesa argentina, junto a Nicolás, Federico y Lautaro, sus otros tres hermanos. Después de tres meses de intenso seguimiento, Mijatovic, entonces director deportivo del Real Madrid, da el visto bueno a la operación. Ariedo Braida, el homónimo de Pedja en el Milán, merodea desde hace un par de semanas tierras suramericanas en busca de nuevos talentos, y el club blanco sabe que cualquier movimiento en falso frustraría el fichaje de Higuaín, pieza clave en la renovación de la plantilla que aborda la entidad de Chamartín. Por eso, el Madrid no demora más la negociación y acepta los doce millones de euros en los que tasa River Plate al futbolista, que con 19 años recién cumplidos firmará un contrato de seis temporadas y media a cambio de 1,8 millones de euros netos por curso y con la condición de formar parte de la primera plantilla, no del Castilla. Hoy, Higuaín será una de las amenazas de la Juventus en el Bernabéu, prácticamente resuelta en la ida después del 0-3.

Su camino no ha sido fácil. «En septiembre viajé a Argentina para ver un Boca-River. Me habían hablado maravillas de un joven espigado, de potente musculatura, buen olfato goleador y una elevada gama de movimientos y recursos técnicos», explicó Mijatovic días después de anunciarse el fichaje por el Madrid. Con Cassano apartado del equipo y Ronaldo Nazario pasando más tiempo en la enfermería que sobre el césped, además de estar más centrado en su vida nocturna que en su recuperación, el Madrid solo cuenta con dos delanteros fiables, y ambos ya con la treintena a cuestas: Raúl y Van Nistelrooy. Ahí emerge la figura del Pipita, cariñoso apodo heredado de su padre, también futbolista y conocido como Pipa por su nariz prominente.

Un mote doloroso

Higuaín llega al Real Madrid con acné y pocos kilómetros de vuelo, pero Mijatovic está convencido de su valía y tiene la aprobación de Capello, el técnico durante aquella temporada 2006-2007. Su participación desde enero a junio no es mucha, pero aparece cuando más se le necesita. Haciendo el gol del empate en su primer derbi y anotando un tanto decisivo frente al Español en el minuto 90, que suponía el 4-3 tras ir perdiendo 1-3. Aquellos tres puntos fueron claves para lograr el campeonato en la última jornada, tras empatar con el Barcelona a puntos pero superarles por el goal-average particular. Higuaín había aterrizado de pie, pero su etapa en el Real Madrid no sería así.

A pesar de marcar goles importantes, Gonzalo comete errores groseros, algo que le cuesta el apodo de «Higualín», un mote en tono de mofa para comparar su calidad con la de Ronaldo. Pero sus profundas creencias católicas y el culto al trabajo, al esfuerzo y a la superación que le inculcó su padre hicieron que el ariete argentino no bajara los brazos: «Yo fui defensa central y no tenía el talento y la calidad de mi hijo. De hecho muchas veces me decía de hacerme una prueba de ADN porque no era normal», recuerda entre bromas el progenitor de Higuaín, que también revela un episodio que marcó el carácter de Pipita. Con solo 10 meses de vida sufrió meningitis y le dieron un cincuenta por ciento de opciones de sobrevivir y solo un veinte de salir del hospital sin graves secuelas. Pero lo hace, tras 25 días ingresado. Ese chico tenía algo especial.

La llegada de Pellegrini en el verano de 2009 le conceden nuevas expectativas a Higuaín, tras dos primeras temporadas de altibajos, pero su crecimiento choca en grueso el 10 de marzo de 2010, en el partido de vuelta de octavos de Champions contra el Olympique de Lyon. El Madrid debe remontar un 1-0 en contra y marca rápido, igualando la eliminatoria. El 2-0 lo tiene Higuaín, en un mano a mano en el que sortea a Lloris, pero su remate a puerta vacía lo acaba estrellando en el palo. Más madera para Higuaín, que no se viene abajo y deja clara sus intenciones al vestuario: «Estaré en el Real Madrid hasta que gane una Champions».

Con Mourinho se acerca a su objetivo, siendo clave en la Liga de los cien puntos de 2011 y engorda sus números. 121 goles en 264 encuentros de blanco, convirtiéndose en el decimoquinto anotador de la historia del club. Pero la espina de la Champions sigue ahí, donde solo suma ocho tantos y la afición la toma con él. Tras seis temporadas y media de blanco, la directiva y la hinchada creen que es un buen delantero, pero no lo suficiente para ser el nueve titular. Él se cansa de un baremo de exigencia distinto al de otras estrellas del equipo, y tras amagar con irse en 2012 consuma su salida en 2013, previo pago del Nápoles de 40 millones de euros. Esta noche regresa por primera vez al Santiago Bernabéu, un estadio de luces y sombras en la carrera de Higuaín del que se marchó con el sueño frustrado de la Champions.