Marc Márquez - EFE

MotoGP | GP ValenciaMarc Márquez, campeón infinito

El español logra su cuarto título mundial después de salvar dos caídas y aprovechar que Dovizioso se cayera a falta de seis vueltas. En el podio: Pedrosa, Zarco y Márquez

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Mantiene la sonrisa y la ilusión de aquel Marc Márquez que le pidió una moto a los Reyes Magos. Conserva la agresividad de buscar sus límites más allá de ellos. Demuestra que no se le ha agotado la paciencia acumulada por las cicatrices. Suma inteligencia en cada carrera. Y añade la capacidad de superación que quizá le faltaba porque todo parecía ir casi siempre bien. Con todos esos ingredientes, Marc Márquez se ha convertido en el primer piloto español en conquistar cuatro títulos de MotoGP. Un póker que completa con 24 años y que deja un poso de optimismo máximo para el futuro.

Lo tenía casi todo a favor, pero nunca se hubiera imaginado un guion como este. Tenía Márquez el límite de caídas en 27, porque no quería celebrar el título por los suelos. Así que tiró de cabeza y de reflejos para evitar la número 28 a falta de siete vueltas, cuando intentaba ser campeón a lo campeón. No hubiera pasado nada, porque Dovizioso necesitaba igual la victoria. Y fue el italiano quien se salió de la trazada y no pudo volver a entrar. Fuera de la carrera, Márquez ya tenía el título. Tercero por detrás de Dani Pedrosa y Johann Zarco.

Lo tenía casi todo a favor, pero quiso rematarlo, e incluso con victoria. Evitó el peligro del inicio, y se dedicó a gestionar el riesgo el resto de la carrera. Controló por la pizarra a Andrea Dovizioso, y tuvo el final feliz que quería. Márquez, si sigue siendo este Márquez, no tiene fin. Porque no lo tiene ni su ambición, ni su talento ni sus ganas de seguir siendo el mejor. Y tiene 24 años.

Le tocó al Gran Premio de Valencia ser el escenario para convertir a Márquez en único. Única es su manera pilotar y su trayectoria supersónica en MotoGP. Así salió desde la pole, custodiado por un rapidísimo Dani Pedrosa que lo mantuvo primero y le sirvió de barrera para con los demás. Al menos, durante las cuatro vueltas en las que Johann Zarco tardó en azuzar a las Honda. Márquez se mantuvo primero hasta que escuchó el motor de la Yamaha del francés. El español levantó la cabeza y lo dejó pasar. La corona por encima de la gloria efímera de ganar en Valencia. La madurez, la superación, el Márquez más completo hasta el momento.

«Suggested mapping 8»

Por detrás, Jorge Lorenzo sirvió de escudero a Andrea Dovizioso, pero tardó en encontrar el ritmo como para acercarse al podio. Apareció de nuevo otro «suggested mapping 8» para que el español dejara pasar a su compañero. Y se lo repitieron una y otra vez, porque parecía que no lo estaba viendo o no estaba haciendo caso. La única opción de Ducati era que Dovizioso pasara a Lorenzo y tratara de avanzar por sí mismo. Pero ninguna de las dos Ducati lograba acercarse a los pilotos que defendían el podio.

Menos aún a Márquez, comodísimo en la segunda plaza por detrás de Zarco, y ganando energía curva a curva para intentar acercarse a la victoria. A falta de once vueltas el español lo intentó, pero no pudo consolidarlo. Tampoco quiso volver a probarlo en las siguientes curvas porque entrar en esa pelea no era lo más inteligente, sobre todo con el piloto francés, irreverente como el propio Márquez fue en su primer año.

La salvada del título

Pero en ese intento por buscar la cabeza, Pedrosa, Lorenzo y Dovizioso se acercaron, imprimiendo algo de tensión a una carrera que ganó en intensidad a falta de siete vueltas. Márquez superó a Zarco. Quería ganar a lo campeón. Pero en la primera curva tuvo que sacar toda su entereza para salvar una caída que en las gradas se daba por segura. Perdió posiciones, pero enseguida se enganchó a Dovizioso en la quinta posición.

Y entonces, en la siguiente vuelta, la resolución del Mundial antes de tiempo: a la caída de Lorenzo le siguió la salida de pista de Dovizioso, que ya no pudo regresar. A falta de seis vueltas, Márquez ya era campeón. Por todo lo que ha hecho durante el año, sus seis victorias, y también su destreza para evitar las caídas importantes. Como la de hoy, la que le da su cuarta corona en MotoGP, la sexta en su trayectoria. Y con 24 años.

El año de la superación

Ha sabido añadir un peldaño de calidad en cada carrera en este curso 2017 en el que le costó encontrar la rapidez y la tranquilidad para luchar por las victorias. Se fue despejando las dudas contra el suelo. En cada caída, una lección para aprovechar los límites de la moto y llevarlos más lejos. Con ellos, sus triunfos. En lo más alto del podio en Austin después de un cuarto puesto y un cero, y un segundo en Jerez.

Pero no, todavía no había encontrado la llave que lo catapultara a su cuarto título. Tuvo que seguir trabajando, esperando, guardando fuerzas, tropiezos y aprendizajes. «Hicimos un click en el parón del verano y a partir de un punto conseguí mejorar. No lo hice solo, fue con mi entorno, mi familia, mi gente», admitía a ABC. Un cambio de mentalidad y de entendimiento con la moto que lo llevó a ganar en Alemania y República Checa y recuperar la ilusión y la pelea por l título. A partir de ahí fue consciente de que podría lograrlo.

Solo un error en Silverstone ensombreció su casi perfecta segunda parte. Pero incluso supo olvidar enseguida la rotura del motor con los triunfos de San Marino y Aragón, el segundo puesto en Japón y otra vez de vuelta al podio en Australia, el mazazo definitivo con el que acarició su cuarta corona.

[Así queda el Mundial de MotoGP]

Con el descaro que otorga la juventud, se plantó en 2013 entre los mayores y retó su veteranía con un talento natural que mezcló de maravilla, y con ciertos tirones de orejas, con su agresividad innata. La suerte del novato, decían. Ya no lo fue en 2014, y aunque todos los rivales ya lo conocían, volvió a demostrar que lo suyo eran las motos. Sin más. Y sin discusión. Ganó las primeras diez carreras.

En 2015 aprendió con golpes dentro y fuera de la pista que no siempre tocaba poner la sonrisa. Y en 2016 lo confirmó con la regularidad. Solo cuatro victorias, pero cuatro segundos puestos y tres terceros.

Y en este curso, remata su crecimiento a lo campeón. Sin dejarse su propio estilo, pero añadiendo al talento todo lo que ha aprendido en estos cinco años. Un Márquez simplemente perfecto para un cuarto título que lo hace único.