Márquez, campeón del mundo El triunfo de la madurez

Marc Márquez logra su tercera corona de MotoGP después de un año con problemas técnicos que ha sabido gestionar con calma

Márquez, campeón del mundo: 
El triunfo de la madurez

«Es un título muy buscado». Lo confirmaba Marc Márquez, el triple campeón de MotoGP, nada más bajarse de la moto. Por la dificultad que ya conlleva cualquier Mundial a la que se añadió una pretemporada sin encontrar sensaciones y un inicio de curso muy irregular porque en Honda no se hallaba la clave para que la moto fuera estable. «Hemos sufrido mucho para entender la electrónica y los neumáticos nuevos, y a mitad de temporada comenzaron a salir las cosas mejor. Eso significa que las primeras carreras fue Marc quien hizo casi todo el trabajo», confirmaba Shuhei Nakamoto, jefe máximo de HRC.

Este Márquez, que poco se parece al que aterrizó en MotoGP para revolucionar la parrilla y también la historia. La adrenalina del primer año y la agresividad del segundo le hicieron retroceder en el tercero. Continuó fiel a su estilo de arriesgarlo todo para ganar, pero los seis ceros en su casillero le hicieron despedirse del título demasiado pronto. No ganó, pero sí encontró las lecciones necesarias para allanar el camino de su tercera corona ya en 2016. «Ha sufrido mucho, ha sabido conformarse, ha sabido escuchar y aprender, ha tomado nota. Por eso lo ha celebrado tanto», aseguraba Álex Márquez, que también ha podido comprobar ese cambio de mentalidad.

Lo hace con seguridad, sin prisa y con mucha cabeza. «El Márquez de 2015 tiene que volver, es como me divierto», aseguraba a mitad de curso. Volverá, seguro, pero en estas tres últimas carreras del año, sin presión alguna porque ya tiene amarrado su tercer Mundial de MotoGP. Y así lo confirmaba con la sonrisa enorme de quien es campeón: «Quedan tres carreras y voy a divertirme».

Lo ha hecho este curso, pero con mesura. Mirando más allá de la bandera a cuadros y consciente de que un título mundial bien vale un segundo puesto o un tercero o un cuarto. En este año de la constancia y la paciencia ha vencido en cinco circuitos, ha sido segundo en tres, tercero en otros tres, cuarto en dos y quinto en uno. Incluso en Le Mans, cuando una caída le impidió disfrutar de la cabeza de carrera, volvió a la pista para arañar esos pocos puntos que serían importantes al final.

«Ha corrido con el corazón, pero también con mucha cabeza. No me lo esperaba. Creo que es lo que más nos ha sorprendido a todos. Le ha tenido que costar muchísimo. Se ha superado», corroboraba su padre Juliá.

La moto no era la mejor, no era la de los otros años en los que ganó divirtiéndose. Pero él sí era mejor: en pilotaje y en mentalidad. La conjunción ha dado el mejor de los resultados. «No esperábamos ganar aquí, pero con Marc todo es posible», confirmaba Nakamoto, feliz en el año de su jubilación en la marca japonesa.

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