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Paralímpicos Río 2016 El refugiado paralímpico que sobrevivió a un misil en Siria

Ibrahim Al Hussein debuta hoy en los Juegos de Río tras conseguir salir de su país y pedir asilo en Grecia

Ibrahim Al Hussein, cuando portó la antorcha olímpica al paso por su campo de refugiados
Ibrahim Al Hussein, cuando portó la antorcha olímpica al paso por su campo de refugiados - EFE

Ibrahim Al Hussein es uno de los dos miembros del equipo de refugiados en los Juegos de Río. Compite bajo la bandera del Comité Paralímpico Internacional y se encargó de llevar bien alto su estandarte durante la ceremonia de inauguración en Maracaná. Se estrena este lunes en el Centro Acuático y todas las miradas estarán puestas en él por la historia que lleva a cuestas.

El nadador, que competirá en las pruebas de 50 y 100 libre, perdió la mitad de la pierna derecha durante un bombardeo en Siria. Actualmente reside en Grecia, donde llegó en 2014 en una balsa a las costas de Samos. Allí retomó una pasión por la natación que ya le había inculcado su padre, hasta que tuvo que abandonarla por la guerra que asola aún su país en 2011.

Su vida cambió por completo un día de 2013. En mitad del conflicto, acudió en ayuda de un amigo durante un bombardeo y un misil cayó cerca de donde se encontraban. Salió gravemente herido y, a causa de la poca ayuda médica que hay en el país, tuvieron que amputarle la pierna. Tardó casi un año en aprender a andar de nuevo e intentó buscar en Turquía una ayuda que no encontró, lo que le obligó a montarse en aquella balsa y lanzarse a Grecia.

Al Hussein, como abanderado
Al Hussein, como abanderado- REUTERS

Pidió asilo en el país heleno y hoy tiene el estatus de refugiado. Pese a su minusvalía, juega en un equipo de baloncesto en silla de ruedas de Marussi, un barrio situado al norte de Atenas, y entrena natación tres veces por semana. De hecho, ahora supera con creces los tiempos que tenía antes del bombardeo que le costó la pierna. Su registro actual es de 28 segundos en los 50 libre, por los 31 de antes, una marca que le ha permitido clasificarse para Río.

El sirio guarda especial relación con estos Juegos. La antorcha olímpica pasó por su campo de refugiados y él fue uno de los encargados de portarla durante algunos metros en Eleonas, en Atenas, donde viven 1.620 personas, la mayoría procedentes de Afganistán. Las cámaras se centraron en él y les dedicó un mensaje claro: «que no se queden en los campos de refugiados sin hacer nada, sino que persigan sus sueños».

Palabras que dirigió a los medios locales tras pasar el relevo, acompañadas de una dedicatoria para «todo sirio y todo árabe que haya pasado por tantas situaciones difíciles». Él pasó por una de ellas y todavía tiene complicaciones, pero hoy se olvidará de ellas durante unos momentos cuando salte a la piscina de Río.

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