Andrea Dovizioso y Marc Márquez
Andrea Dovizioso y Marc Márquez - Mikel Ponce

MotoGP | GP ValenciaDovizioso, el perfecto antagonista

Con 31 años y ocho victorias en una década en MotoGP, es el único que ha aguantado el duelo con Marc Márquez hasta el final

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En todos los cuentos, el protagonista de la historia necesita de un antagonista que esté a su altura. Que le ponga trampas, zancadillas, algo de miedo, mucho respeto y que lo obligue a sacar su mejor versión. Así, la recompensa al final del camino se disfruta el doble, o el cuádruple. En el cuento del Mundial de MotoGP 2017 que termina mañana es Marc Márquez el piloto que parte con 21 puntos de ventaja para lograr el título. Al otro lado del espejo y de la pelea por la corona, Andrea Dovizioso, una antítesis formidable que persigue su propio sueño: conquistar el mundo, como en los cuentos.

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Dos pilotos que han caminado prácticamente en paralelo y que desembocan en Valencia, con seis victorias cada uno: Italia, Cataluña, Austria, Gran Bretaña, Japón y Malasia para el italiano; Las Américas, Alemania, República Checa, San Marino, Aragón y Australia para el español, y habiendo sido líderes en diferentes momentos a lo largo del año. Pero ahí se acaban las semejanzas.

Para empezar, el domingo a uno solo le vale la victoria; y aún si se da esa premisa, el otro será campeón con terminar undécimo. En todo lo demás, son los perfectos contrarios para un duelo apasionante sobre la pista: la visceralidad de uno y su impulso por arriesgar chocan con la prudencia del otro, aunque ha aprendido a la fuerza a dejarse llevar por las sensaciones y no tanto por la cabeza. Si el español arrasa desde su estreno en MotoGP, con 35 victorias desde 2013; Dovizioso ha sumado ocho en diez campañas: las seis de 2017, una en 2016 y otra en 2009.

Lejos del ruido

Las diferencias también son evidentes fuera de la pista. El italiano tiene 31 años, una edad algo tardía para despuntar en un deporte que premia la precocidad. Son siete más que Márquez, pero que diluye encima de la moto gracias a una gran labor con psicólogos que le han despejado de temores y prejuicios, envalentonándose a pesar de ser el secundario en Ducati. La fábrica brindó la gran bienvenida a Jorge Lorenzo, y él, ajeno al ruido, ha exprimido su potencial con el de la moto y ha mezclado de maravilla con su experiencia. Por fin se cree que puede ser lo que quiera, incluso campeón.

No es ningún novato, y la constancia ya la llevaba de serie, pues pocos pueden presumir de estar cada domingo en su puesto de la parrilla de los últimos 274 grandes premios. Sin saltarse ni uno desde su debut completo en 2002.

Si Márquez deslumbra con su carácter resuelto, sonrisa fácil y maneras extrovertidas; Dovizioso muestra medias sonrisas, se expresa con prudencia ante las cámaras y se oculta de los focos. Acostumbrado desde el inicio de su carrera, siempre a la sombra de Valentino Rossi, con quien no mantiene una relación muy cordial. Uno se alimenta de la atención; el otro la rehuye. Los resultados, sin embargo y a su pesar, lo han puesto en el centro de todas las miradas. No solo por los números, también por la forma: es el mejor rival del más difícil de los adversarios en los cuerpo a cuerpo. Sin que tenga el dato mayor validez que la anécdota, en los duelos particulares entre Dovizioso y Márquez, salió vencedor el italiano. Tanto en Austria como en Japón; tanto en seco, como en mojado. El talento siempre estuvo ahí.

Gran parte de la estabilidad que despliega en carrera le llega de la familia. Padre a los 23, su hija Sara es el centro de su vida, y a la que quiere regalar su primer título; convertirse en el héroe del cuento para ella.

Márquez o Dovizioso. Dovizioso o Márquez. Mañana solo uno será feliz y comerá perdiz, pero son los dos los que han regalado un Mundial de fantasía.